Opinión

  • | 2008/08/01 00:00

    Las bases políticas de la estabilidad macro

    El mérito de la estabilidad macro de América Latina le corresponde al más inesperado de todos los candidatos: el sistema político.

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La resistencia de América Latina frente al enfriamiento de la economía de Estados Unidos y la crisis financiera internacional continúa desafiando a los pesimistas que consideran que nada esencial ha cambiado en la región y que tarde o temprano se derrumbará la estabilidad macro en un país tras otro.

Aunque siempre hay riesgos macro y ninguna victoria es definitiva frente al monstruo agazapado de la inflación, las tendencias contenidas de indisciplina fiscal o una posible crisis bancaria, es justo en algún momento de la guerra reconocer los logros y atribuir los méritos a quien se los merece.

Hay que reconocer el gran avance que han tenido las instituciones y las políticas monetarias. Sin la independencia de los bancos centrales y sin las nuevas técnicas de manejo monetario enfocadas en el objetivo de la estabilidad de precios es improbable que la región hubiera podido capear tan bien como hasta ahora el borrascoso ambiente internacional.

También hay que darle crédito a las leyes de responsabilidad fiscal, que establecieron límites al déficit fiscal y al endeudamiento público, y a diversas innovaciones en materia fiscal, que han dado mayor capacidad de control a los ministros de finanzas. Es cierto que las finanzas públicas continúan comportándose en forma procíclica, pero sin estos avances en las instituciones fiscales hubiera sido imposible moderar, al menos parcialmente, los apetitos de gasto de los gobiernos de turno.

Pero el mayor mérito lo merece el más inesperado de todos los candidatos: el sistema político. Considérese el panorama político de las dos últimas décadas. Como resultado de la democratización y las aperturas políticas en muchos países, los gobiernos, hasta entonces bastante cohesionados, tuvieron que ceder el control sobre sus finanzas a un enjambre de nuevos agentes políticos interesados antes que nada en conquistar adeptos a cargo del erario. Los Congresos, fácilmente manejables antes por el Ejecutivo, se convirtieron en foros divididos, sometidos a las más diversas presiones para aumentar el gasto y para erosionar cualquier intento de mejorar los sistemas tributarios. Y en el transfondo de este escenario, un electorado poco versado en cuestiones macro, más preocupado en obtener cualquier favor político inmediato que en vigilar el buen manejo de los recursos públicos o la estabilidad de la moneda.

En estas circunstancias, lo único que habría podido esperarse eran crisis y más crisis. Y las hubo a granel a lo largo y ancho de toda la región hasta comenzar la presente década. Pero, contra todas las predicciones, los sistemas políticos en unos cuantos países han aprendido gradualmente de sus errores.

Aprendieron que la inflación perjudica tanto a los partidos de gobierno como a los de la oposición, y que por eso es conveniente entregarle el manejo monetario a bancos centrales independientes. En materia fiscal, aprendieron que definir bien los límites de la cancha no hace que valgan menos los goles que consigue meter cada partido en el Congreso. Y aprendieron que la competencia política solo puede mantenerse en la medida en que todos acepten que tiene que haber pesos y contrapesos entre los poderes.

En contra de lo que podría haberse esperado hace unas décadas, los países que lograron los mayores avances en la estabilidad macro fueron aquellos, como Brasil, México o Perú, donde el poder se fragmentó más y los sistemas políticos se volvieron más complejos. En cambio, en los países donde el poder político se está centralizando en el Ejecutivo y se ha reducido la influencia de los partidos de oposición, la estabilidad macro se está resquebrajando.

Lo cual termina por demostrar que para la estabilidad macro importa no solo la independencia del banco central o la ley de responsabilidad fiscal, sino un sistema político con capacidad de aprendizaje y renovación, lo cual requiere competencia partidista y límites efectivos al poder del Ejecutivo. ?
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