Opinión

  • | 2005/07/22 00:00

    Crecimiento, sostenibilidad ambiental y conflicto

    Uno de los mayores retos del continente es lograr un modelo de desarrollo realmente sostenible y equitativo. Debe fortalecer la regulación ambiental y la responsabilidad social empresarial.

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América Latina ha basado su desarrollo en la exportación de productos primarios y, aunque se ha producido un aumento en la diversificación de las economías, esta tendencia se mantendrá dado el creciente consumo y demanda mundial. En su publicación Políticas e impactos ambientales 1972-2002, el PNUMA nos muestra a América Latina como una de las regiones más privilegiadas del globo: tiene una población de 540 millones de habitantes (menos del 10% de la población mundial), cuenta con un 30% de los recursos renovables de agua en el mundo, tiene un potencial de 576 millones de hectáreas cultivables (algo así como el 30% de su territorio), tiene 7 de los 12 países megadiversos -los de mayor diversidad biológica- del globo y alberga un 40% de las especies de flora y fauna del planeta.

Sin embargo, estas cifras contrastan con el deterioro de la calidad de vida de sus habitantes. Es la región con mayor inequidad mundial: el 10% más pobre solo recibe el 1,6% de los ingresos totales, en tanto que el 10% más rico recibe el 48%; en 2003 el 44% de la población, 225 millones, vivían en la pobreza -en Colombia alcanza el 52%-; 410 millones viven en centros urbanos y de ellos, 80 millones están afectados en su salud por la mala calidad del aire; el 60% de las aguas negras se descarga en los cuerpos de agua.

En cuanto a recursos naturales se refiere, ha sido significativo el deterioro de los ecosistemas en las últimas tres décadas: las pesquerías se han visto reducidas dramáticamente y hoy el 80% está en máxima exigencia; solo en la década del 90 se deforestaron 47 millones de hectáreas, algo así como el 5% de los bosques naturales totales; hay una creciente degradación y salinización de los suelos, 313 millones de hectáreas se han desertificado -16% del suelo-; la pérdida de ecosistemas y su afectación, producto de la deforestación y la contaminación, amenazan su sostenibilidad, la supervivencia de numerosas especies y los servicios ambientales que prestan.

Adicionalmente, una de las principales fuentes de conflicto en la región ha sido la ausencia de políticas claras para el acceso a los recursos naturales, en particular cuando estos coinciden con territorios indígenas. A pesar de la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas en las constituciones de varios países y de un creciente reconocimiento internacional, su aplicación es aún incipiente. En muchos casos, los proyectos extractivos han llevado al empobrecimiento económico, la exclusión social y el deterioro cultural de estos pueblos. Hoy muchos de estos casos terminan tramitándose en las Cortes, como en el caso de Ecuador, donde las multas e indemnizaciones que tendrá que pagar el consorcio ChevronTexaco por los daños ambientales y culturales causados en territorios indígenas de la Amazonía podrían llegar a un monto de US$5.000 millones. Y qué no decir del caso boliviano, donde el conflicto por los recursos naturales ha cobrado ya la cabeza de dos presidentes.

Fernando Sánchez Albavera, en la serie de la CEPAL sobre recursos naturales e infraestructura, al tratar la nueva dinámica del proceso de globalización y la explotación de los recursos naturales en América Latina, afirma que una de las más significativas ventajas competitivas, en algunos casos la única, que poseen los países de la región es su patrimonio natural y por tanto hay que intensificar su explotación de manera sustentable, dado el costo de oportunidad en el aprovechamiento de las ventajas naturales, un mercado perfecto para las opciones más liberales, las cuales asumen que el patrimonio natural mundial debe estar a disposición de los inversionistas y son ellos quienes deben definir la oportunidad y racionalidad de las explotaciones.

Hoy, cuando todos los analistas coinciden en la necesidad de un mayor crecimiento económico para lograr el desarrollo, uno de los principales retos del continente es que el modelo de desarrollo a aplicar sea realmente sostenible y equitativo, lo cual lleva a pensar en la urgente necesidad de fortalecer las regulaciones e institucionalidad ambiental, así como también la responsabilidad social por parte del empresariado.
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