| 1/23/2004 12:00:00 AM

Refinanciación de pasivos<br>Pague lo que debe

Es un buen momento para reducir el costo de los pasivos, ahora que las tasas de interés están bajas.

Con frecuencia, el mejor negocio es no hacer un negocio distinto al de pagar las deudas. La aritmética es clara: si el rendimiento de las alternativas de inversión disponibles está entre 7% y 14%, el costo de los créditos de tarjeta es 29,5% y el préstamo de vivienda es 21%, es buena idea considerar un abono al saldo de esas acreencias.

Finalmente, la administración de las finanzas personales tiene el propósito de generar patrimonio (activos menos deudas) y no simplemente el de obtener activos. El objetivo se puede lograr también rebajando los pasivos.

Tener deudas no es malo en todos los casos. De hecho es muy conveniente hacer inversiones apalancadas con deuda, siempre y cuando su retorno después de impuestos sea mayor que el costo del crédito. Sin embargo, si una persona tiene un exceso de liquidez en un momento determinado y cuenta con pocas posibilidades de invertir a tasas altas, lo indicado es pagar.

Se deben cancelar primero los pasivos con el interés más elevado, los sobregiros y los préstamos de consumo y tarjetas de crédito.

En segundo término, vale la pena abonar a la deuda hipotecaria, asegurándose de que el pago extra no se use para disminuir la cuota o anticipar cuotas futuras, sino para disminuir el plazo de la deuda. Al rebajar el plazo, se evitan intereses. A las tasas vigentes, si se hiciera un abono que redujera el plazo total de un préstamo de quince años a cinco, el ahorro en intereses sería la nada despreciable suma de $657.700 por cada millón de crédito.

Otra manera de reducir el plazo es cambiar el esquema de amortización hacia uno que genere cuotas mensuales más elevadas.



Rebajas sensatas

Este es un buen momento para tratar de bajar el costo de las deudas, porque con la recuperación de la economía se espera que las tasas de interés aumenten un poco. El primer semestre es el mejor momento para refinanciarse.

Muchos bancos ofrecen préstamos para cancelar préstamos de consumo en otras entidades, dejando una sola deuda con una menor tasa (consolidación de pasivos). La condición para acceder a estos créditos de refinanciación es tener buenos reportes en las centrales de riesgo y mostrar capacidad de pago.

Refinanciar una deuda hipotecaria, en cambio, es complicado. Tiene muchos trámites y además reduce la calificación del reestructurador en las centrales de riesgo. En la práctica, están reservadas para clientes morosos. Además, si la deuda está al día y supera el octavo año, es mejor no refinanciarla, porque ya entró en la fase de amortización a capital, que genera cuotas decrecientes y menos pago de intereses.

Pagos y refinanciaciones son herramientas adicionales para conformar un programa financiero sensato, eficiente y rentable.

EDICIÓN 546

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