Opinión

  • | 2008/07/04 00:00

    ¡Usted no tiene correo!

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Esta columna está dirigida a los empresarios del país, incluyendo a aquellos que se desempeñan en el Sector Público. Es un S.O.S.  Es una queja.  Es un reclamo.  Es una invitación. Es una oportunidad...
 
En días recientes recibí una llamada telefónica de Nueva York que duró 63 minutos. Era un ex-colega y amigo de Wall St., quien sorpresivamente me dio una consultoría remota para una transacción de M&A en la cual estaba involucrado en el momento. Un poco apenado, y entendiendo que esta podría ser facturada tranquilamente a US$500/hora a tarifas de Manhattan, decidí que una nota personalizada, acompañada de un fact book sobre negocios en Colombia, sería una forma adecuada para decir gracias. Así que muy juicioso escribí la nota, la metí en un sobre de manila con el librito, y me dirigí a la oficina postal más cercana. Pero, ¡oh sorpresa! No existía una oficina postal cercana! Es más, a menos que haya fallado mi investigación, ¡en Bogotá no hay dónde poner una carta utilizando una simple oficina de correo postal! Así que decidí documentar mi diligencia, la cual describo a continuación.

Los Couriers.

Descubrí un pequeño "corredor" de couriers, nacionales e internacionales, entre las calles 94 y 93, sobre la Cra. 15, en el norte de Bogotá. Decidí cotizar el envío de mi sobre de manila y, de esa forma, tener un pequeño comparativo. Servientrega: $77.000. FedEx: $68.000. DHL: $111.000. Mail Boxes, etc.: $63.450. Envía: $54.100. ¿Todo eso cuesta enviar un sobre a los Estados Unidos? ¿A qué se debe la disparidad en precios? ¿Existe en Colombia el equivalente al US Post Office, tan presente en cualquier pueblo americano, como lo es una iglesia en cualquier plaza de pueblo colombiano, como también lo era Telecom? Logré sonsacarle a una empleada el hecho de que todavía existía Adpostal, que tenía oficina en Unicentro, y que de pronto otra sucursal en la 15 con "ochenta-y-pico" (luego me enteré que era un cubículo de 2x2m dentro de un local de artesanías).

Continúa la odisea.

Me encuentro en Adpostal en Unicentro. Estoy haciendo cola al lado de dos septuagenarios. Les pregunto dónde ponía uno correo en Bogotá hace 30 años. Me dicen que se hacía con Avianca. ¿O sea que la columna vertebral del sistema postal era una aerolínea privada? Los cachacos encorbatados aprovechan para quejarse conmigo del servicio de Adpostal: costoso y lento. Incluso hay que llenar un formato extendido para un simple envío postal. Leo la razón social: Servicios Postales Nacionales S.A. - Correos de Colombia. Mi sobre a Nueva York con ellos costaría $38.000 llegando en 15-20 días; $43.400 "certificado", llegando de 10-12 días, o el servicio especial, "CMS", costando $64.000 y llegando en 5 días. Decido ir a Blockbuster, donde recuerdo haber visto un aviso de FedEx.
 
Espero pacientemente a la niña de Blockbuster, quien establece en su PC el costo del envío, $71.000. $3.000 más que en el FedEx de la 94. Le pregunto por qué. Me indica solemnemente que "el dólar subió". Cuando le entrego mi tarjeta Visa, me indica que "solamente recibimos efectivo." Termino yendo a un agregador de couriers en el Parque de la 93. Mi envío cuesta $68.000, vía FedEx, pero me informan que no reciben tarjeta. Les indico que debo ir a un cajero y que ya vuelvo. A regañadientes, me indican que sí me reciben la tarjeta. Hago el pago. Al día siguiente descubro que mi tarjeta ha sido estropeada (tenían el antiguo sistema de guillotina, y en efecto guillotinaron la banda magnética de mi tarjeta). Mi sobre finalmente está en camino. Tan sólo me tomó dos días hábiles y un sábado encontrar un lugar para mi envío.

You've got Mail!.

En 1998, muchos vimos a la adorable Meg Ryan y el camaleónico Tom Hanks protagonizando la película You've Got Mail! En esta veíamos la emoción de recibir un correo electrónico, el poder de las comunicaciones digitales y, cómo, en efecto, cientos (por no decir miles) de parejas del mundo real se conocieron o consolidaron su relación vía e-mail.

Adelantemos el calendario diez años. Estamos en Bogotá, Colombia. Nuestra ciudad se está convirtiendo en epicentro de negocios internacionales, de la cultura y del comercio. Tenemos TransMilenio. Posiblemente tengamos Metro. Nos inunda la inversión extranjera. Hay franquicias internacionales por doquier. Veo vitrinas de Tiffany's, Mont Blanc, y Louis Vuitton. Pero volteo mi cuello en todas las direcciones posibles y no veo una oficina postal. ¡We don't have mail!

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