Opinión

  • | 1997/10/01 00:00

    ¿A dónde se fue el ahorro?

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De acuerdo con patrones internacionales, los latinoamericanos siempre hemos ahorrado un porcentaje relativamente bajo de nuestro ingreso y los colombianos una cifra más baja aún que el promedio regional. Entre 1970 y 1990 la relación de ahorro y el PIB fue 20,2% en Colombia, 24,6% en Argentina, 22,1% en Brasil y 22,2% en México. En los países asiáticos, la cifra bordea el 30%. Esta propensión a ahorrar poco se acentuó aún más en los noventa. Entre el 95 y el 96 nuestra tasa de ahorro se ubica en alrededor de 15%, es decir, una baja de unos 5 puntos respecto de los veinte años precedentes.

El comportamiento reciente de la tasa de ahorro en Colombia ha generado gran interés y, en consecuencia, un número importante de trabajos.





Es cada vez más claro que el crecimiento económico se fundamenta, en medida nada despreciable, en la acumulación de capital. En segundo término, se percibe que intentar cimentar el financiamiento de esta acumulación de capital en el ahorro externo, sobre períodos largos, es riesgoso. Entender bien por qué el ahorro es bajo y por qué cayó es, así, fundamental.



El paradigma más útil para comenzar cualquier debate sobre el ahorro, al menos en el caso privado, es una idea sencilla: las personas ahorran para poder cubrir caídas en la relación que en el futuro tengan sus ingresos y sus gastos. El ahorro es alto cuando se piensa que, hacia adelante, el ingreso caerá o las necesidades subirán y es bajo en el caso contrario.



Una primera explicación de la caída en el ahorro ocurrida en los noventa sería el hecho de que los colombianos, en general, supusimos que nuestro ingreso futuro sería más alto que el presente. Las oportunidades brindadas por una mayor integración con el mundo moderno, los descubrimientos petroleros. son argumentos a favor de esta hipótesis.



Una manera simple de calibrar la validez de esta teoría es utilizar los datos de consumo observados y preguntar qué implicarían ellos si la hipótesis fuera correcta. Tras efectuar cálculos sencillos, derivados de la teoría misma, se llega a la conclusión de que se necesitaría que en 1990 los colombianos hubiéramos modificado nuestro pronóstico de ingreso futuro en un 6% aproximadamente. Esto quiere decir que si antes esperábamos que la economía creciera al 4,7% anual histórico, ahora pensamos que crecerá a una tasa mucho más alta, por un tiempo, hasta elevar en 6% su nivel.



Esto no es consistente con los datos. Si comparamos la tasa de crecimiento del período 1990-97 con la histórica, sólo se puede concluir que la tasa de crecimiento es más baja y las cifras recientes de inversión ratificarían esta tendencia. Por ende, o bien insistimos en un error muy grande de cálculo (cosa cuestionable), o la teoría no es válida. Tras observar que el ingreso de largo plazo no parece haber cambiado en Colombia, es cierto que la tasa de ahorro debió haber subido nuevamente si la teoría fuera correcta.



Una segunda explicación tiene que ver con la idea de que la gente ahorra más cuando no tiene acceso al crédito. Hay evidencia internacional en el sentido de que cuanto más alta sea la cuota inicial para la compra de vivienda, más alta será la tasa de ahorro. En Colombia, la cartera financiera duplicó su nivel real, los hogares y las empresas subieron su deuda, como lo muestran las cuentas de flujo de fondos, al tiempo que el sector privado multiplicó por cinco (5) su endeudamiento externo directo. La idea de que se relajaron restricciones de crédito hace que, para un mismo flujo de ingreso, las gentes ahorren menos en el presente y más en el futuro respecto de lo que hubiera sido el caso. Una implicación empírica de esta teoría es que el consumo debería modificar su relación con el ingreso presente. Alguna débil evidencia econométrica sugiere que el residual que surge de una estimación de este tipo no se ha modificado y que, por ende, la hipótesis no es completamente válida.



Otra teoría es que el sector privado ahorra menos a causa del aumento de la carga tributaria desde 1990. Lo que antes se destinaba al ahorro, ahora se va al pago de impuestos. Esta idea es cuestionable. Primero, si entendemos el ahorro como un fenómeno intertemporal, es cierto que una mayor tendencia de la carga tributaria (como la colombiana) debería estar asociada con un alza y no con una caída en el ahorro. La gente tendería a suavizar sus flujos de consumo y los mayores impuestos ya causados deberían implicar una baja del consumo respecto del ingreso hoy. El hecho es que este guarismo subió en los noventa. Segundo, la relación entre el consumo y el ingreso después de impuestos debería ser relativamente constante. En Colombia subió en unos 7 puntos del PIB en el período 1987-90 y en 1996. Pese al alza descomunal de impuestos, el consumo aumentó.



Una última hipótesis es que la caída del ahorro privado surge del hecho de que se percibe que el precio efectivo de consumir va a subir en el futuro y que, dado el ingreso, conviene hacer ya lo que antes eran apenas planes para el futuro. La primera determinante del precio relativo de consumir hoy y no mañana es la tasa de interés. Es completamente cierto que la tasa de interés, al menos en el período 1992-94, era muy baja, en gran parte por las expectativas de tasa de cambio real. Si la gente percibe que habrá devaluación (real) en el futuro, consume más bienes transables y menos no transables hoy de lo que hubiera sido el caso. Ahora bien, ¿por qué se puede anticipar devaluación? Una razón sería un alza de gasto público que aprecia hoy la tasa de cambio, al tiempo que se percibe como algo esencialmente insostenible a largo plazo. El tema de la necesidad de hacer ajuste fiscal y lograr un tipo de cambio más competitivo, reconocido ampliamente en el país como indispensable para la salud futura de la economía, es consistente con esta idea.



En síntesis, la caída del ahorro en los últimos años es un tema que merece la máxima atención. La explicación no es simple y sin duda consiste en una mezcla de las alternativas expuestas. Una percepción inicial de mayor prosperidad futura, asociada con la apertura y el petróleo, una mayor disponibilidad de crédito asociada con diversos factores (mercado externo, política monetaria y cambiaria), y una percepción de insostenibilidad a largo plazo tanto del ritmo de expansión de gasto público como del tipo de cambio real y la competitividad, hicieron que la relación entre consumo e ingreso disponible después de impuestos subiera en grado muy importante en Colombia.



Un simpático debate referido a si esta alza (de unos 7 puntos del PIB) es o no un "boom" de consumo escapa el limitado alcance de este servidor, tan poco ducho en las complejidades de la lingüística. En cualquier caso, todos los trabajos que se han efectuado son consistentes con la idea de que la política fiscal de los noventa tiene un alto grado de responsabilidad en la caída del ahorro privado y subrayan, una vez más y por una vía alternativa, la inmensa prioridad que debe tener la corrección de este enorme problema.



1 Gerente Técnico, Banco de la República. Las opiniones son del autor y no comprometen a la entidad para la cual trabaja actualmente.
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