| 2/6/2019 10:00:00 PM

Cannabis medicinal: Colombia se vuelve potencia

Esta es una oportunidad dorada para que Colombia se convierta en uno de los mayores proveedores del mundo. Quiénes están detrás de estas inversiones y cómo crece el negocio.

Las fiestas de San Valentín tienen por estos días inundadas de flores colombianas las calles de Estados Unidos y otros países de Europa. Es una foto multicolor que se repite cada año y que representa cientos de millones de dólares para la industria floricultora del país. Sin embargo, una nueva actividad agroindustrial florece por estos días en invernaderos, bodegas y laboratorios de Colombia, en buena parte por el dinero que proviene de la Bolsa de Valores de Toronto y al capital acumulado de grandes empresarios del arroz, flores y café, entre otros.

Se trata del cannabis o marihuana legal que se siembra desde hace un par de años, luego de la promulgación de la Ley 1787 de 2016, la cual permite el cultivo y fabricación de insumos y productos de esta planta con propósitos medicinales.

Esta ley fue el detonador para que entre 20 y 30 empresas grandes y medianas construyeran la hoja de ruta científica, legal, tecnológica y comercial para que este negocio germine.

El propósito de esta naciente agroindustria es claro: entrar en la pelea por un mercado global de la marihuana legal que podría alcanzar US$146.000 millones para el año 2025, según un informe de Grand View Research.

Además, las grandes multinacionales de bebidas y alimentos ya fijaron su mirada en la actividad. Un reporte de Bloomberg destaca que “la legitimación de la marihuana se ha acelerado a una velocidad asombrosa, con empresas tradicionales de consumo y farmacéuticas que van desde Constellation Brands y Anheuser-Busch InBev, hasta Altria Group y Novartis que invierten o se asocian con compañías de cannabis”.

Informaciones publicadas en medios internacionales dan cuenta de al menos 149 compañías listadas en las bolsas de valores canadienses con un valor combinado de US$50.000 millones.

El capital

¿De dónde sale el combustible financiero que tiene ‘volando’ esta creciente agroindustria? En el caso de Colombia, las primeras inversiones para el desarrollo de áreas de siembra, semillas y otros insumos se hicieron –en buena parte– con dineros en caja de grandes empresarios del sector arrocero, floricultor, cafetero y hasta de la ingeniería civil. Ellos vieron hace unos pocos años como Canadá, Estados Unidos y otros países de Europa daban pasos importantes hacia la legalización de la marihuana con propósitos medicinales y recreativos. Luego vino en Colombia la Ley Galán (1787 de 2016) que sentaba las bases del negocio.

Sin embargo, para nadie es un secreto que el mayor ‘fertilizante’ financiero de esta actividad proviene de la Bolsa de Valores de Toronto.

En junio de 2018 la firma colombocanadiense Khiron empezó a cotizar en el TSX Venture Exchange de Toronto. “Fuimos los primeros en Colombia en llegar con éxito a esa Bolsa. Desde ese momento, hemos logrado incrementar nuestra presencia e inversiones en otros países como Chile y Uruguay”, dijo a Dinero Álvaro Torres, cofundador y CEO de Khiron.

En agosto del año pasado, un mes más tarde de esta movida empresarial, otra firma local, Colombian Cannabis se fusionó con Canopy Growth, la multinacional de cannabis medicinal más grande del mundo. Según Bibiana Rojas, fundadora de Colombian Cannabis y actual presidenta de Spectrum Cannabis Colombia, esta transacción le permitió permutar su compañía con acciones de Canopy; algo similar a lo que hizo en su momento el Grupo Santo Domingo con Bavaria en su negocio cervecero.

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“Canopy tiene hoy tres unidades: Spectrum Cannabis, que se enfoca en productos medicinales; Tweed para cannabis con propósitos recreacionales y Canopy Health Innovation, que hace investigación y desarrollo. La holding tiene presencia en 15 países”, explicó Rojas.

Pero no solo con dólares canadienses se alimenta el negocio. El 15 de agosto pasado, el gigante de las bebidas Constellation Brands (que tiene marcas como cerveza Corona y Modelo, entre otras) anunció que estaba aumentando su participación a US$4.000 millones en Canopy Growth.

Un mes después, Bloomberg reportó que Aurora Canopy, competencia de Canopy, había tenido acercamientos con Coca-Cola para el desarrollo de bebidas con infusión de CBD, un componente no psicoactivo encontrado en el cannabis.

Esta fiebre de negocios y movidas ha aupado las acciones de estas empresas tanto en Toronto, como en Nueva York, donde también han encontrado espacio bursátil. En medio de este furor, algunos analistas se muestran preocupados debido a que algunas de estas firmas presentan valores en Bolsa aparentemente inflados. Es así como una de las más grandes multinacionales del sector factura al año US$20 millones, pero tiene un valor en el mercado de US$40.000 millones.

“La Bolsa de Valores es inteligente y apuesta en el equipo, el plan, el tamaño y la capacidad, entre otros. Es como la minería, hay una proyección de una capacidad, de cuánto puede vender, etc. Es un mercado de paciencia”, explicó Torres de Khiron.

Y puede ser cierto. Khiron vende desde diciembre pasado sus productos cosméticos con cannabis (no psicoactivo) en la cadena Farmatodo a través de la marca Kuida. Así mismo, llegó a un acuerdo hace un par de semanas con la estadounidense Dixie Brands para distribuir los productos colombianos en Colorado y California.

En contraprestación, Khiron fabricará y distribuirá los productos de Dixie en América Latina, claro, donde la legislación lo permita. Entre esos productos con cannabis se destacan alimentos y calmantes para mascotas y suplementos para personas, entre otros. “Es la primera vez que una compañía colombiana realiza este tipo de exportaciones”, dijo Torres. Esto último le ha permitido a la empresa aumentar su valor en Bolsa; la acción pasó en una semana de 1,95 a 2,88 dólares canadienses.

Aunque bolsas como Toronto y Nueva York parecen convencidas del nuevo negocio verde, los bancos del mundo y Colombia se mantienen aún al margen –por el momento– de este boom. El único banco que tiene abiertas líneas de crédito a ‘cannabicultores’ es el BBVA, siempre y cuando se cumplan rigurosos procesos de calificación. El asunto parece ser reputacional. Los bancos locales, algunos de ellos con títulos (ADR) en Estados Unidos, como Grupo Aval y Bancolombia, temen aún represalias del gobierno federal de Estados Unidos que mantiene prohibido el comercio y distribución de todo tipo de cannabis.

Para Rafael Mejía, presidente de la Bolsa Mercantil de Colombia, no se descarta que en algún momento este tipo de productos se puedan transar allí, “siempre y cuando la demanda lo justifique”. Mejía recordó que grandes fortunas en Estados Unidos se forjaron con productos prohibidos como el alcohol y el tabaco.

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El Banco Agrario de Colombia también preparaba un producto de financiamiento para esta actividad, pero los cultivadores dicen que en los últimos meses se ‘marchitó’ el asunto.

Álvaro Torres, CEO y cofundador de Khiron; Federico Cock-Correa, CEO de PharmaCielo Colombia Holdings; Bibiana Rojas, Country Manager de Spectrum Cannabis Colombia, y Andrés Fajardo, Presidente de Cleaver Leaves

Nueva industria nacional

Hace 20 o 30 años la zona rural de Rionegro, Antioquia, era epicentro de la acción extorsiva de grupos como el ELN. “Era fácil ver casas abandonadas con huecos de bala en la fachada”, comenta uno de sus pobladores. Sin embargo, todo cambió en un par de décadas. En ese mismo vecindario y a unos 20 minutos en vehículo del Aeropuerto Internacional de Rionegro, se construye uno de los complejos agroindustriales más completos y modernos de Colombia para el procesamiento de cannabis medicinal, PharmaCielo.

Dinero visitó estas instalaciones, teniendo en cuenta que esta empresa con raíces canadienses, se listó en la bolsa de valores de Toronto (TSXV) el pasado 18 de enero.

Es necesario decir que a pesar del buen clima de seguridad que se vive en la región por estos días, el ingreso al complejo requiere un estricto control de seguridad con guardas, puertas eléctricas y vallas.

Una vez adentro es posible ver las dimensiones de este negocio que crece no solo en Antioquia sino en muchas áreas de Tolima, Quindío, Huila, Antioquia y Cundinamarca, entre otras zonas. Es así como tardamos casi 3 horas en recorrer invernaderos en diferentes fases de producción del cannabis, líneas de refinación de la flor con el uso de maquinaria de alta tecnología y personal calificado. Pocas veces se ve en la agroindustria colombiana tal nivel de sofisticación, sobre todo en una actividad tan nueva, al menos en el lado legal.

En el primer edificio nos recibió un biotecnólogo vegetal que se dedica, en palabras sencillas, a clonar o multiplicar una célula madre en miles de plantas que sean resistentes a climas adversos y plagas. “Trabajamos en el desarrollo de células de plantas sanas y vigorosas”, dice uno de los expertos, mientras nos muestra unas pruebas de laboratorio (ver foto).

Estas células crecen en medios controlados durante dos meses, luego pasan otros 6 meses para generar el primer tejido o planta que luego va al invernadero. Es un proceso científico en el cual se elimina –casi por completo– el cannabinoide THC, el cual es psicoactivo. En su lugar, se trabaja con el compuesto CBD, el que más se utiliza en las aplicaciones farmacéuticas y cosméticas.

En PharmaCielo se cultiva esta planta en un área de 6 hectáreas (ha), pero al finalizar este año serán 20.

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El CEO y cofundador de la compañía, Federico Cock-Correa, nos atiende desde una de sus plantaciones para contarnos, en exclusiva, detalles del proceso. (Ver video aquí). Según este empresario, que lleva 34 años dedicado a la industria y exportación de rosas, pompones y crisantemos, en este complejo de Rionegro se invierten unos US$50 millones. “Cuando mi socio canadiense me propuso un negocio centrado en el cultivo de cannabis medicinal, yo dije rotundamente que no por todas las implicaciones que había tenido nuestro país, la violencia y la sangre que se había derramado.

Sin embargo, vemos hoy que esta es la mejor oportunidad para cambiarlo todo; para que comunidades indígenas y campesinas se involucren y tecnifiquen y para que muchos enfermos tengan un alivio”, dijo Cock-Correa. Lo otro que convenció a este empresario fue el grave momento económico por el que pasaba la floricultura desde hace años. “La industria estaba casi quebrada, la tasa de cambio tan baja no daba”, cuenta.

Todo este ambiente abonó el terreno para arrancar esta empresa en lo que era antes un cultivo de crisantemo. Hoy Cock-Correa habla de un proceso de transición entre lo ilegal a lo legal y donde ya se ve al aceite de cannabis medicinal como un commodity. “Esta es una industria muy joven que apenas se está inventando”, comenta el empresario y agrega que amigos, familia, clero y gobierno local poco a poco se vienen convenciendo de las bondades del negocio. 

La regulación

La nueva industria del cannabis medicinal de Colombia busca posicionar su producto en la legalidad. Por eso no aceptan el término marihuana, asociado por décadas a fenómenos de violencia, tráfico ilegal y clandestinidad. “Eso sin contar que esa marihuana no cumple con ningún estándar de aseo o cuidado. Es un cuento totalmente distinto”, explicó una de las personas que nos acompañan en el recorrido por PharmaCielo.

También hay que decir que desde 1986 existe la Ley 30 que permite el cultivo y fabricación de productos con cannabis en el país, el asunto de fondo es que esta norma nunca fue reglamentada debido a los grandes líos que generaba el narcotráfico en el país.

Fue en 2016 cuando el senador liberal Juan Manuel Galán impulsó la Ley 1787, con la cual se reguló no solo la fabricación sino la comercialización de este tipo de insumos agroindustriales. Luego, con el decreto 613 de 2017, el Ministerio de Salud fijó las condiciones para producir y vender productos con cannabis medicinal. “Era necesario plantear una nueva política de drogas porque el mundo nunca va a estar libre de drogas, están antes de la humanidad. Lo que sí se puede hacer es un mundo libre del abuso de las drogas”, dijo a Dinero el exsenador Galán.

Desde entonces unas 25 empresas locales vienen en una carrera frenética por conseguir las licencias y permisos necesarios para cultivar, fabricar, distribuir y vender productos derivados del cannabis medicinal.

Según información del Ministerio de Justicia, ya hay 19 permisos para uso de semillas, 62 para el cultivo de plantas de cannabis psicoactivo (THC); 89 licencias para el cultivo de plantas de cannabis no psicoactivo (CBD), para un total de 170. “El cuello de botella en la actualidad está en el ICA, debido a la falta de personal y a la gran cantidad de información por procesar”, dijo una fuente del Gobierno muy cercana a los procesos de autorización.

En la medida que se vaya resolviendo el trancón de permisos en el ICA las empresas podrán iniciar las exportaciones de los aceites y extractos. Las flores, materia prima de todos los productos, no se podrán comercializar en el exterior.

En el caso de PharmaCielo y otras compañías asentadas en Colombia se tiene prevista la primera exportación de extractos y aceites a mediados de este año, lo que representará un nuevo hito en esta industria.

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En el contexto internacional también se han destrabado asuntos. Países como Holanda permiten el consumo de cannabis desde hace décadas. Sin embargo, solo hasta el año pasado ese país inició un programa piloto para el cultivo de la planta. Aunque en Estados Unidos el gobierno federal prohíbe el consumo de marihuana, en 9 estados se permite el consumo recreacional y en 29 el uso medicinal. Así mismo, en 2018 se produjeron dos noticias que abonaron aún más el terreno a esta actividad. En junio la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) permitió su uso para el tratamiento de las convulsiones asociadas con dos formas raras y graves de epilepsia: el síndrome de Lennox-Gastaut y el síndrome de Dravet en pacientes mayores de dos años.

Tres meses más tarde, la Agencia contra las Drogas, DEA sacaba este medicamento de su lista negra: “La DEA continuará apoyando la investigación científica y sólida que promueva los usos terapéuticos legítimos de los componentes del cannabis aprobados por la FDA, de conformidad con la ley federal”, dijo en ese entonces el administrador interino de la DEA Uttam Dhillon, en un comunicado de prensa.

En el Ministerio de Salud está pendiente una resolución donde se determinará qué sustancias y medicamentos que contengan cannabis serán susceptibles de control por parte del Fondo Nacional de Estupefacientes. Se espera que en las próximas semanas se publique para comentarios un primer borrador de la norma.

Por último, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (ONU) es la entidad encargada de aprobar los cupos de producción de cannabis legal en cada país. Los cannabicultores deben tramitar y justificar cada año estas producciones.

Rentabilidad

Al ser un negocio muy nuevo todavía es difícil saber qué tan rentable será tanto para los pioneros como para los inversionistas que quieren entrar al juego. “La rentabilidad es muy alta hoy pero eso puede variar con el tiempo. Es muy distinto si eres solo un productor o si cuentas con la capacidad industrial –a la que llamó refinería– la cual permite fabricar fármacos”, dijo Cock-Correa, quien además tiene listo un acuerdo con una firma de México para distribuir productos en ese país.

En números gruesos, producir un gramo de flor en Colombia puede costar 5 centavos de dólar, mientras que en Canadá o Estados Unidos la cifra es de US$1,30 a US$2. La explicación es lógica: clima tropical que favorece el crecimiento de la planta, una mano de obra más barata y disponibilidad de grandes áreas de cultivo. Un invernadero puede requerir inversiones en Norteamérica por US$1,5 millones, mientras en Colombia puede ubicarse entre US$100.000 y US$200.000.

Otra opción que se está presentando en el mercado colombiano es el cultivo indoor o en interiores. Es el caso de la firma Pideka, que está a punto de terminar una serie de bodegas en Tocancipá para el cultivo controlado de cannabis medicinal.

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Según el gerente de la compañía, el español Borja Sanz de Madrid, en cada bodega se pueden cultivar unas 3.000 plantas de “altísima calidad”. Este año Pideka planea producir unos 180 litros de extracto de cannabis y para 2020 de 1.200 a 1.600 litros. Cada litro se puede vender en el mercado internacional a unos US$30.000, teniendo en cuenta que se trata de plantas a los que se les hace un control riguroso de temperatura, humedad y plagas.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión en el negocio está en los consultorios médicos de Colombia y el mundo. En la medida que los profesionales de la salud empiecen a formular medicamentos a pacientes es que el negocio se consolidará.

Khiron dio pasos importantes en ese frente al comprar el año pasado una IPS, el Instituto Latinoamericano de Neurología y Ciencia, que según el CEO de la compañía atiende a unos 100.000 pacientes al año. Otro de los planes de la empresa es construir Zerenia, una clínica para el tratamiento del dolor, epilepsia, esclerosis y otras patologías. La idea con estas apuestas empresariales es recabar el mayor volumen de estudios científicos y, una vez cuenten con esas bases, abordar a las EPS en el año 2020 con una oferta sólida de productos, al menos esos son los planes.

Empresarios como Bibiana Rojas, Federico Cock- Correa y Álvaro Torres, entre muchos otros, están convencidos que esta es una oportunidad fantástica para convertir una tragedia que tuvo al país de rodillas, en un próspero negocio tan grande como las flores o el propio café.

“Ser empresario de cannabis medicinal es el deporte extremo de un empresario, es el mayor reto que he tenido en mi vida empresarial en comparación a mis otras ocho empresas. Estamos abriendo camino con machete, este es un producto estratégico y es necesario que tenga todo el respaldo”, puntualiza Rojas.

Los desafíos

Sebastián Londoño-Ochoa, gerente general de Medpharm (socia de la colombiana Green Equity SA), destaca que entre los desafíos del sector está integrar al pequeño cultivador a la cadena global de cannabis médico, “facilitando técnicas de cultivo y gestión del negocio, financiamiento para el ciclo de producción, protección al precio y acceso al sistema de cumplimento y administración de riesgo”, dijo. El empresario también aseguró es un reto exportar extracto puro o producto terminado de cannabis este mismo año a países como Canadá y Alemania, así como lograr el primer registro ante el Invima de un producto farmacéutico local. Por su parte, Andrés Fajardo, presidente de Cleaver Leaves, aseguró que parte de su éxito como compañía especializada en cannabis medicinal es que también cuenta con integración vertical.“Tenemos 5 hectáreas de cultivos activas y operando, un programa de expansión a 15, con lo que completaremos más de 25 a finales de 2019. La meta a 2023 es contar con más de 100 hectáreas y pensamos ampliar la meta”, explicó.

Clevaer Leaves cuenta con un laboratorio que tiene una de las capacidades instaladas más grandes del mundo, cerca de 30 millones de mililitros. A la fecha, la compañía está invirtiendo más de US$10 millones en infraestructura y cultivos.

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