Opinión

  • | 2005/05/13 00:00

    La maternidad: desarrollo personal

    Ejercer este papel es una oportunidad de desarrollo interno. Dar sin esperar ni las gracias es una ocasión para renunciar al ego.

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En los talleres de Conciencia Femenina y Liderazgo que hacemos para mujeres en posiciones de dirección por intermedio de la universidad, buscamos tres objetivos principales: que las mujeres tomen conciencia de su particularidad y de lo femenino, que identifiquen los cambios por realizar desde esta conciencia y que integren las diferentes dimensiones de su vida para que ellas y las organizaciones en las cuales trabajan puedan tener en cuenta la dimensión femenina. Ha sido una experiencia maravillosa porque tenemos mujeres muy especiales en nuestro medio: comprometidas, luchadoras, abiertas al cambio, responsables y creativas, ejemplo de logro y éxito profesional. Estas mujeres, una y otra vez en los distintos talleres, independientemente del sector o del cargo, al referirse a su papel femenino, aluden a la maternidad como una dimensión femenina fundamental. ¡No todas! Pero "vuelve y juega": las mujeres somos o podemos ser madres. Y así no lo seamos biológicamente, internalizamos este papel y de diversas maneras lo ejercemos no solo con nuestros hijos, sino a veces, equivocadamente, con nuestros maridos, colegas, jefes y subalternos. Y al final del taller, al trabajar la integración de sus papeles, las participantes mencionan la dificultad de articular su papel materno con sus demás papeles por las múltiples exigencias de cada uno. Para varias de ellas es su principal angustia.

Hace unos días, tuvimos en el taller la visita del Swami Sarveshwarananda y nos habló precisamente del "poder de la madre". En mi ignorancia, le pedí que hablara de otros papeles de la mujer y me aclaró que todas las mujeres tenemos ese poder, tengamos hijos biológicamente o no, y fue muy claro en describir las bondades de la actitud maternal. Es la madre quien comprende, decía, quien puede perdonar, quien tiene la sensibilidad para aceptar el error y señalar el cambio de manera adecuada para ver las alternativas de acción. Es quien alimenta y apoya. Concluí que ser madre en este sentido es inherente a lo femenino, se tengan hijos o no.

A la luz del día de la madre, cabe reflexionar sobre ese papel que tenemos las mujeres, asumido o no, descrito anteriormente. Por mi propia experiencia, veo lo maravilloso y lo exigente que es ser madre: acompañar y apoyar sin presionar; estar incondicionalmente presente sin esperar nada a cambio; ser generosa en todo momento; saber poner límites y exigir cuando se requiera, con mucho cariño y sin juzgar, respetando la libertad de los hijos y promoviendo su autonomía. Ejercer este papel es una oportunidad increíble de desarrollo interno. Poder dar sin esperar una retribución, a veces ni siquiera las gracias, es una ocasión de manifestar generosidad y de renunciar al ego. Saber callar y esperar o hablar sin temor, según la situación lo exija, puede ser un acto de conciencia que nos permite desarrollarnos como personas.

Pero no faltan las veces en que priman la cantaleta, nuestro deseo de orden permanente, la desconfianza en el criterio del hijo/a, la necesidad de hacer valer nuestra forma de pensar e imponer nuestra experiencia. Lo que se manifiesta con todo esto es el ego, ese "creernos el cuento" de que sabemos más y mejor, con lo cual se nos olvida que ellos tienen que recorrer su camino para aprender y que solo tenemos más experiencia, que no siempre es sabia.

Ahora, que tengamos actitudes maternales con otras personas, bienvenidas sean en el sentido descrito aquí del "poder de la madre". Mas, volvernos madres de nuestros esposos o de las personas con quienes trabajamos conlleva ¡el peligro de que todos se vuelvan nuestros hijos!

Una cosa es que las actitudes maternales tengan las bondades aquí descritas -que, además, deben tener la opción de ejercerlas o no- y otra muy distinta es que se nos vea solo como madres o se espere que seamos madres para todos. Y es fundamental que el papel directo de madre lo podamos ejercer en forma coherente con los demás papeles, sin abandonarnos como personas o abandonar el papel de madre por ser personas. Creo que aún tenemos mucho qué trabajar para lograr este equilibrio.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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