| 9/14/2009 12:00:00 AM

El aumento del mínimo no es una buena política antipobreza

Los aumentos en el salario mínimo solo le sirven a una porción pequeña de la población y en cambio, agudizan la mala distribución del ingreso en el país. Qué proponen los economistas.

“El problema está en que las personas creen que subir el salario mínimo y ponerlo bien alto es una política antipobreza, pero en Colombia no resulta así”. Así lo señala la investigadora de Fedesarrollo, Natalia Millán.

El problema en el país está en que el salario mínimo es muy elevado en relación con el salario que ganan los colombianos en promedio. Esta contradicción aparente ocurre porque como es bien conocido, cerca del 46% de la población gana menos del salario mínimo porque trabaja en el sector informal.

De hecho, la relación entre el salario mínimo y el salario promedio es la más alta de América Latina, indica la investigadora.

“Eso no quiere decir que con un salario mínimo se pueda vivir bien”, aclara. De lo que se trata es de entender que las alzas en el salario mínimo crean una mayor desigualdad en el ingreso del país.

Esto ocurre porque si bien se le mejora la situación a aun grupo de personas que Natalia Millán califica de pequeño, los que están en el límite, recibiendo cerca del mínimo pierden su empleo o se emplean en el sector informal.

¿Cuánto debería subir el mínimo este año? Para Fedesarrollo, lo mismo que aumenta la productividad. “No más que eso y no más que inflación”, concluye Natalia Millán.

La opinión de esta economista es compartida por un grupo importante de profesionales. Mónica Gómez, Carlos Esteban Posada y Luis Eduardo Arango demuestran en un trabajo reciente que los aumentos fuertes en el salario mínimo desemplea a los trabajadores no calificados e induce la contratación de trabajadores calificados. Con esto, un incremento fuerte del mínimo concentra el ingreso en las personas calificadas.

Esto lo que hace pensar es que en la discusión sobre el salario mínimo está haciendo falta la voz de los desempleados y la voz de los informales. Porque con esa información, las mejoras en el mínimo no les están sirviendo a los colombianos más pobres.

En otro trabajo de Hugo López y Francisco Lasso, recuerdan que “las alzas reales en el salario mínimo tienen costos, en términos de crecimiento, empleo y pobreza, aunque, naturalmente, esos costos son menores en la medida en que las alzas sean moderadas y esparcidas en el tiempo”. Esto concordaría con la apreciación de que cuando sube mucho el mínimo aumenta la pobreza.

Los economistas sugieren entonces que en vez de aumentar el mínimo, una política que se podría emprender es la de aumentar su acatamiento, en especial para el pago de dominicales y subsidio de transporte.

Sostienen que el control a la evasión no aumentaría mucho los costos salariales y en cambio beneficiaría mucho a los trabajadores asalariados más pobres.

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