| 6/20/2018 10:06:00 AM

La vida es para hacer lo que se quiere, no lo que ordenan: Adolfo Meisel

El codirector del Banco de la República dejará su cargo en los próximos días para asumir la rectoría de la Universidad del Norte en Barranquilla y tiene un solo consejo para la vida: hacer lo que se quiere y no lo que otros dicen que se debe hacer.

Adolfo Meisel llegó al Banco de la República “por accidente” hace 31 años, en marzo de 1987. Ya había trabajado en la subgerencia de la regional Caribe del Icetex y en la Cámara de Comercio de Cartagena, donde conoció las dificultades de la época para investigar sobre la misma región.

Y fue precisamente como asistente de investigación de historia económica que lo contrató Fernando Montes Negret en el Banco de la República, cuando el gerente general del Emisor era Francisco Ortega.

Pero el codirector Meisel realmente no se sentía cómodo, así que contra la lógica de sus conocidos que le recomendaban quedarse en la capital, renunció y recibió una propuesta de Ortega: asumir la subgerencia de la sucursal de Barranquilla del Banco de la República.

Meisel describe la decisión de renunciar a su cargo en Bogotá y aceptar la subgerencia en Barranquilla como una decisión “visceral”, una de esas que “se sienten en las entrañas” y que le significó conocer a su esposa y a sus más cercanos amigos, formar un hogar y disfrutar la ciudad a la que ahora volverá como rector de la Universidad del Norte.

Si no se hubiese decidido a cambiar aquel entorno que no le satisfacía por completo, aunque le garantizaba una brillante trayectoria profesional, Meisel no habría terminado como uno de los grandes investigadores de historia económica del Caribe colombiano.

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Cuando inició su tarea de investigación, el codirector se encontró con condiciones no solo climáticas pues la humedad y el calor hacían difíciles las horas de estudio y le obligaban a usar piedras u otros objetos pesados para evitar que las hojas que distribuía sobre el suelo de su habitación salieran volando impulsadas por el ventilador que colgaba del techo.

En esa época no había una biblioteca bien dotada en Cartagena, tampoco existía el préstamo interbibliotecario y mucho menos el internet. Sin embargo, hoy Meisel se atreve a asegurar que “ninguna región del país ha avanzado tanto en investigación como el Caribe en los últimos 25 años”.

La vida en tres entidades

La gran mayoría de la vida de este investigador ha pasado en tres instituciones, todas fuera del “estereotipo colombiano”.

La primera fue el colegio Jorge Washington de Cartagena, donde estudió toda su vida junto con los hijos de los empleados estadounidenses de la Refinería de Cartagena. El colegio había sido construido con el único fin de atender a dicha población y se regía por el modelo norteamericano de educación.

Dicho modelo incluye un mayor respeto por las libertades individuales de los estudiantes y un amplio énfasis en lo que se conoce como habilidades básicas. Una de ellas es la escritura de ensayos, lo que preparó a Meisel para la tarea que ha desarrollado durante toda su vida.

De allí pasó a la Universidad de los Andes en 1976. Fue su primera llegada a Bogotá y era de los pocos estudiantes que no era natural de la capital del país, pero llegó con una ligera ventaja sobre sus compañeros a la hora de redactar artículos académicos, producto de su educación básica. Allí volvería años más tarde como profesor de historia económica, cargo que también desempeñó hasta hace pocos días pero que retomará en la Universidad del Norte.

El codirector también confirma que en Los Andes sí hay elitismo. Pero por las capacidades intelectuales de los estudiantes que la conforman, no por los beneficios o privilegios con los que podrían haber nacido al pertenecer a familias de mayores ingresos en un país de grandes desigualdades.

Meisel, que participó del paro de 1971 en su universidad para defender la libertad de expresión de varios profesores que resultaron expulsados de la institución, califica el programa “Ser Pilo Paga” como una revolución en la educación pues no solo le da la oportunidad de estudio a jóvenes de escasos recursos, sino que impone un mayor reto académico para todo el entorno. Sin embargo, necesita reformas, según su criterio.

Y los últimos 31 años de su vida los ha pasado en una entidad que, asegura, el Estado colombiano debería procurar imitar: el Banco de la República.

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Meisel ha trabajado con 4 gerentes generales: Francisco Ortega, Miguel Urrutia, José Darío Uribe y Juan José Echavarría. Y con todos advierte que las características principales dentro de la institución son la transparencia y el respeto a todos los individuos.

Con el paso de los años, su relación con los gerentes y demás codirectores cambió como consecuencia de la cercanía en edad y jerarquía. Sin embargo, esta última no impide el trato igualitario en el Emisor, advierte Meisel.

Para el codirector, su cargo actual es de gran influencia pero no tiene poder más allá del de convencimiento a sus compañeros de Junta Directiva a la hora de tomar determinadas decisiones.

Por esta razón, Meisel asegura que las competencias blandas serán cada vez más importantes en la formación y posterior vida profesional de las personas que las competencias duras. Cada vez, el mundo será más de saber relacionarnos con quienes nos rodean.

Tiempo Caribe

Meisel es una autoridad en el país para hablar de la economía de la región Caribe. De su paso por el Emisor resalta que como investigador participó en la construcción de la historia económica del Banco de la República y reconoce que su legado en investigación de economía regional es valioso para el país. De hecho, considera que eso es lo que se ha propuesto en la vida, dedicarse a la investigación. No solo logró elaborar un conocimiento más a fondo del Caribe colombiano, sino que también estuvo inmerso, desde la región, para indagar.

“Siempre defendí que al nivel del mar se puede hacer investigación. Recuerdo que para escribir en Cartagena, lo hacía con dificultades. Allá no había biblioteca pública y en esa época no había internet. Me tocaba poner piedras en las puntas del papel, porque con el abanico se volaba. Las condiciones de los muchachos hoy en día son diferentes. Eso facilita la descentralización de la investigación. Una satisfacción que me queda es que no hay ninguna región en el país cuyos estudios de materia económica hayan avanzado tanto en los últimos 25 años como en el Caribe colombiano. Cuando era estudiante todo lo que había era antioqueño”, anota el académico.

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Dice que estando al frente de la Universidad del Norte seguirá dictando clases, como lo hace ahora en la Universidad de los Andes. Seguirá investigando e incluso el otro año quiere empezar a escribir un libro, que sería la reescritura de lo que iba a ser su tesis de pregrado, relacionado con la formación de las haciendas en el Caribe colombiano, lo que cree que es la base de la estructura social y económica de las zonas rurales de la región.  

“El reto es cómo vamos a hacer para que eso que sabemos lo podamos solucionar. Hicimos diagnósticos, son profundos, son sólidos, sabemos las causas del atraso costeño. El reto ahora es cómo hacemos para transformar esa realidad y erradicar la pobreza extrema de la región, llevarla a prontamente niveles promedios nacionales y para eso hay que empeñarse en un liderazgo efectivo, transparente y con claridad objetiva. Es un reto más complejo que el anterior, pero no es imposible”, señala.

Sueña con que luego de un siglo, algún costeño pueda llegar a la Presidencia de la República o al mando de un Ministerio de Hacienda. No como un asunto regionalista, sino como una decisión de la región a la búsqueda del poder como influencia colectiva. Precisa que si a la región le va bien, al país le va bien.

“La región debe definir una visión de lo que se quiere lograr. Construir capital social, la capacidad de trabajar en grupo. En el Caribe los sectores no están conectados, el sector empresarial está muy desligado del sector político, y el sector político desligado del sector académico, cada uno va como a su propio rumbo. En contraste encontramos un ejemplo muy positivo de lo que han logrado en el Grupo Empresarial Antioqueño, construyendo unas redes donde colaboran los empresarios más importantes de la región en torno a unos objetivos de beneficio colectivo. Y son efectivos. Yo creo que habría que hacer unas redes de una dirigencia que trabaje a favor del bienestar de los habitantes de la región para el bien del país”, anota.

Pero volviendo al asunto de la búsqueda del poder, agrega: “somos el 21% de la población y somos definitivos en todas las elecciones. La región Caribe pesa mucho, pero no logra convertir ese peso electoral. Tenemos que ir con figuras, la lógica política indicaría que por lo menos habríamos tenido algún candidato vicepresidencial costeño en las recientes elecciones y no la hubo en ninguna de las candidaturas. Hay que ir con figuras. Ese es el reto, formar una nueva dirigencia empoderada, con transparencia, carácter, con una visión diferente, con excelencia académica y ambición de servicio”.

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