Opinión

  • | 1998/09/28 00:00

    La prueba de fuego

    El cierre del mercado internacional de capitales obliga a acelerar y acentuar el ajuste fiscal. Pero en ausencia de una mejor coordinación entre la política fiscal y la financiera, el ajuste fiscal fracasará y el país entrará en una recesión de pronóstico reservado.

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Desde el comienzo, el actual gobierno identificó como prioritario el problema fiscal y su equipo económico orientó todos sus esfuerzos a resolverlo. Pero hasta hace poco se contaba con poder financiar una parte importante del déficit fiscal del próximo año con crédito externo, reduciendo así la presión sobre los recursos domésticos y permitiendo un ajuste serio y rápido pero no "de choque". Esto es, se esperaba evitar un drástico aumento de los impuestos y un derrumbe de la inversión pública en medio de una recesión.



Ya no. El cierre del mercado internacional de capitales para América Latina redujo demasiado el acceso de Colombia al endeudamiento externo y disparó su costo. Ya es bastante malo que los US$2.400 millones de deuda externa pública que vencen el próximo año tengan que ser reemplazados a tasas de interés 6 o más puntos por arriba de las originales. Un gran aumento en los créditos externos, pagando las tasas exorbitantes que hoy exigen los capitales privados, está fuera de consideración pues a poco andar debilitaría todavía más la posición fiscal y de la balanza de pagos.



El Ministro de Hacienda confía en poder sustituir parte de las colocaciones de bonos y créditos comerciales con préstamos del BID y del Banco Mundial, pero no hay que hacerse muchas ilusiones porque son bien conocidas la lentitud y los condicionamientos en los desembolsos de esas entidades. El cierre del mercado internacional de capitales obliga a un ajuste fiscal más duro, porque sería impensable presionar aún más las tasas de interés domésticas con una exagerada emisión de bonos de deuda interna, adicional a la de los célebres bonos de paz.



Pero una cosa es reconocer la necesidad de un drástico ajuste fiscal, por imposibilidad de financiar un déficit significativo, y otra aceptar la insostenible afirmación de que el aumento de la carga tributaria y la contracción de la inversión pública no serán recesivos en los próximos 15 meses. Subir los impuestos y recortar la inversión pública después de que las altas tasas de interés estrangularon la demanda privada es una negra necesidad, porque después de años de manejo fiscal irresponsable ya no hay forma de adelantar una política fiscal anticíclica, que en verdad nos vendría muy bien si tuviera alguna posibilidad.



Precisamente porque la política fiscal anticíclica debe descartarse es más importante que nunca encontrar otras vías para minimizar la recesión, así como desactivar otras bombas económicas. Una razón para ello es que si el país entra en recesión y se mantienen muy altas las tasas de interés el ajuste fiscal fracasará, no importa cuán drástico sea. Otra razón es que, para un país con la delicadísima situación de inseguridad interna de Colombia, marchar sin necesidad hacia una recesión franca sería una enorme imprudencia. Y otra más es que la bomba fiscal no es, ni mucho menos, la única amenaza económica inmediata. Por ejemplo, sería imperdonable que, después de hacer un enorme sacrificio en el frente fiscal, los colombianos recibiéramos la noticia de que tenemos que hacer otro ajuste de emergencia porque estallaron otras bombas económicas como una crisis financiera o la necesidad de recortar "de afán" el enorme déficit de la cuenta corriente, por imposibilidad de financiarlo.



En los modelos macroeconómicos "reales" que desde hace varios años ha venido utilizando el Departamento Nacional de Planeación para sus proyecciones, la condición básica para evitar una recesión profunda ante un drástico ajuste fiscal es el aumento del tipo de cambio real, que estimule las exportaciones y reoriente la demanda interna hacia la producción local. Por otro lado, hay una importante correlación entre el tipo de cambio real y el déficit de la cuenta corriente, de manera que una elevación del tipo de cambio real, similar a la lograda a mediados de la década pasada, sería una medida razonable para desactivar la bomba externa.



Pero no voy a entrar en una nueva discusión sobre el tipo de cambio real. Es obvio que el Banco de la República piensa que cuando modificó la banda, hace un mes, ya fue hasta donde debía en materia de "coordinación" con el Ministerio de Hacienda. Tengo mis dudas de que el ajuste haya sido suficiente, pero sería inútil airearlas aquí.



Lo que deseo subrayar es que, en la misma medida en que se hace inevitable profundizar el ajuste fiscal recesivo, es más necesario que nunca que la política del banco central sea compatible con menores tasas de interés, porque una política fiscal contraccionista y unas tasas de interés por las nubes representan una mezcla explosiva, incluso en países menos combustibles.



Limitarse a esperar que las tasas de interés caigan una vez se reduzca el déficit fiscal no sólo mostraría una peligrosa incomprensión de la complejidad del mercado financiero, en el cual el déficit fiscal es apenas una de las muchas variables que influyen las tasas de interés, sino que podría comprometer fatalmente el éxito de los esfuerzos estabilizadores del Ministerio de Hacienda. Basta mencionar que ya comienza a hablarse de las posibles "contingencias fiscales" de una capitalización al Fondo de Garantías de las Instituciones Financieras para poder atender eventuales siniestros en el sector financiero inducidos por la recesión y las elevadas tasas de interés.



Es incuestionable que el Gobierno está firmemente comprometido con el ajuste fiscal, y que las circunstancias lo forzarán a hacer un ajuste todavía más intenso del que hubiera preferido. Es crucial que el Banco de la República no deje solo al Gobierno, y que también le otorgue adecuada prioridad a la reducción de las tasas de interés, lo cual según sus cálculos no es imposible con la actual banda cambiaria.



Dios quiera que el Banco tenga razón, y que actúe en consecuencia. La famosa "coordinación" entre el Gobierno y el Banco de la República, esto es, entre la política fiscal y las políticas cambiaria y financiera, que contempla la Constitución, va a enfrentarse en las próximas semanas a su prueba de fuego.
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