| 3/2/2001 12:00:00 AM

El problema de los conceptos

En nada sorprende el artículo alusivo a la intrascendencia de los economistas, dado que es tema de vieja data. Ya Sergio Vilar, en su libro La Nueva Racionalidad, y el físico cuántico Fritjot Capra, autor de El Punto Crucial, hacen un profundo análisis crítico sobre el quehacer de los economistas, sustentando sus criterios con ejemplos claros y sólidos argumentos. Pero lo que sí sorprende es:



primer lugar, la ligereza con la que incurre en el error de generalizar sobre los economistas colombianos y sobre la economía, esto implicaría que el anónimo tiene el privilegio de conocer no solo a todos los economistas colombianos, sino que también domina toda la teoría económica (situación de por si improbable).



En segundo lugar, sorprende la confusión conceptual de la que hace gala el anónimo. Decir "que lo que realmente importa no es la economía, sino la política económica", es acogerse a lo que tanto critica: la tecnocracia. Sabido es que una política económica que no se sustente en una teoría (sistema científico que explica y pronostica los hechos), cae en la más burda expresión empírica. Por tanto, no existe nada que alimente más la tecnocracia que la falta de conocimiento científico argumentativo (Teoría).



Asimismo, al generalizar su crítica a los economistas, desconoce que un buen número de ellos reflexionan ahora la realidad desde otros fundamentos epistemológicos. Estos economistas (innovadores, si se quiere) han orientado sus análisis desde la riqueza conceptual y metodológica que brinda la transdisciplinariedad, de modo que recurren a disciplinas como la sociología, la psicología, la lingüística; a saberes como la ética, la política, la estética y la antropología; a las ciencias formales como la física cuántica, la matemática de la complejidad y la lógica; y a las ciencias empíricas como la química y la biología, que orientan, a su vez, estudios de carácter medio ambiental.



Esta concepción del análisis económico abandona la postura positivista que reduce la ciencia a la simple explicación (el qué son las cosas) en su carácter nomológico deductivo, cuantificable, para asumir la perspectiva hermenéutica que busca, más que explicar, interpretar y comprender los fenómenos: el porqué las cosas son.



Otra confusión manifiesta en el artículo se relaciona con los conceptos política que el anónimo confunde con ideología. Si lo importante es figurar para trascender, usando la ideología, se estará de acuerdo en que quien gana el favor público es el político y no el economista; sin embargo, la política es inmanente a la economía y, por tanto, no son prácticas separadas. La confusión se debe a que en Colombia, y en rigor, el ejercicio político no existe, desdibujándose su concepto original, cuya praxis le permite a los pueblos la organización ecuánime de sus economías. En Colombia lo que por política se ejerce no es más que la arcaica pugna de ideologías (modos dogmáticos de ver el mundo y la vida) que buscan el poder para apropiarse de los bienes económicos. En fin: es común la separación radical entre el político y el economista, un extremismo que provoca el desconcierto a la hora de establecer el valor real de la economía y de la política en la consolidación y construcción de una cultura.



Además llama la atención, que sea precisamente uno de los presidentes de las cien empresas más grandes del país, quien haga esta crítica, pues es sabido que toda decisión empresarial es una desición microeconómica. La pregunta que nace es: ¿bajo que parámetros o paradigmas diferentes a la economía esta usted manejando su empresa?.



Para finalizar deseo agradecer al anónimo que permitió reflexionar y conocer en manos de quien esta el futuro de nuestras empresas.



Alberto Delgado Cortés Economista Docente T.C Coruniversitaria Ibagué



EDICIÓN 539

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