Opinión

  • | 2005/09/02 00:00

    El costo de la corrupción

    Los pagos ilegales para conseguir 'cosas' del Estado inundan el planeta. Cuáles son las formas de evitarlos.

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Hace pocos días, el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva pidió perdón por los escándalos de corrupción que afectaban a su gobierno y a su partido. Luego, uno de los miembros del Partido de los Trabajadores, PT, reconoció los errores aunque no del nivel institucional, sino como 'actitudes individuales de algunos de sus miembros'. Las denuncias son de todo tipo y se sugiere que hay pagos mensuales a miembros de partidos con los que han suscrito una coalición, para que apoyasen al PT en una serie de propuestas de ley que intentaban sacar en su Congreso. A raíz de esa denuncia, se ha tirado del hilo y han aparecido otros muchos pagos, y donaciones de empresas locales y extranjeras que infringen las leyes del país. Y lo peor, el escándalo está afectando la estabilidad económica de la moneda y del país al poner en duda la integridad del actual ministro de Hacienda Antonio Palocci.

Lamentablemente, esto no es un hecho aislado ni en Brasil ni en el continente, a pesar de los votos de luchar contra la corrupción que todos los mandatarios hacen antes de llegar al poder. En los últimos años, ha habido casos de enriquecimiento ilícito en la región, que han llevado a varios ex presidentes a prisión.

En el análisis de causas y efectos de la corrupción, y de la forma de evitarla, hay que examinar todas las partes que la componen. Sin ánimo de justificarla, hay que reconocer que cuanto mayor es la burocracia y más amplios son los filtros de decisión, es más fácil que alguien en la cadena se quiera beneficiar de la operación. Un ejemplo pueden ser el tiempo y los pasos necesarios para constituir una compañía en Estados Unidos o en algunos países de Europa comparados con los países latinoamericanos. En los primeros se puede formar en tres días y con un coste mínimo, mientras en los últimos, hay que hacer trámites en más de cinco estamentos, por lo cual toma más de un mes constituirla y a un precio superior.

Se siguen buscando fórmulas para eliminar esta epidemia, que tiene sus raíces en la falta de principios de parte de nuestros dirigentes, en el excesivo culto al dinero que se acentúa día a día en la sociedad de consumo y sobre todo en la laxitud de las leyes que penalizan este tipo de actuaciones. En la lucha contra la corrupción hay que penalizar tanto al que paga, como al que recibe. No tiene pase, que compañías multinacionales, de países de primer mundo, vean como gastos no gravables los 'pagos' a distintas instancias para ganar una licitación, o incluso contratos concedidos sin pasar por concurso público.

Se deberían aprobar leyes que prohibiesen a cualquier corporación, que se haya involucrado en un delito de corrupción, presentarse a concursos públicos. En la era de internet es fácil obtener información de cualquier lugar del mundo y, por tanto, se deberían considerar los delitos domésticos y los cometidos en el mercado internacional.

Creo que se envían mensajes positivos cuando se ve a dirigentes con delitos probados yendo a prisión. Pero, queda mucho camino por recorrer. Aquí también se tiene que pedir ayuda a las instituciones financieras mundiales, que no deben permitir a personas corruptas utilizar sus entidades para limpiar su dinero. Si no tuviesen dónde guardar el dinero, el proceso se dificultaría. Hay una doble moral en muchas de ellas, que critican públicamente la captación de esos fondos y por otro lado se hacen las de la vista gorda. ¿Cómo es posible que bancos internacionales de primer nivel hayan recibido cientos de millones de dólares de Vladimiro Montesinos, de Teodoro Obiang, de Guinea, de Raúl Salinas de Gortari o de Augusto Pinochet, sin que sus responsables hayan tenido que pagar un coste político? Es llamativo que las principales universidades especializadas en negocios estén incluyendo en los cursos que ofrecen la ÉTICA como una de las materias más importantes. Es posible que vayamos por buen camino.

Si en todos los países es difícil luchar contra la corrupción, en aquellos en vías de desarrollo es aún más complejo. Pero tenemos que ser totalmente inflexibles con los que infringen la ley, pues impiden el desarrollo de estos países y les quitan unos recursos imprescindibles para que millones de personas pasen de la pobreza absoluta a tener una vida digna.



Santiago Ulloa, CEO TBK Investments, Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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