Opinión

  • | 1998/03/16 00:00

    Desintermediar, el negocio

    Vicepresidente de Banca de Inversión Corfinsura

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En octubre de 1997 Ecopetrol titularizó parte de sus derechos sobre los campos de Cusiana y Cupiagua, y recibió a cambio US$277 millones, a una tasa de 7,1% y cinco años de plazo, estructurados alrededor de un acuerdo de compra de barriles a futuro por parte de la petrolera española Repsol.



Esta operación es representativa de los grandes cambios que están viviendo los inversionistas colombianos. La banca comercial ha sido el intermediario clásico entre los ahorradores y los empresarios, asumiendo la responsabilidad de remunerar depósitos independientemente del desempeño de la empresa a la cual haya prestado el dinero.



Pero más allá de ahorradores y empresarios, hoy es posible hablar de inversionistas y emisores. Los inversionistas están dispuestos a asumir más riesgos a cambio de más rentabilidad, y los emisores están interesados en compartir parcialmente el éxito y el riesgo de su negocio.



Es en este marco que aparecen las estructuras por fuera de balance o titularizaciones, que permiten independizar los activos que se van a titularizar de la empresa que los generó. Es un negocio en el que los márgenes se comparten, al igual que los riesgos. Cualquier compañía con unos ingresos ciertos y respaldados en contratos de largo plazo puede separarlos en un patrimonio autónomo, constituido por una fiduciaria que emite títulos de participación sobre el patrimonio. Es posible titularizar la cartera de una empresa industrial, financiera o de servicios, los ingresos por concepto de peajes, las facturas de tarjetas de crédito, las sobretasas a la gasolina, los inmuebles, los contratos de arrendamiento, los pozos de petróleo... La imaginación es el limite.



Varios factores se deben considerar al hacer una titularización:



Riesgo: se debe definir claramente en cabeza de quién recaen los posibles problemas que surjan en el tiempo.



Mercado: todo negocio tiene dos partes. Un emisor debe entender quién en el mercado tiene necesidades que concuerden con las suyas. No todos los inversionistas se comportan igual. Un error que se comete con frecuencia es emitir lo que está de moda y, sin más análisis, comprometer las compañías en esquemas que simplemente obedecen a tendencias de mercado y no a sus necesidades.



Estructura: un buen banquero de inversión debe leer claramente la situación financiera futura de la empresa, identificar un flujo de caja, encajar las necesidades financieras de la compañía con la demanda del mercado, buscar los inversionistas, entender bien el negocio y sus requerimientos en términos de limitantes legales, plazos, riesgos, flujos de caja y demás condiciones.



Sólo manejando muy bien esta mezcla es posible asomarse a un universo financiero que va bastante más allá de pedir créditos al DTF y ahorrar en CDT.
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