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| 4/8/2020 12:01:00 AM

En tiempos de coronavirus: empresas a las UCI

El sector empresarial ha sufrido un duro golpe por cuenta del frenazo de la economía. Se necesitan medidas urgentes. Un análisis de Alfredo Ceballos*.

Las finanzas de las pymes están frágiles para soportar esta crisis. Si pierden más del 50 por ciento de su patrimonio deben declararse incursas en causal de disolución. Es urgente darles una mano para suspender el desangre de sus patrimonios y evitar que lleguen a la quiebra.

La sabiduría convencional siempre nos ha advertido sobre el peligro de atender solo lo urgente. Por hacerlo, con frecuencia, se descuida lo importante y se asumen riesgos de largo plazo. ¿Pero qué sucede cuando lo urgente se vuelve trascendente?

Esa es la condición en la que esta crisis, originada por la pandemia del coronavirus, ha puesto a muchas empresas y a sus empresarios. Cuando a estas se les impide ejercer su objeto social –lo que de hecho hoy le sucede a muchas de ellas–, lo que está en riesgo es su vida misma. Por ejemplo, cuando se suspende su fuente de alimentación, los ingresos de sus ventas y se quiere cumplir con sus obligaciones y compromisos con terceros, en especial con sus colaboradores y con el Estado, se tiene un caso similar al que presenta un paciente que sufre una herida inesperada que le origina una hemorragia, que si no se puede detener causará su muerte. 

De manera urgente a esta persona toca internarla en una unidad de cuidados intensivos (UCI). Es allí donde están disponibles los dispositivos que permiten las mediciones continuas de sus signos vitales y los indicadores de la evolución del estado de su salud. Lo más importante es tener las fuentes confiables de información, en especial las que muestren la evolución de sus disponibilidades de caja y los requerimientos de desembolsos. Las posibilidades de sobrevivencia dependen, de manera exclusiva, del equilibrio entre su acceso a recursos financieros y sus obligaciones de pago a terceros. Esas mediciones permiten tomar las decisiones adecuadas.

Lo primero, es reconocer que los desembolsos de caja han cambiado su naturaleza. Ya no son erogaciones que se hacen a la espera de unos ingresos que los compensen en el corto plazo; ahora, sin esos ingresos, los desembolsos para cubrir gastos se convierten en pérdidas que amenazan su sobrevivencia. Son pérdidas en las que se incurre para preservar la vigencia de la empresa y mantener viva la posibilidad de resarcirlas más adelante. El problema, es que se desconoce cuándo.

Esas pérdidas son en realidad inversiones que deben ser financiadas con aportes adicionales del patrimonio de los empresarios. Al igual que en el caso del paciente con hemorragia, sus oportunidades de sobrevivir dependen de su disponibilidad de sangre. En el caso de las empresas, dependen de los montos de patrimonios que, en el caso de las medianas y pequeñas, son relativamente bajos. Eventualmente se puede recurrir a las transfusiones. Pero a diferencia de ese caso, las empresas no reciben donaciones de familiares o terceros, sino inyecciones temporales de dinero para mantenerse en pie. Pero, la fragilidad de sus finanzas, originada por la misma hemorragia, obstaculiza el acceso a las fuentes de financiación. En el evento que reciban los préstamos también adquieren la obligación de pagarlos en los términos acordados. Los gastos de intereses incrementan el flujo de la hemorragia. 

Ya sea con dineros propios o prestados estas erogaciones son pérdidas que disminuyen su patrimonio. Más temprano que tarde deben evaluar la capacidad de su patrimonio para cubrir estas pérdidas. Pero, cuando estas sobrepasen al 50 por ciento de su patrimonio entonces deben reconocer que se ha incurrido en una causal de disolución que no pueden resolver con endeudamientos adicionales sino solo con recursos patrimoniales.

En este punto ya se tiene un notable antecedente de la situación. 

Recuerdo que hace tiempo todos los ciudadanos fuimos llamados a colaborar pagando un impuesto temporal a las transacciones financieras. Esos recursos se destinaron a financiar aportes adicionales de patrimonio en los bancos que vivían una condición similar a la que viven hoy muchas empresas. Todos conocimos y aún sufrimos, las consecuencias de este antitécnico impuesto que ahora es permanente y mayor que el inicial. Esa fue la respuesta para salvar un puñado de grandes empresas. Veremos ahora cuál será la respuesta cuando se trata de una multitud de pymes que necesitan, sí o sí, ayuda e inyección de recursos urgente. 

Esas mismas, que ahora han entrado a las salas de cuidados intensivos, son mayoría y generan el grueso de las oportunidades de empleo del país. La urgencia de preservarlas se ha convertido en la decisión más trascendental para proteger sus posibilidades de generación de empleo formal porque entre todas generan alrededor del 80 por ciento del trabajo, que su vez son algo más de la mitad del empleo total en Colombia. La otra mitad, la ofrecen los emprendedores informales que rebuscan sus fuentes para sobrevivir y que también se han visto seriamente afectadas por el cierre temporal de sus unidades de negocio y de las sedes donde recurrentemente funcionan: las calles.

Para resolver esta difícil coyuntura, es necesario que todas estas empresas salgan de las UCI. Las hemorragias que sufren no se pueden resolver solo con líneas de crédito blandas, es decir, la respuesta no puede ser endeudarse solamente. Hay que identificar cuáles de sus múltiples obligaciones de desembolsos para el Estado (impuestos) pueden ser reducidas o suspendidas temporalmente en el corto plazo.

 En conclusión, lo urgente se volvió trascendente. Cuando el paciente (la empresa) está en una UCI, la preocupación central debe ser su sobrevivencia, pues solo si puede seguir viviendo, tendrá oportunidades de reinventarse. Hay que salvarse para poder reinventarse.

*Alfredo Ceballos es presidente y fundador de Iara Consulting Group. Doctor en Estrategia y Dirección General de Harvard University

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