| 8/15/2018 12:01:00 AM

¿Es conveniente un relajamiento de la política monetaria en Colombia?

Aunque la lentitud de la actividad económica y la estabilidad de la inflación aconsejarían adoptar una postura monetaria más estimulante, el incremento de los riesgos externos lo impiden.

A pesar de la lenta actividad económica, la parálisis del crédito, la convergencia de la inflación al rango objetivo del Banco de la República (BR), la alineación de las expectativas con la meta (3% anual), el estrechamiento del déficit en la cuenta corriente y la estabilidad del tipo de cambio, la tasa de interés de la política monetaria se mantiene en 4,25% anual desde abril pasado.

En el primer trimestre de 2018 el PIB repuntó al 2,2% anual, después de crecer apenas 1,6% anual en el último trimestre de 2017. Con base en una aceleración de los indicadores líderes de actividad económica, como la producción industrial, las ventas minoristas y el ISE, junto con la mayor confianza de los consumidores, los industriales y los comerciantes, los analistas que reportan sus pronósticos a la encuesta mensual del BR estiman, en promedio, que en el segundo trimestre la economía habría crecido 2,5%. También prevén que en el año entero lo hará 2,6% y que el entrante su expansión será de 3,1%.

Con estas proyecciones, la tasa de crecimiento se encaminará al límite inferior de las estimaciones de su potencial, que están en el rango entre 3% y 3,8%. Por tanto, la brecha del producto permanecería negativa y amplia en estos años. Eso ameritaría una tasa de interés de la política monetaria más estimulante.

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Aunque el recorte de la tasa de interés de la política monetaria entre diciembre de 2016 y abril de 2018 (350 puntos básicos) se ha transmitido en casi en su totalidad a las del crédito comercial y a las de las tarjetas de crédito, pero no a otras modalidades de los préstamos de consumo; la cartera del sistema bancario sigue casi congelada, con una expansión de apenas 1% real anual en junio. La única que repunta con vigor es la de vivienda (al 8,5% real  anual), mientras que la de consumo está en una desaceleración lenta (al 4,6% real anual), la de microcrédito se estanca (al 1,1% real anual) y la comercial decrece (al -2,2% anual).

Sin embargo, el estancamiento del crédito parece un problema de poca demanda, porque una alta proporción de los agentes (67%) encuestados por el BR, perciben una alta disponibilidad de él.

Al mismo tiempo, la inflación total al consumidor convergió al rango objetivo del BR (2% - 4% anual) desde enero de 2018. En esa fecha las expectativas de inflación para diciembre de este año también entraron en él y se han mantenido dentro desde entonces.

En julio la inflación descendió a 3,1% anual, gracias a un descenso de la de los alimentos.  Sin embargo, la inflación sin alimentos (3,9% anual) aumentó 10 pb, como efecto de los mayores precios del gas y la energía eléctrica, que elevaron la inflación de los regulados (6,6% anual); junto con los precios más altos del transporte y la gasolina, que se incrementaron por la subida de los precios del petróleo. Al mismo tiempo, la inflación de los bienes no transables (4,3% anual) permaneció fuera del límite superior del rango objetivo.

No obstante, en julio los analistas pronosticaron que al finalizar el año la inflación cerrará en 3,4% y que el entrante lo hará en 3,3%, de modo que sus expectativas permanecen alineadas con las metas. Este alineamiento constituye un motivo menos de preocupación para el BR, que podría permitirle recortar su tasa de interés, para alivianar la carga financiera de los deudores, estimular la demanda de crédito y el gasto doméstico e impulsar la actividad económica.

Por otro lado, gracias al ajuste de la expansión de la demanda al incremento menos dinámico del ingreso nacional, causado por el descenso de los precios del petróleo y otras materias primas desde 2014, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos disminuyó de -6,3% del PIB en 2015 a -3,3% en 2017 y permanecerá cerca de 3% del PIB este año y el siguiente. En consecuencia, tampoco constituirá un gran motivo de preocupación para el BR.

En su magnitud actual (4,25% nominal y 0,86% real anual), el Emisor considera que su tasa de interés para la política monetaria se encuentra en una postura que es un poco estimulante. Sin embargo, el incremento de los riesgos externos y la incertidumbre sobre de su impacto en la inflación impiden, con la información disponible, un recorte adicional para aumentar el estímulo monetario.

Por eso los analistas prevén que la tasa del BR permanecerá en 4,25% el resto del año e incluso que se incrementará a 4,75% el año entrante.

Los principales riesgos de origen externo son una aceleración del cronograma de tránsito a la normalidad de la postura de la política monetaria de la Reserva Federal en los Estados Unidos y de otros de los principales bancos centrales del mundo; un escalamiento de las escaramuzas comerciales entre los Estados Unidos, China, Canadá, México y la Unión Europea en una guerra de grandes proporciones, que disminuyera el crecimiento mundial, causara una crisis de confianza y una recesión global; otra crisis política por el ascenso del populismo en Europa, que perturbara su estabilidad financiera y la de los mercados internacionales de activos; y un incremento de la percepción del riesgo soberano en los mercados internacionales, por una menor tolerancia al riesgo, motivada por un apretón monetario imprevisto en las economías avanzadas.

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Cualquiera de esas amenazas podría estrechar el acceso y encarecer la financiación externa para las economías emergentes, lo cual las obligaría a incrementar sus tasas domésticas de interés para prevenir fugas de capital. El estrechamiento de sus posturas monetarias tendría efectos adversos sobre su actividad económica.

Por estos peligros externos el BR no puede relajar su postura monetaria, hasta que no se aclare un poco el panorama del entorno internacional. Para reducir la vulnerabilidad de la economía colombiana a los choques externos y contribuir a diferenciarla de otras emergentes en ese entorno incierto, conviene también que el nuevo gobierno persista, como ha anunciado, en la consolidación fiscal, por medio del cumplimiento estricto de las metas de déficit y deuda pública establecidas con base en la regla fiscal.

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