| 2/2/2007 12:00:00 AM

A propósito del día sin carro

Es difícil no estar de acuerdo con el gobierno distrital en la necesidad imperiosa de descongestionar a Bogotá, de bajar los índices de contaminación, de aumentar la velocidad de desplazamiento, de mejorar la calidad de vida de los bogotanos, etc.¿Cómo se lograría eso? ¿Con la voluntad de la ciudadanía, y a fe que la está aportando, pero, está aportando el Gobierno su parte?

Francamente no se ve. La degradación del servicio de TransMilenio, la superpoblación incontrolada, tolerada por las autoridades, de buses viejos, choferes patanes e irrespetuosos de ancianos, niños, mujeres y en general del usuario, son de bulto.

El día sin carro invita a reflexionar, pero no es el Gobierno quien debe invitar a los ciudadanos a hacerlo. Somos los ciudadanos quienes invitamos al Gobierno a que, sin necesidad de perturbar la actividad diaria de la ciudad, dejándonos un día sin la posibilidad de usar el carro, y sin un servicio público eficiente que lo reemplace, reflexione sobre qué va a hacer en lo que le corresponde para arreglar ese, para hablar coloquialmente, despelote que ha permitido en la movilidad ciudadana, por acción y por omisión.

No es que no haya ideas en el Gobierno sobre como hacerlo. Es que ha sido omiso, tímido, miedoso de enfrentar la situación implementando en términos reales, efectivos, las que hay, inclusive en normas ya emitidas.

Miremos TransMilenio: Hoy, después de cacareadas recientes “soluciones” sigue teniendo un creciente rechazo por parte de quienes antes lo apreciaban, por la inmensa confusión y dificultad para su uso por parte del ciudadano común, los exasperantes apretujones dignos del metro de Tokio, las largas esperas, la falta de personal para orientar al ciudadano. Lástima que el Gobierno vive un mundo ideal, tiene unos anteojos especiales al estilo de los juegos digitales, que les impiden a sus funcionarios ver la realidad y le proyectan otra película, la de un mundo virtual placentero, al que ciertamente queremos tratar de llegar pero del que estamos lejos, en gran parte por su responsabilidad.

Renovamos la invitación al Gobierno, a reflexionar, pero sobre todo, a actuar. Esta ciudad, después de un revivir que se está esfumando, está sobre diagnosticada, cansada de tanta ilusión y planteamientos de una bienaventuranza que está lejos de existir en el mundo real, de paños de agua tibia y de acciones y omisiones absurdas de las autoridades, y hambrienta de más intervenciones, porque las ha habido, efectivas, positivas, concretas y verificables para la mejora de su habitabilidad

Uniminuto*

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