| 6/1/1995 12:00:00 AM

ODA AL PAPELEO

No me dirige la palabra. Ni siquiera me pennite hablarle. Su mirada luce perdida. Está irascible y poco tolerante. Parece completamente ausente. ¡Pero no!... No se trata de mi esposa en esos días especiales. Se trata de mi contador en trance de diligenciar, pulir y presentar la declaración de renta. Soy gerente y socio de una empresa pequeña con ansias de mediana. Hace ya algunos años hicimos el esfuerzo de contratar un contador de tiempo completo puesto que necesitábamos, aparte del ordenamiento lógico de nuestras operaciones, una «herramienta gerencial« que nos permitiera obtener un flujo de información adecuado y eficaz. Más con el paso del tiempo y de los distintos gobiernos dicha herramienta ha pasado a convertirse en un «martillo gubernamental«. Mi contador, ante la maraña cada vez más complicada de leyes, decretos, papeles, formularios, colas, informes, declaraciones nacionales y distritales, reclamos, comparendos, PUCS, ISS, ICBF, cajas de compensación, ¡vas, retenciones, ajustes por inflación, etc., etc., sencillamente ya no tiene tiempo para mí. Ni pensar siquiera en solicitar un simple balance o un pequeño informe. Sencillamente, m¡ contador se volvió un empleado de tiempo completo del gobierno, siempre dispuesto a ejecutar eficazmente la labor encomendada por su nuevo «jefe« o a diligenciar el formulario que se le haya ocurrido al ministro o padre de la patria de tumo.

Lamentablemente la voracidad del gobierno no abarca solamente el aspecto monetario. El cúmulo de tributos (viejos algunos y nuevos otros pero destilando olor a viejo) ha traído también un cúmulo de trámites engorrosos y absurdos los cuales han generado una carga tal de trabajo en los departamentos contables de las empresas que sencillamente los contadores ya no son lo que eran ni hacen lo que solían hacer: producir estados financieros e información general ágil y oportuna. No me queda la menor duda de que los colombianos, a pesar del rechazo instintivo a todo lo que tenga que ver con impuestos y con la consiguiente corrupción que de ellos se deriva, los pagaríamos gustosos si al menos esa tarea fuera eficiente, grata, corta y expedita. Pero lamentablemente la tramitología se tomó el poder. De notaría en notaría, de oficina en oficina, de mando medio en mando medio, nuestro contador se ha convertido en «patinador del Estado» y ya ni siquiera puedo conocer oportunamente cuánto gana mi empresa con el fin de saber a su vez cuánto debo pagarle a «papá gobierno« ¡...Si es que me deja!



José Lucas Dugand, Gerente Imapar Ltda.

EDICIÓN 542

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