| 3/1/2018 12:01:00 AM

Sundar Pichai, el indio que conquistó a Google

Esta es la fascinante historia de cómo alguien originario de la India y de extracción humilde logró convertirse en la cabeza de este gigante tecnológico.

Sundar Pichai, CEO de Google, es actualmente uno de los ejecutivos mejor pagados de Estados Unidos. En 2016 recibió una compensación equivalente a US$199 millones, esto es, algo menos de $600.000 millones colombianos, casi el doble de lo que había recibido en 2015, cuando la compensación estuvo apenas encima de los US$100 millones. En estos dos años y medio que lleva en ese puesto, Google le ha desembolsado a Pichai alrededor de US$300 millones, que se sumaron a un patrimonio que se acerca a los US$1.200 millones. Y eso que aún falta conocer si habrá compensación por los resultados de 2017, cuando los ingresos de la compañía aumentaron hasta US$110.900 millones, 26% más que en 2016.

La razón para la exorbitante remuneración de Pichai es simple: aunque su salario es US$625.000 al año, su contrato implica una compensación expresada en acciones de Google y relacionada con los resultados de la compañía. Para la compensación de 2016, Pichai recibió 273.328 acciones. Así que el bienestar económico de este alto ejecutivo está estrechamente relacionado con la situación de Alphabet, la nueva holding que agrupa todos los activos asociados a Google (ver recuadro). Cuando la acción de Alphabet sube (ver gráfico), el patrimonio de Pichai hace lo mismo.

Las sumas astronómicas en los salarios de las compañías estadounidenses son tradicionales. Por ejemplo, en 2017, el CEO de Snap Inc. Evan Spiegel recibió US$637 millones como compensación por su papel en la oferta inicial de acciones de su compañía, que se realizó en febrero del año pasado.

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Sin embargo, el caso de Pichai tiene varias particularidades: se trata de un ingeniero metalúrgico de origen indio, proveniente de una familia de clase media que tuvo que abrirse campo no solo en su país sino en el competido mundo del Silicon Valley. Actualmente es un joven y poderoso ejecutivo de 45 años, que lleva en su nuevo cargo menos de tres años y en una industria cuyas potencialidades apenas la humanidad está empezando a ver. Claramente, esta relación de éxito entre el ejecutivo y Google apenas está comenzando.

Un hombre en ascenso

Chenai (o Madrás) es una ciudad mediana de la India que cuenta con algo más de 4 millones de habitantes y está ubicada en el extremo sur oriental de esa nación. Allí nació Pichai, hijo de un ingeniero y una estenógrafa que regían una familia tradicional india de clase media.

Foto: El desafío de las compañías tecnológicas es convertirse en indispensables para los usuarios en el mundo real, ayudando en temas como seguridad en los hogares, tráfico vehpicular y hasta salud.

De acuerdo a la revista Forbes, en un perfil sobre este ejecutivo, su familia vivía en un apartamento de dos habitaciones y Sundar no contaba con un cuarto propio. En su casa no había ni televisión ni auto. Según le relató el propio Pichai a Bloomberg, solo pudo tener una línea fija de teléfono, bien entrada la década de los 80. Pero fue gracias a esta posibilidad que empezó a desarrollar sus capacidades, pues Pichai mostró desde esa época que lo suyo eran los números: se convirtió en el directorio telefónico de su casa, gracias a su gran capacidad para memorizar los números de teléfono a los que marcaba toda su familia.

Su talento para los temas de tecnología proviene de su padre, que trabajó en una compañía de ingeniería electrónica y con quien departía sobre esos temas en casa.

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Al graduarse de su pregrado, logró, gracias a su buen nivel académico, una beca para estudiar en la Universidad de Stanford y posteriormente un MBA en Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Su familia no comprendió inicialmente que dejara a un lado la posibilidad de una carrera académica de éxito, por el mundo de los negocios. Pasó por McKinsey y finalmente, en 2004, llegó a Google, firma que lo lanzaría a la fama.

Entrada triunfal

En sus primeros años como trabajador del famoso motor de búsquedas por internet, Pichai fue solo un ingeniero más del equipo encargado de desarrollar la barra de búsqueda de Google. Esta herramienta se incorporaba como un elemento más dentro de los navegadores de moda entonces: Explorer y Firefox. Pichai empezó a destacarse cuando propuso que la compañía tratara de desarrollar su propio buscador. Idearon Chrome, la herramienta que puso a Google como líder de los motores de búsqueda y le abrió enormes posibilidades en el mundo de la publicidad online, el nicho inicial de negocio de esta clase de tecnología. Chrome representa ya más de la tercera parte del mercado de los navegadores en el mundo.

El ascenso no se detuvo allí. En 2011 ya estaba a cargo de gmail, el exitoso sistema gratuito de correo electrónico, y de Google Docs, una de las herramientas más importantes de la marca en el desarrollo de las tecnologías asociadas al trabajo y almacenamiento de información en la nube.

Pichai también se destacó por su apertura y trabajo en equipo. Por ejemplo, ya encargado de la división de Android en 2013, estableció una estrategia de trabajo entre todas las unidades, con el objetivo de potencializar el sistema operativo que domina el mundo de los celulares.

La decisión de las directivas de Google de ponerlo al frente de Android convirtió a Pichai, según Bloomberg, en “uno de los más poderosos ejecutivos globales de la tecnología”. La razón es sencilla: este sistema operativo funciona en cerca de 80% de los celulares del mundo, un mercado que despacha cada año 1.472 millones de aparatos, según la firma International Data Corporation (IDC). En ese amplio mercado le sigue los pasos el sistema operativo de Apple, iOS, con alrededor del 17% de participación. Así que ocupar ese cargo significa tener contentos no solo a los usuarios, sino a las marcas de celulares: Samsung, LG, Nokia, HTC y hasta Amazon están en el portafolio de “asuntos pendientes” del encargado de Android en el mundo. En ese momento empezó a mostrar su faceta como líder, especialmente la de la diplomacia que lo caracteriza.

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Un ejemplo de este rasgo fue la manera como pudo resolver una tensión con el creador del sistema Android, Andy Rubin. Este se negaba a abrir su división para el trabajo conjunto con otras oficinas de Google. Pero Pichai logró convencerlo dialogando sobre el tema y la estrategia empezó a dar resultados.

En el alto mundo de la tecnología, este tipo de actitudes es la excepción, pues es claro que los grandes gurús tecnológicos han sido todo menos personas fáciles de llevar. Por ejemplo, así han sido las personalidades de grandes personajes como Steve Jobs o Mark Zuckerberg. Quienes conocen a Pichai, lo describen como alguien autocrítico, abierto al diálogo, a quien le gusta el trabajo en equipo y que siempre se dirige a los demás, aún en los más altos momentos de tensión, con voz suave. Eso es todo lo contrario al tipo de personalidades que dominan este negocio.

Larry Page, uno de los fundadores de Google, al anunciar el nombramiento de Pichai como el nuevo CEO, dijo que “tiene una experticia técnica profunda, un gran ojo de producto y un tremendo instinto emprendedor. Esta es una rara combinación que lo convierte en un gran líder”.

Foto: Larry Page y Sergei Brun, fundadores de Google.

Desde que comenzó su ascenso vertiginoso en 2013, cuando quedó encargado de la división de Android, su capacidad para establecer vínculos eficaces con el fin de potencializar procesos de crecimiento empezó a mostrar resultados.

Primero inició abriendo caminos entre las propias divisiones de la compañía. Por ejemplo, entre Android y Google Now, para buscar nuevas facilidades de uso en sus aplicaciones de celular que beneficien a los usuarios.

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Además, advirtió sobre la nueva tendencia del internet de las cosas y por eso ha puesto en la mira los proyectos que permitan avanzar en esa dirección: lograr que los sistemas de cómputo ayuden a las personas en temas como mejorar la comodidad y la seguridad en sus casas. Por eso lideró el proceso de adquisición de Nest, una compañía que fabrica termostatos inteligentes para los hogares, en una transacción que alcanzó un valor de US$3.200 millones. Posteriormente, Nest adquirió Dropcam, compañía especializada en cámaras de seguridad inalámbricas. La meta: conectar todos esos servicios, por la vía de aplicaciones, a los aparatos móviles o de televisión de las familias.

Pichai también ha asumido un alto grado de “activismo” diplomático, no solo al interior de la firma, sino hacia afuera. Por ejemplo, fue el encargado de una gira liderada por el propio Larry Page hacia Corea, con el fin de ‘aceitar’ las relaciones con uno de sus principales clientes, Samsung.

El gurú tecnológico

Desde hace tiempo, Google está tratando de incursionar en otros segmentos para pisar con fuerza en el mundo del internet de las cosas. Aunque todavía no hay anuncios concretos, ha realizado prototipos para televisores, relojes y vehículos autónomos. Ese es un impulso que el propio Pichai ha tratado de darle a la compañía. Su meta es clara: preparar a Google para los nuevos desafíos, que implican ser algo más que un motor de búsqueda y un proveedor eficaz de publicidad online.

Fue en agosto de 2015, cuando Pichai concretó uno de sus más importantes logros: convertirse en el CEO de Google. Desde entonces, la compañía ha venido arrojando resultados extraordinarios. En la vigencia de 2016, Alpabhet, holding que agrupa a todos los activos del conglomerado, registró ingresos por US$90.000 millones, de los cuales US$79.000 millones corresponden a ventas de publicidad virtual. En 2017, los ingresos ya alcanzaron los US$110.000 millones y los asociados a publicidad ya llegaron a los US$95.000 millones.

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Por eso sorprende que el precio de la acción se haya desplomado a comienzos de febrero, justo cuando se conocieron los resultados. La razón es clara: la utilidad se desplomó 35%, por cuenta de las provisiones fiscales y la multa que le impuso la Comisión Europea.

El hecho no es menor, porque pone en evidencia que vienen muchos desafíos nuevos para esta clase de compañías. En especial resulta revelador lo relacionado con la sanción de la Comisión Europea. El caso se refiere a lo que esa autoridad consideró uso indebido de su posición de dominio en el negocio de los motores de búsqueda. La multa se explica como una compensación por el hecho de que Google utiliza su motor para afectar la participación de otros motores de búsqueda en ese mercado y, en consecuencia, a los usuarios de la red.

Esa es una pregunta central sobre el futuro de esta clase de tecnologías. Son muchos los países donde se preguntan sobre el rol monopólico de las redes sociales y las firmas basadas en una tecnología de procesamiento de datos. El peligro está en que esta clase de firmas está manejando una gran cantidad de información que proveen sus usuarios. Eso implica un desafío para la regulación. Ni Google ni cualquier otra empresa del sector puede estar al margen de esta tendencia de control de las sociedades. El antecedente de la Comisión Europea señala una nueva ruta de la legislación para enfrentar el problema.

El asunto, en consecuencia, debe poner a las directivas de firmas como Google a pensar acerca de su futuro en el competido negocio de la publicidad online, que parece estar llegando a su tope, tanto económico como legal y ético. Ese es uno de los temas centrales en una industria joven como la de la tecnología que tiene una alta tasa de recambio y muy superior a la de cualquier otro sector. Cabe recordar que hace 10 años no existían muchas de las compañías que hoy participan en el mercado y las redes sociales apenas eran un experimento en ciernes. Así, la velocidad de transformación en esta industria es astronómica. Ahora lo que domina el panorama del segmento es la tecnología 5G en movilidad y el internet de las cosas. Así que la pregunta no es solamente cómo se puede ofrecer a los usuarios medios para comunicarse eficazmente, sino de qué manera se les puede ayudar a las personas en su vida cotidiana con temas como la seguridad, el cuidado de la casa, el tráfico en las ciudades y hasta la salud. Por eso es necesario mirar hacia otras soluciones que permitan que el negocio siga creciendo.

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Eso es lo que explica el esfuerzo de Google por meterse en otros frentes como el internet de las cosas, los vehículos autónomos o temas como investigaciones en salud y medicamentos (ver recuadros).

En ese doble desafío por comprender los alcances y límites de las nuevas tecnologías y por mantener los innegables logros de Google en sus 20 años de vida se mueve Sudar Pichai, un hombre que será recordado no solo por ser el primer CEO no fundador de esta gran compañía, sino por ser uno de los muchos extranjeros que han logrado escalar en el competido mundo de la tecnología. Esa es la historia que falta por construir, pues tanto Sundar Pichai como Google son bastante jóvenes y tienen mucho camino por recorrer.

De Google a Alphabet

En agosto de 2015, Larry Page, uno de los creadores de Google, anunció la reestructuración de su compañía con la creación de una holding llamada Alphabet y que sería la encargada de administrar todos los activos de la firma. Page escribió en su blog institucional la explicación de esta nueva estrategia que buscaba separar aquellos negocios que tienen ahora y que no están directamente relacionados con los productos de internet. “Buenos ejemplos son nuestros esfuerzos en salud: Life Sciences (que trabaja sobre los lentes de contacto sensibles a la glucosa), y Calico (enfocada en longevidad)”, explicó. Esa nueva forma de organización les permitiría, señaló, “administración a escala, con lo que podemos gestionar áreas independientes y que no estén muy relacionadas”. En Alphabet también está “X lab”, una incubadora de nuevos esfuerzos como Wing, la compañía de entregas a domicilio a través de drones. “Nosotros también estamos entusiasmados con el crecimiento de nuestros brazos de inversión”, explicó. Google Ventures tiene inversiones en más de 300 compañías. Alphabet tiene participaciones en Calico, Capital G, Chronicle, DeepMind y X lab, entre otros.

Una sanción histórica

En junio de 2017, la Comisión Europea decretó una sanción por 2.420 millones de euros en contra de Google. Se trata de la mayor multa jamás impuesta por esta entidad de control del Viejo Continente. La investigación realizó un muestreo de más de 1.700 millones de consultas de usuarios de internet a través del buscador Google. La conclusión señala que esta herramienta está muy lejos de garantizar la neutralidad en las búsquedas de los usuarios. Eso significa que el algoritmo propio de ese motor implica una cierta "manipulación" con el objetivo de lograr las metas de flujo de la información y cerrarles la posibilidad a otros motores. En su pronunciamiento al momento de dar a conocer la sanción, Margrethe Vestager, comisaria de la Competencia de Europa, explicó que la estrategia de Google “es ilegal bajo las normas europeas”. Esta consiste en negar, según Vestager, a otros motores de búsqueda la oportunidad de competir. “Y lo más importante: niega a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios y los beneficios completos de la innovación”, argumentó la funcionaria. Este es uno de los temas centrales en esta tendencia de las nuevas tecnologías, pues es claro que empresas como Google basan su éxito en administrar según sus propios criterios uno de los principales insumo de las sociedades modernas: la información.

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