| 12/19/2008 12:00:00 AM

MBA para rato

Por: Iván Darío Lobo, Profesor de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes

¿Sirve tener un MBA para conseguir empleo? Comienzo por dar una respuesta escueta, nutrida por algunas conversaciones con egresados de los programas de MBA de la Universidad de la que hago parte: sí; en términos generales un título de MBA es una buena carta de presentación para conseguir, mantener o cualificar el empleo. No obstante, quizá ayude más ahondar en una respuesta no tan obvia: sí, todavía un MBA sirve para conseguir empleo. La agregación del adverbio no es gratuita; invita a preguntarse por la pertinencia de los MBA, de cara a algunos cambios que, paulatinamente, universidades y empresas –en Colombia y en todo el mundo- hemos empezado a afrontar.

Aunque cada cierto tiempo las escuelas de Administración de primer nivel pasan por revisiones de sus currículos, durante la última década los vientos de cambio han soplado con más fuerza. La razón es fácil de intuir: ante estruendosas quiebras, crisis financieras y numerosos escándalos corporativos, es difícil que las instituciones que forman gerentes pasen por alto los reclamos globales por un manejo más responsable y sostenible de las empresas. Algunas críticas fuertes han venido de la misma academia. En el libro “Managers Not MBAs” (Adminstradores, no MBA), Henry Mintzberg señala que en muchos programas de MBA la concepción integral de la Administración ha sido reemplazada por una formación técnica instrumental, para satisfacer a quienes demandan el título motivados no por hacerse mejores administradores sino por incrementar el salario o la posición. Desde el punto de vista más pragmático, esta es una motivación entendible: como la inversión de recursos necesaria para completar un programa de MBA es considerable, quienes la hacen esperan un retorno a esa inversión suficientemente atractivo, usualmente expresado en incrementos salariales sustanciales. Adicionalmente, aún son muchas las empresas que miden el desempeño de sus gerentes únicamente con base en su capacidad de incrementar las utilidades. Una de las consecuencias más nefastas de este fenómeno es la formación de gerentes con una concepción limitada de lo que es la Administración, centrados en los retornos financieros de corto plazo. Adicionalmente, si los egresados de los programas perciben mayores incentivos en los sectores económicos con promedios de remuneración más altos, se limitan las posibilidades de que otros sectores (e.g. el sector público o las organizaciones no lucrativas) accedan a talento gerencial altamente calificado.

Así, la pregunta por la utilidad de los programas de MBA en la consecución de empleo alude a la tensión entre la oferta educativa y la demanda laboral: qué tipo de formación ofrecen los programas y qué clase de gerentes quieren las empresas. Algunos de los programas de MBA de Universidades de primer nivel han adoptado reformas serias para que sus egresados aprendan a balancear los imperativos de retorno inmediato con la sostenibilidad de largo plazo. Al mismo tiempo, las empresas que se han ubicado a la vanguardia en la transformación económica, social y ambientalmente sostenible de sus operaciones, demandan otro tipo de gerentes. Las dos fuerzas combinadas están impulsando un movimiento global que plantea nuevos desafíos: para las universidades, transformar los programas de MBA (en currículos y metodologías), no como un apéndice cosmético en respuesta a las demandas de moda del mercado sino como una formulación innovadora ante los problemas globales; para las empresas, redefinir el perfil y los incentivos de los gerentes, para abrir espacio a que el talento gerencial creativo se ponga al servicio del desarrollo sostenible de las organizaciones y de la sociedad.

Es previsible que la demanda de los programas de MBA siga en aumento. Ello va a seguir jalonando el crecimiento en la oferta de programas, algunos de los cuales no podrán asegurar estándares mínimos de calidad. En consecuencia, a la luz de las tendencias mencionadas, un MBA seguirá siendo relevante para conseguir empleo siempre y cuando: garantice una formación integradora (no instrumental) en la que las variables económica, social y ambiental sean componentes centrales de la “ecuación gerencial”; desarrolle competencias cuantitativas y cualitativas para responder a problemas de alta complejidad que exigen enfoques interdisciplinarios; contribuya en la generación de redes sociales durables; incentive el pensamiento crítico (no el acervo recetario de respuestas “a la medida”); y mantenga niveles de calidad acreditados y competitivos en el ámbito internacional.

Habrá MBA para rato. Pero, en el mediano y largo plazo, solo los programas diferenciados y competitivos –en el marco de los cambios globales- seguirán siendo garantía de consecución de empleo.
 

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