| 6/11/2004 12:00:00 AM

Avícola y concentrados: La hora de la verdad

El sector avícola, uno de los más sensibles frente a los acuerdos, empezó a relocalizarse para competir mejor.

Integración vertical y relocalización serán las dos herramientas que usará el sector avícola colombiano para mejorar su competitividad. Este año los márgenes para los productores se han estrechado, dice Jorge Enrique Bedoya, presidente de Fenavi. Los precios domésticos bajaron por efecto de la competencia interna, y los costos de los insumos para los concentrados (maíz amarillo y soya) aumentaron por cuenta de la demanda en la China.

Para prosperar en este entorno, que además recibe periódicamente presiones del contrabando desde Ecuador (huevos), Venezuela (gallinas vivas) y Estados Unidos (trozos de pollo), los productores se están integrando verticalmente hacia adelante y hacia atrás, tanto en la producción agrícola de maíz, como en la comercialización de pollo y huevo.

Además en 2004 se verán los primeros pasos en la relocalización de la industria hacia zonas productoras de materias primas, cercanas a los centros de consumo. Así en el futuro, el mapa avícola se concentrará en Córdoba, los Llanos y el Valle del Cauca.

Para enfrentar esos cambios, el sector tiene gasolina suficiente. La producción en 2003 creció un vigoroso 6% en términos reales frente al año anterior. Colombia es el cuarto productor de huevos de América después de Estados Unidos, México y Brasil y el quinto de pollo detrás de esos mismos países y de Venezuela.

A pesar del relativo bienestar del sector, el futuro de los avicultores depende mucho de la negociación del TLC con Estados Unidos. De un lado, el país del norte podría insistir en que Colombia abriera completamente sus mercados a los trozos de pollo importados, con lo cual se pulverizarían simultáneamente la producción nacional de pollo y de maíz amarillo, uno de los principales insumos para concentrados avícolas. En este caso no se trata de falta de competitividad de las empresas locales, sino de un problema en el que juegan las preferencias de los consumidores en Estados Unidos. En ese país se consumen solo las pechugas y el resto de la carne se exporta a precios muy bajos. Sin embargo, si optan por esa estrategia, Estados Unidos perdería el mercado de US$463 millones, que valen las importaciones colombianas de maíz amarillo y soya para concentrados y de material genético. El 50% de ese monto se importa hoy de allí.

Por eso en Washington tendrán que hacer un delicado equilibrismo de intereses entre agricultores y avicultores, en una difícil decisión.

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