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| 5/17/2020 6:08:00 AM

Qué han propuesto los premios nobel de economía para enfrentar el coronavirus

El máximo reconocimiento al que puede aspirar un economista es el premio Nobel, que ha sido adjudicado en las últimas décadas a un grupo de profesionales que han estado bastante activos opinando sobre lo que es necesario para enfrentar a la covid-19.

En este selecto grupo de economistas se encuentran los más brillantes pensadores económicos de la actualidad. Se trata de los premios Nobel de economía de las últimas décadas que en momentos de crisis levantan su mano para opinar sobre lo que le sobreviene a la humanidad.

En este grupo están Paul Romer, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Angus Deaton, Michael Spence, Robert J. Shiller, Robert Aumann y Fin Kydland. Sus opiniones han estado en las primeras páginas de los diarios y en foros de debate que se han desarrollado en los últimos meses. Es obvio acudir a ellos para encontrar respuestas para una situación de total incertidumbre. Las apreciaciones de estos profesionales se refieren a la manera como se debe enfrentar el choque en el sistema de salud, las estrategias de política para superar el golpe económico y recesivo y, finalmente, al tipo de mundo que nos va a tocar habitar luego de la pandemia.

Para el corto plazo, el premio nobel de 2018, Paul Romer, en entrevista con la BBC, señaló que es fundamental que los países destinen sus presupuestos a realizar masivamente pruebas para detectar la enfermedad y lograr un aislamiento más inteligente que afecte solo a aquellas personas que realmente pueden propagar el virus.

En su consideración, el ideal sería “diagnosticar toda la economía cada dos semanas”. No obstante, esa es una meta difícil de alcanzar en todos los países. Así que el objetivo debe ser hacer la mayor cantidad de pruebas para detectar los contagiados.

Robert Aumann, que recibió el galardón en 2005, señala que la pandemia nos está mostrando una exigencia casi inédita en la historia humana: lograr acciones colectivas serias para poder salir del problema. En entrevista con la agencia EFE, aseguró que es importante que cada miembro de una comunidad entienda de qué manera sus comportamientos y la decisión, por ejemplo, de pasarse por alto las prohibiciones de circulación, tienen impacto en toda la sociedad. Queda en evidencia la necesidad de acciones colectivas y solidarias. Esa es una consideración que las autoridades deben tener en cuenta a la hora de tomar decisiones, porque al final de cuentas se está hablando estrictamente de un problema retórico-político: convencer a la mayoría que cumpla con normas restrictivas.

Poca ortodoxia

La mayor parte de estos economistas reconoció la necesidad de enfrentar la crisis económica con medidas de política extraordinarias.

Paul Krugman, nobel de 2008, señaló que este tipo de decisiones son necesarias, pues el distanciamiento social significa un “coma inducido” para el aparato productivo. “Por primera vez nos enfrentamos a una situación completamente diferente: una crisis financiera generada por un virus y que no está sujeta a las reglas habituales de las crisis”, dijo durante una presentación en el Outthinker 2020 Virtual Summit.

Michael Spence, premio Nobel en 2001, y a quien la pandemia lo encontró en Italia, aseguró que no existe política económica alguna que pueda evitar el golpe que genera la covid-19. Por eso abogó por políticas que permitan “evitar daños permanentes y duraderos”.

En ese sentido, las decisiones de mayor gasto público, política monetaria más flexible, seguro para los que se queden sin empleo y capital de trabajo para que las empresas puedan seguir operando forman parte del catálogo necesario.

Por estas razones, Joseph Stiglitz, galardonado también en 2001, lanzó una alerta para el caso de Estados Unidos, donde el sistema de seguridad social ha dejado sin protección alguna a cerca de 27 millones de personas. En ese sentido destacó, en un artículo escrito para el Instituto Roosevelt, la importancia de contar con sistemas de salud e ingreso que permitan generar un colchón a las clases más vulnerables.

En ese sentido, Angus Deaton (Nobel de 2015) ha puesto énfasis en la manera en que los sistemas de salud se van a comportar durante la pandemia. En una exposición por internet para la Universidad de Princeton, Deaton dijo que el sistema de salud puede resultar siendo el villano o el héroe de la coyuntura, no solamente por la atención de los pacientes, sino por la forma en que la colaboración pueda llevarnos por el camino para encontrar la vacuna fácilmente o en la forma en que el sistema en sí no se convierta en un factor que aumente las inequidades por los excesivos costos asociados a la atención de los pacientes con covid-19.

El futuro para muchos de ellos es un poco más halagüeño. Finn Kydland, Nobel de 2004, cree que una de las formas de evitar daños permanentes en el aparato productivo es que las empresas cuenten con la liquidez suficiente que les permita por sobre todas las cosas “retener el capital humano y cuidar el know-how”, según lo relató al diario La Vanguardia.

Robert J. Shiller que recibió el premio Nobel en 2013, comentó al diario El País de España que probablemente la pandemia nos va a poner en el camino de un futuro más redistributivo, en el que las sociedades piensan en estructuras que faciliten un mayor equilibrio en la manera como la riqueza se asigna.

Países como Colombia ya están constatando que ese camino es posible. El fortalecimiento de programas de subsidio y la aparición de unos nuevos como Ingreso Solidario muestran que por esta vía se abren espacio estrategias más agresivas de redistribución del ingreso. Apenas termine la pandemia, eso permitirá fortalecer los programas sociales, destinar mayores recursos públicos y lograr una reducción en los niveles de desigualdad.

La especie humana está enfrentando el mayor desafío en toda su historia. Escuchar a quienes se han destacado por sus aportes en economía da luces sobre las medidas que hay que adoptar, cuando la incertidumbre domina hoy todos los escenarios.

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