Opinión

  • | 2004/04/02 00:00

    Políticas de seguridad: ¿Estamos seguros?

    Las políticas de seguridad militares generan desconfianza, incrementan la violencia y no solucionan los problemas de la humanidad.

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La lucha contra el terrorismo iniciada a partir del 11 de septiembre y renovada por los ataques en Madrid se ha convertido en la prioridad de la agenda política de muchos gobiernos y Colombia, con su conflicto interno, no es la excepción. ¿Qué tan acertada ha sido esta aproximación y qué tan seguros estamos hoy?

Presididos por Mijail Gorvachov -el ex presidente ruso que cambió el mundo con su Perestroika y terminó la época de la guerra fría-, los Diálogos de la Tierra celebrados recientemente en Barcelona convocaron a expertos internacionales para analizar, entre otros temas, las limitaciones que tiene la aproximación convencional a la seguridad.

Para ellos, el concepto de seguridad se ha convertido en un discurso para la guerra y no para la paz. Así se ha dejado de lado la preocupación por los derechos humanos y la protección ambiental. El gasto exponencial en asuntos militares, lejos de ser la solución, se ha constituido en una fuente de inseguridad y tiene poca relación con la prevención del conflicto global. Los sistemas políticos están dominados por los temores de inseguridad, en muchos casos válidos, pero en otros solo han servido para que las élites políticas manipulen de manera deliberada a la opinión pública. Así las sociedades se han acostumbrado a las amenazas difundidas día a día por los medios de comunicación, alimentando los temores de la población y dejando de lado la posibilidad de pensar en temas de largo plazo, como la seguridad ambiental y la equidad social y, como resultado de ellos, la seguridad económica.

Entre los grandes retos para la seguridad económica, están la gran brecha de inequidad entre los países y dentro de ellos, y la falta de voluntad política para asegurar una distribución equitativa que garantice el bienestar y la dignidad de toda la población. Ejemplos que muestran cómo el subsidio que recibe una vaca en ciertos países europeos es mayor al ingreso de un pobre que vive con menos de un dólar al día, ilustran claramente esta situación. En Colombia, las cifras de pobreza se acercan a 50% y un buen ejemplo es la impactante descripción que hace Alfredo Molano en su columna de El Espectador sobre cómo hay familias en Bogotá que utilizan el papel periódico para hacer sopa de papel. La incapacidad para satisfacer las necesidades básicas de la población -entiéndase seguridad humana- ha sido reconocida como una de las amenazas a la seguridad y como manifestación de violencia, además de constituirse en un imperativo ético.

Expertos y científicos coinciden en que la situación ambiental se ha deteriorado significativamente, debido en gran parte al debilitamiento de la institucionalidad ambiental y a la forma reactiva en que se toman las decisiones políticas en la materia. Colombia no escapa a esta situación. La interdependencia entre ambiente y desastres naturales está a la vista y basta ver los datos difundidos por la Organización de Naciones Unidas con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua para ver los costos humanos y económicos de las catástrofes ocasionadas por eventos relacionados con el agua y cuya frecuencia e impacto adverso se han incrementado de manera dramática en las últimas tres décadas.

En los 70 se reportaron 1.100 desastres -inundaciones, deslizamientos de tierra, ciclones, sequías- que afectaron a 740 millones de personas y arrojaron pérdidas por US$131.000 millones, en tanto que en la década de los 90 se reportaron 2.742 desastres que afectaron a 1.960 millones de habitantes con pérdidas de US$629.000 millones. En su gran mayoría, estos eventos se han dado en países pobres, con un impacto enorme en las posibilidades para alcanzar sus metas de desarrollo.

Las políticas de seguridad enfocadas exclusivamente en lo militar han dividido a los gobiernos ante el creciente rechazo de la opinión mundial, generan una mayor desconfianza e incrementan la violencia sin solucionar los grandes retos que enfrenta la humanidad. Ya es hora de tomar en serio el tema de la seguridad antes de que sea demasiado tarde.
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