| 10/1/1995 12:00:00 AM

Novela del mes La lentitud

La última y esperada obra de Milan Kundera debió haber sido escrita con mavor cuidado v lentitud.

Cuando las novelas de Milan Kundera empezaron a difundirse en forma masiva en el mundo no comunista de Occidente, muchos tenían derecho a preguntarse si el nuevo fenómeno literario obedecía a un bien orquestado montaje publicitario que le venía como anillo al dedo a los propósitos de la guerra fría, o si en efecto se trataba de un indiscutido talento literario que proporcionaría una visión desde adentro, desde la lucidez, desde la sensibilidad del artista de aquella hermética y tantas veces insoportable realidad del socialismo.

Ese fenómeno de alguna manera ya se había repetido varias veces, con obras y autores que fueron importantes para Occidente, mucho más por su capacidad de denuncia de las perversiones de un sistema político que siempre se consideró el "Enemigo mortal", que por la expresión pura y literaria de un gran talento que nos contara cómo acontecían la vida y la historia dentro de aquellas coordenadas políticas.

Kundera sin duda es un hombre de talento, de un talento crítico, a veces mordaz, casi siempre lúcido, que en novelas como "La broma" o "La insoportable levedad del ser", nos dio una imagen nada épica, pero sutil y estremecedora de esas realidades agobiantes y mezquinas con las cuales los ideologismos de cualquier pelambre pretenden encasillar y entristecer la vida y la historia. Sus obras iniciales lo lanzaron, lo acomodaron en el prestigio y en la importancia que el capitalismo siempre salvaje de Oc

cidente sabe prodigar y manipular con virtuosismo.

Una vez instalado en esa artificialidad de la gloria y en las sonoridades del francés parisino, Siguió escribiendo y lo siguió haciendo bien, pues es un escritor con técnica, con recursos imaginativos, con cierta audacia y cierta gracia libertaria para exponer ideas inquie- , cantes y sugerentes Es un

.

escritor que maneja un sutil y grácil rumor de fondo filosófico. Insistimos: es un buen escritor, ameno, sin frivolidades evidentes, con uso elegante y a veces hasta poético del lenguaje. En síntesis, un escritor que no aburre, que mantiene un cierto grado de tensión en sus relatos. Un escritor que, en últimas, uno nunca lamenta haber leído. Pero nos tememos que en su última novela (¿será la última?) publicada por Tusquets Editores en este año de gracia del 95 y concluida en abril del 94, se empieza a notar en Milan Kundera algo que podríamos denominar exceso de profesionalismo. Entendido aquí como compulsión de escribir por el solo gusto de escribir, aunque eso signifique un cierto sacrificio del pensar, del sentir, del soñar y del vivenciar.

Y como Kundera es un escritor con oficio y con técnica, y sin duda un escritor inteligente, lo que escri

be se deja leer con facilidad y agrado, así uno alcance a sospechar lo importante que hubiese sido que "

La lentidud" hubiese sido escrita con cierta lentitud y con cierta maduración. La novela está edificada sobre una metáfora sugestiva: pensar e intercalar una percepción de tiempos históricos diferentes, el tiempo lento, casi impercep

tible, del siglo XVIII y el tiempo veloz e inasible del siglo XX, este tiempo que huye y que se olvida pues "el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido". En la fisura de esa metáfora deliciosa y atractiva, Kundera va coleccionando imágenes narrativas que pertenecen a lo que él llama la matemática existencial, y nos cuenta pequeñas historias que nos resultan interesantes pero nunca estremecedoras. Nos convierte la novela en un divertimento más o menos fácil y placentero, en una pirueta lúdica en medio de la cual a veces parpadea alguna idea política mordaz, o surge el destello de un pequeño fulgor filosófico.

Si Kundera sigue escribiendo novelas como "La lentitud", no cabe duda de que acabaremos enfrenta

dos a un talento en vía de extinción. Dios no lo quiera, pues Milan Kundera en sus primeras novelas fue un gran y respetable escritor de nuestro tiempo.

EDICIÓN 546

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