| 11/1/1995 12:00:00 AM

A consumir mas pan

Federación Nacional de Molineros de Trigo

El desempeño del sector molinero del trigo en 1995 se puede considerar satisfactorio, pese a que durante el año se han presentado una serie de inconvenientes entre los cuales se destacan: elevación de los precios internacionales del cereal; demoras e incertidumbre en la expedición de vistos buenos a las importaciones y falta de armonización del arancel externo común y de otras políticas sectoriales, no sólo a nivel andino, sino también en otros acuerdos comerciales.

Si bien los precios externos del trigo se han elevado hasta la fecha en más del 25%, su efecto se amortiguó inicialmente por la reducción del arancel, debido a la aplicación del Sistema Andino de Franja de Precios, SAFP. Pero, como mantienen una tendencia netamente creciente y ya superaron los US$216 por tonelada métrica (CIF), nivel hasta donde las reducciones del arancel tienen efecto, esta situación, junto con la elevación reciente de la tasa de cambio, viene afectando los costos de producción y los precios de los alimentos básicos derivados del trigo, como son el pan y las pastas alimenticias.

Hasta la fecha no ha sido posible poner a funcionar el proceso de expedición automática de vistos buenos a la importación, pactado en el convenio de absorción suscrito al inicio del presente gobierno. Por esta razón, las empresas molineras han sufrido serios tropiezos en sus operaciones logísticas y financieras ligadas a la importación de trigo, que se han traducido en mayores costos. Adicionalmente, el 14 de septiembre el Ministerio de Agricultura, su pretexto de adecuarse a la normatividad de la OMC, expidió la Resolución 362, que vuelve aún más tortuosa e incierta la obtención de un visto bueno, tarea que puede fácilmente llegar a tomar hasta 90 días y más.

En virtud de la Decisión 370 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, Venezuela y Ecuador consolidaron un arancel externo común para el trigo del 10% CIF, inferior al 15% CIF adoptado por Colombia. Esta situación no tiene explicación distinta al interés de estos dos países de ganar participación en el mercado nuestro, pues los tres son igualmente dependientes de las importaciones. Si bien el gobierno nacional ha sido receptivo a los planteamientos de la industria al respecto y se ha comprometido a solicitar la revisión de la situación, hasta la fecha no hay una solución favorable, otro factor preocupante es la persistencia de sistemas de importación - exportación o de admisión temporal para perfeccionamiento activo, más conocido en nuestro país como Plan Vallejo, en el marco del Pacto Andino y en los acuerdos de desgravación y libre comercio suscritos con terceros países. No tiene ninguna lógica que estos sistemas se mantengan en estos casos, pues ellos constituyen la perforación más evidente y perjudicial a la política arancelaria común, distorsionan el proceso de asignación de recursos y generan prácticas de competencia desleal.

P ara el próximo año los principales retos que enfrenta la industria molinera del trigo son en orden:

1. Poner en marcha su programa de capacitación general y técnica dirigido a los panaderos, el cual tiene como propósito remover una serie de limitantes estructurales para el desarrollo de la cadena productiva.

2. Si no se logra este año, mantener su objetivo de promover la armonización del AEC y la política sectorial andina.

3. Buscar la racionalización y automaticidad en los procesos de obtención de vistos buenos. Solucionar estos dos últimos puntos es la labor más urgente, pues ello contribuye a despejar la incertidumbre que actualmente confronta la actividad industrial, y en general toda la producción de derivados del trigo.

La coyuntura de altos precios internacionales, si bien es preocupante, no está en manos de la industria solucionarla y es previsible que se mantenga hasta mediados del próximo año, cuando vuelvan a entrar al mercado las cosechas del hemisferio norte y la situación tienda a volver a la normalidad.

En el mediano plazo, la prioridad es superar los limitantes estructurales al desarrollo de la producción y el consumo de alimentos derivados del trigo. En la actualidad Colombia tiene uno de los consumos per cápita más bajos del mundo, similares solamente a los de Haití y Bangladesh, equivalente a la mitad de los niveles alcanzados en países de desarrollo relativo comparable. Esta situación es básicamente el resultado de largos años de aplicación de políticas restrictivas a la importación, pero igualmente es la manifestación del alto potencial de crecimiento del consumo.

El reto es desarrollar este gran potencial desde una óptica diferente a la sustitución de otros productos y especies, contribuyendo a mejorar el nivel de vida de la población, pues está plenamente demostrado que mayores niveles de ingesta per cápita de trigo son totalmente compatibles con altos niveles de consumo de otros cereales.

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