| 8/1/1995 12:00:00 AM

"Naufragio en Mi Bemol"

Esta vez la obra es del autor de la columna, publicada recientemente por Plaza y Janés.

Asumo un poco la cuota de aparente indelicadeza que puede suponer, o que seguramente supone, el utilizar el espacio de esta columna para hacer referencia a la recientemente publicada novela "Naufragio en Mi Bemol", de ese autor, que siendo yo, Víctor Paz Otero, sigo siendo no sólo el náufrago sino también alguien que difícilmente podría decir algo "objetivo" o aun adecuado sobre su propia obra. Y esto parece paradojal y hasta dramático, pues una novela cuando es visceralmente autobiográfica, como en este caso, tiene la extraña propiedad de alejamos y convertirnos en un desconocido mucho más radical y hasta más esencial que ese supuesto personaje que pretendemos explorar y posiblemente hasta exorcizar. Como si se enfrentara uno a la corroboración pura de esa sospecha que nos hace imaginar que escribir muchas veces es sólo llenar de cicatrices el silencio.

Me niego, por supuesto y por principio, a intentar una aproximación crítica o literaria sobre mi propia obra. Así esa obra al quedar convertida en libro deje de pertenecerme y se convierta en un acto y un hecho externo, en algo cuya existencia está ya situada más allá de los límites de mi conciencia creativa. De tal manera que apelo, como recurso, a transcribir el generoso texto -que no comparto en su totalidad- que la editorial Plaza & Janés ha colocado en las contraportadas de mi Naufragio. Dice el texto aludido:

"El texto se inicia como una puerta que se abre hacia el asombro. ¿Artificio o magia? Lo único táctil y deslumbrante es el despliegue y el encadenamiento de un relato que se construye como una lúcida indagación sobre los problemas esenciales del hombre.

Sería un riesgo de calificar esta obra de 'novela filosófica'. Riesgo en doble sentido, pues la misma designación de novela, a pesar de sus imprecisables y ambiguos límites, tambalea un poco para designar la fusión y la convergencia entre los diversos enfoques narrativos que alimentan la estructura del relato. Hay una continuidad, una historia, un eje narrativo si se quiere, sobre el cual giran y se unifican los aconteceres de lo biográfico. Pero sin duda esto es lo menos relevante, tal vez sólo lo anecdótico, pues la pluralidad de significados, y la cambiante y sutil gama de insinuaciones sobre los que se levantan la arquitectura y la trama de la obra, se refieren a un amplio universo temático donde se cruzan y coinciden la muerte y el erotismo, el suicidio y el amor, la religión y la poesía, el ser y el yo, la historia y la libertad y, por supuesto, la soledad como una gran música de fondo y de cámara que orquesta la narración.

El otro riesgo es la calificación de 'filosófica', pues así la obra se proponga una auscultación de problemas y de temas que preferencialmente han sido objeto y preocupación de la filosofía, aquí el lenguaje obra como una alquimia transmutadora y lo que aparencialmente es denso y complejo, abstracto y teórico, por obra de esa alquimia del lenguaje deviene en puro deleite poético. No es un Naufragio, es un total hundimiento en la poesía. Es una verdadera biografía en imágenes, donde las ideas se hacen carne y metáfora iluminada, donde el lector queda confrontado a la fascinación y tal vez a la 'devoración' de muchos abismos, que son los abismos del autor, los del personaje y los de todos los seres humanos que intuyen la belleza y la poesía como una tabla de salvación".

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