| 8/1/1994 12:00:00 AM

MÁS SOBRE LA CHICHA

Con gran sorpresa leí en la edición 14 de DINERO una apología sobre las bondades de la chicha escrita por el señor Ben Odell. Tal vez el señor Odell y los antropólogos Marta Torres, Alelandro Rincón y Guillermo Abadía son muy lóvenes y no vivieron, ni vieron cómo era de tóxica la chicha. Durante la década del 40, trabalando yo en el servicio social, una de mis labores consistía en enseñar a las madres de pocos recursos el no utilizar la chicha cuando su leche era insuficiente. También en esa época el Dr. Bermúdez fundó las famosas gotas de leche, las cuales, entre otros obletivos, trataban de erradicar tan nefasta costumbre. Antes de prohibirse la chicha había grandes fábricas que la producían y distribuían controladas por las rentas departamentales. Por lo tanto, ninguno tenía interés en acabar con un negocio tan lucrativo. Sería magnífico que nuestros antropólogos tan preocupados por nuestra cultura hicieran hincapié y sobre todo festivales en honor a la mazamorra, arepas y demás productos del maíz. Como bebida popular es suficiente el aguardiente. Delemos la chicha donde está: olvidada. Pues ésta, ayudada de la dosis personal de cocaína y marihuana, como dice el redactor de su artículo, nos llevaría a la desintegración de la patria.



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