| 2/18/1998 12:00:00 AM

Volar, pasión secreta

Los amantes del vuelo en aviones pequeños son una cofradía selecta. Practicar su afición en Colombia es difícil, pero ellos no se cambian por nadie.

Libertad: eso es lo que buscan los aficionados a pilotar aviones pequeños. Tomar el avión, ir exactamente a donde le plazca, sentir el viento y ver la tierra abajo, de una forma como jamás lo haría volando en un jet comercial.



La experiencia es única. "Aterrizar un avión solo por primera vez es el mejor sentimiento del mundo. Es una sensación estupenda de control y confianza en sí mismo", dice Carlos Cadavid, un constructor del Tolima y piloto desde hace diez años, quien con frecuencia alquila aviones para volar con su familia hacia Pasto o Ibagué.



Oswaldo Acevedo, director de Yankelovich, Acevedo y Asociados, es otro ejecutivo que está en el proceso de obtener su licencia. "Ha sido una inversión de mucho trabajo y tiempo. Pero se siente una gran libertad e independencia cuando uno mismo vuela. Es algo que siempre quise hacer y al fin tomé el tiempo para volverlo realidad".



Esta pasión parece alcanzar a los ejecutivos alrededor de su cumpleaños número 40. Tal vez es parte de ese momento en que se observa el punto medio de la vida y aparece el deseo de hacer algo diferente y a la vez un poco peligroso. Ahora bien, el peligro es algo relativo. Volar es estadísticamente menos peligroso que manejar.



¿Cómo se hace?



Entre 1988 y 1997, la Aeronáutica Civil otorgó 868 licencias de piloto. La mayoría de ellos vuela por diversión más que por beneficio económico. Pero obtener una licencia de piloto no es ni fácil ni rápido. Se requiere una combinación de dedicación, memoria, reflejos rápidos y sentido común que no todo el mundo posee.



Carlos Nidia, director de Aerocentro de Colombia en Bogotá y Guaymaral, tiene 30 años de experiencia enseñando a pilotos privados y comerciales de aviones y helicópteros. Según él, no todos los que comienzan el curso tienen la habilidad o la disciplina para terminarlo, no importa lo entusiastas que se muestren al principio. Si alguna vez ha jugado con la idea de volar, he aquí los requerimientos para comenzar: debe tener al menos 17 años de edad, obtener un certificado médico de doctores registrados en la Aeronáutica Civil, ser bachiller y presentar la tarjeta del Icfes con un puntaje medio medio o superior, presentar tarjeta militar, registro civil y cédula.



Obtener una licencia de piloto es un trabajo arduo y demorado. La escuela de tierra comprende 381 horas de clase en áreas como aerodinámica, regulaciones aéreas, meteorología, navegación, motores de aviación y mucho más. El costo de esta parte del curso es de aproximadamente $1.300.000. Los cursos opcionales incluyen inglés, que es el lenguaje internacional de comunicación entre los pilotos y las torres de control. Luego vienen 30 horas en el simulador de vuelo por instrumentos, que cuestan unos $750.000. El Aerocentro de Colombia tiene simuladores tanto para monomotores como para bimotores. La matrícula cuesta $145.000.



La parte más difícil y costosa del proceso es el entrenamiento de vuelo. Un piloto privado requiere un mínimo de 100 horas de vuelo, que deben completarse en ocho meses, en aviones de uno o de dos motores. El costo de esta parte del entrenamiento está por encima de los $12,6 millones, una inversión costosa pues se utilizan aviones dotados de equipos especiales, equipados con controles duales y para entrenamiento en maniobras. En total, obtener una licencia de piloto privado costará un mínimo de $14,8 millones. Si está pensando en cambiar de carrera, una licencia comercial requiere un entrenamiento adicional de 100 horas de vuelo, para un total que puede superar los $26 millones.



Después de todos los estudios y antes de expedir la licencia, la Aeronáutica Civil pide un certificado de carencia de antecedentes de la Dirección de Estupefacientes.



Pero para los aficionados, todos estos sacrificios valen la pena. Para Carlos Cadavid, cuando se superan los inconvenientes, las demoras debidas al clima y el tráfico, volar se convierte casi en una adicción. Cadavid incluso espera poner a su hijo en clases de aviación tan pronto como sea posible. "Es un sentimiento estupendo de control y confianza en sí mismo", dice. "No hay nada igual".

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