Opinión

  • | 1999/02/26 00:00

    ¿Por qué tanta desigualdad?

    El problema colombiano no puede explicarse por una confabulación de los ricos contra los pobres.

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Las desigualdades en Colombia son monstruosas: los ingresos per cápita del 10% más rico son 24 veces los del 30% más pobre. El caso colombiano es típico de América Latina, la región más desigual del mundo. Tanta desigualdad no se explica porque haya mucha pobreza ni tampoco porque un puñado de familias sean dueñas de todo. Estas dos visiones extremas son una forma de evadir el problema, que en realidad explica poco: la pobreza en América Latina no es más aguda que en otros grupos de países de similar nivel de desarrollo y el puñado de cacaos ni siquiera aparece en las estadísticas.



La explicación más inmediata de la desigualdad se encuentra en la educación. Los jefes de familia del 10% más rico de América Latina tienen tres años más de educación que los del 10% siguiente, y siete años más que los jefes de familia del 30% más pobre. Como la educación promedio de América Latina es tan baja -el trabajador típico tiene apenas 5 años de estudios-, hay grandes retornos para los pocos que han logrado ir a la universidad y muy pocos para la gran masa con baja calificación.



La educación reproduce, en lugar de corregir las desigualdades. No se trata de una confabulación de los ricos con el gobierno para explotar a los pobres. En América Latina, el gasto público en educación primaria no es bajo y la cobertura inicial de la educación es tan alta como en los países del sudeste asiático. Pero las familias de escasos recursos encuentran poco atractivo mantener a sus hijos en la escuela. A menos que puedan costearles una carrera universitaria, el esfuerzo no vale la pena. Y cuanto más pobres son las familias, más hijos tienen y menos factible es que puedan hacer el esfuerzo. De esta manera, la familia constituye el canal de transmisión de la desigualdad.



En un nivel más profundo, las raíces de la desigualdad deben buscarse en los factores que afectan la productividad de quienes tienen menos educación. El pecado original a menudo está en la geografía. En el trópico, la productividad es menor debido a las condiciones de salud, a la calidad de las tierras y a la concentración de su propiedad por razones históricas y tecnológicas.



El tránsito hacia el desarrollo tiende a empeorar las cosas. Grandes oportunidades para los pocos que tienen capital o educación y muy pocas para los demás. Brechas crecientes entre el campo y la ciudad. Trabajadores que gozan de protección social y buenos salarios, cuando la mayoría sigue en la informalidad. Todo suena tan conocido para un país como el nuestro. Pero los pueblos aparentemente condenados a la desigualdad tienen una oportunidad sobre la tierra. No es la revolución marxista ni el populismo, por supuesto, sino el período de oportunidad demográfica en el que ahora está Colombia. En los próximos diez años es posible remover los canales de reproducción de la desigualdad porque el aumento transitorio de la proporción de la población en edades productivas puede permitir aumentar la educación, las fuentes de empleo y los ahorros que se requieren para financiar ambas cosas. El problema consiste en escoger las políticas adecuadas para aprovechar esa oportunidad.



¿Quiere saber más? Lea informe del BID, o vaya al web http://www.iadb.org/oce .
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