| 7/1/1995 12:00:00 AM

Cambio de rumbo

Se prevé para los próximos dos años una mayor devaluación, un menor crecimiento económico y una apretadita del cinturón.

Se vislumbran cambios en las tendencias de la economía colombiana. La política monetaria restrictiva que ha seguido la autoridad monetaria desde el segundo semestre de 1994, con el consiguiente aumento en las tasas de interés, el elevado déficit del sector externo de la economía, acompañado de un creciente endeudamiento externo del sector privado, la persistente reevaluación y una inflación interna que no cede, las menores expectativas de ingresos por concepto de Cusiana, la eventual destorcida del precio externo del café y la falta de iniciativa del actual gobierno para seguir adelante con el programa de privatizaciones y para atraer capital externo para financiar proyectos de interés público, todo eso está llevando a que se termine la bonanza de los últimos tres años.

Las implicaciones sobre la actividad empresarial son profundas. El sector privado debe prepararse para un período más turbulento, de menor crecimiento, de terminación del ciclo de reevaluación del peso, de relativas altas tasas de interés y de una destorcida de precios de los bienes no transables internacionalmente. En otras palabras, se trata de un cambio de fondo en el entorno económico, en parte propiciado por los "excesos" de gasto de años anteriores, y en parte también por la falta de claridad del actual gobierno para enfrentar con eficacia y celeridad una situación de ajuste económico que, aunque no dramática, requiere de un manejo cuidadoso y muy afinado de la política económica.



ALTO DÉFICIT EXTERNO

Desde 1993 la balanza de pagos del país se encuentra-en déficit. La diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes, o sea la balanza comercial, fue negativa en US$1.600 millones en 1993 y en US$2.200 millones en 1994. Para este año se espera otro saldo en rojo cercano a los US$2.000 millones, no obstante que es el pico de la "bonancita" de las exportaciones de café -US$1.200 millones más de ingresos en este año que antes de la bonancita- y que las exportaciones de petróleo serían superiores en US$700 millones a las de 1994.

Si se tienen en cuenta las exportaciones e importaciones de servicios y otras transferencias de divisas, el saldo negativo de la balanza de pagos se acrecienta, hasta ser cercano a los US$2.900 millones en 1994 y superar los US$3.200 millones en 1995. Estos déficit se aproximan al 5% del producto interno bruto (PIB).

¿Qué tan altos son estos déficit? En buena medida todo depende de cómo ser colombiano, a diferencia de otros países latinoamericanos, una parte significativa se ha financiado con inversión extranjera directa y más concretamente con inversión para el desarrollo del campo petrolero de Cusiana. La mitad de este proyecto se ha cubierto con recursos de la compañía inglesa British Petroleum y la otra mitad con recursos de ECOPETROL, parte de los cuales a través de endeudamiento externo. Se puede decir que estos recursos no son capitales "golondrinas" y que hacia adelante, cuando se empiece a exportar en forma, tendrán un impacto favorable sobre la balanza de pagos.

La otra manera como últimamente se han financiado los déficit de la balanza de pagos es el crédito externo del sector privado. Por un lado, dada la reevaluación del peso, ha sido rentable para los empresarios endeudarse en el exterior, aun para la financiación de capital de trabajo. Por otro lado, las privatizaciones de bancos que emprendió el gobierno anterior y las diferentes concesiones de la telefonía celular, se pagaron principalmente con recursos obtenidos a través de préstamos externos por parte de inversionistas colombianos. No hubo en estos casos una participación grande de inversión directa extranjera. Como resultado de lo anterior el saldo de la deuda externa del sector privado prácticamente se triplicó entre 1993 y 1995, alcanzando niveles que aunque manejables ya son relativamente altos.

La otra fuente de financiación de la balanza de pagos han sido tradicionalmente los préstamos externos para financiar la inversión o gasto del sector público. Dados los altos niveles que alcanzó la deuda externa del sector público en los años ochenta, en esta década la contribución de esta fuente de recursos ha sido negativa. Las amortizaciones de los grandes préstamos externos de los ochenta han superado los ingresos de capital por este concepto. Incluso el gobierno se ha dado el lujo de prepagar deuda pública externa, tanto a la banca comercial internacional como a las entidades multilaterales como el Banco Mundial.



FINANCIACION EXTERNA LIMITADA

En el inmediato futuro no se prevé una cuenta de capital significativamente positiva por el lado del endeudamiento externo, tanto del sector público como del sector privado. A pesar de la retórica del Departamento Nacional de Planeación, la verdad, por lo menos hasta ahora, es que hay muy pocos préstamos externos en proceso para financiar inversión pública. Por ejemplo, el plan de desarrollo establece que el gobierno acudirá masivamente al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar un número importante de proyectos prioritarios del plan de desarrollo. La realidad escueta es que ninguna de estas entidades tiene listos los mencionados proyectos para ser sometidos a su aprobación y eventual desembolso.

Son igualmente limitadas las posibilidades para obtener otros préstamos externos para financiar gasto público. Con excepción de préstamos de proveedores para financiar equipos en proyectos del sector eléctrico, de hidrocarburos o de telecomunicaciones, hoy en día la banca comercial internacional no está en ánimo de aumentar su exposición con el sector público colombiano, ya sea para financiar gastos en pesos o a través de la suscripción masiva de bonos del gobierno.

Tampoco se ve tan claro el panorama por el lado del crédito externo de los particulares. De por sí los altos niveles actuales impiden pensar que los nuevos desembolsos de préstamos externos al sector privado superarán los altos pagos de amortizaciones que tendrán que hacerse en los próximos años. Y los pagos que tendrán que hacerse deberán asumir un riesgo cambiario mayor al de los años anteriores, además del encarecimiento del endeudamiento de corto plazo por los depósitos previos.

Igualmente, el gobierno se ha encargado de desanimar la inversión extranjera. Se la trata con desdén, mientras que en otros países cercanos no se ahorra esfuerzos por conquistarla. En petróleo siguen las mismas onerosas reglas de juego tributarias y de participación pública que hacen de Colombia un país poco competitivo para atraer nuevos capitales. En otras áreas los niveles de tributación también son elevados. A su vez, las privatizaciones en sectores como telecomunicaciones, que constituyen hoy en día un imán para la inversión extranjera, están virtualmente paralizadas.

Lo único que queda es la inversión en Cusiana que llegará hasta finales de 1997, cuando supuestamente el campo entrará en plena producción. Pero esta contribución de Cusiana será insuficiente si se mantienen las tendencias actuales por el lado de la balanza comercial.

Por una parte, las exportaciones plenas de Cusiana solamente se verán, si todo marcha bien, en 1998 y no en 1997 como se había programado inicialmente. De otra parte, estas exportaciones tampoco serán de la magnitud prevista en 1994, y solamente compensarían los menores ingresos de una eventual caída en los precios externos del café.



FINAL DE LA REVALUACIÓN DEL PESO

Con expectativas de un menor ingreso de préstamos externos al inicialmente programado por el gobierno, sin el ingreso masivo de inversión extranjera para financiar proyectos de interés público, con la realidad ya confirmada de menores exportaciones de petróleo y con la amenaza de una dolorosa "destorcida" en el sector cafetero, se plantea para 1996-97 un ajuste en el sector externo de la economía que solamente es viable a través de una devaluación en términos reales del peso. Ello implica un cambio de fondo en la tendencia que se viene dando desde 199z en materia de devaluación.

Visto de otra manera, se vuelve imperativo reducir el déficit de la balanza de pagos, dado que no es posible financiarlo plenamente a través de la cuenta de capital. Una alternativa sería "quemar" reservas internacionales, cuyo nivel actual es superior a los US$8.000 millones (o sea cerca de 6 meses de importaciones de bienes y servicios). Pero todo el mundo sabe que esta no es una solución de fondo al problema. La verdadera alternativa es lograr una reducción del déficit, deteniendo el impulso que traen las importaciones y acelerando el de las exportaciones no tradicionales. En otras palabras, revertir la tendencia de los últimos cuatro años, incluyendo 1995, período en el cual el crecimiento de las importaciones fue muy superior al de las exportaciones no tradicionales.

Habría dos maneras de revertir esta tendencia. Una es aumentar el costo de las importaciones con mayores aranceles o con controles para-arancelarios. La otra alternativa, la más transparente y eficaz, es la de permitir que el ajuste se haga a través de la 'tasa de cambio. Con una devaluación real del peso (o sea con una devaluación superior a la inflación interna) se encarecen las importaciones y se hacen más competitivas las exportaciones. Y de paso, al encarecerse las importaciones se desestímulo el contrabando y se protege a la producción nacional.

De hecho, en las proyecciones de largo plazo de DINERO para 1996-97 se prevé una caída en las reservas internacionales durante 1996-97 cercana a los US$500 millones anuales, aun bajo el supuesto de unas exportaciones no tradicionales creciendo a tasas del 17% en 1996 y 20% en 1997, versus importaciones aumentando al 10% y 5%, respectivamente. Estas proyecciones suponen devaluaciones de dos a cinco puntos por encima de la inflación interna, y una desaceleración de la demanda de importaciones, originada en menores tasas de crecimiento económico.

Es impredecible decir en qué mes exactamente empezará el ajus

te cambiario. Todo dependerá de la política cambiaria del gobierno y de las expectativas del sector privado al respecto. Lo que debe quedar claro por ahora para los empresarios es que existe un riesgo cambiario, especialmente a partir de 1996, el cual es imprescindible incluir como elemento importante en la toma de decisiones de mediano y largo plazo.



AMENAZAS EN EL FRENTE FISCAL

El manejo macroeconómico puede enredarse sustancialmente, con consecuencias cambiarias impredecibles, si el gobierno no ordena sus prioridades de gasto y mantiene bajo control el déficit fiscal. Este gobierno heredó del gobierno anterior unas tendencias explosivas en materia de crecimiento del gasto público, que pudieron absorberse sin muchos trastornos debido a sucesivas reformas tributarias, a la privatización de bancos oficiales y a la concesión de la telefonía celular. La tasa de aumento anual del gasto público a partir de 1992 superó en veinte porcentuales cada año la tasa de inflación. La participación de gasto del sector público consolidado (sin incluir gobiernos municipales y departamentales) pasó de 25% del PIB en 1991 a 30% del PIB en 1994.

Varias son las causas de este desmedido crecimiento en el gasto público. La Constitución de 1991 estableció unas crecientes transferencias para municipios que se llevarán hasta el año 2000 una porción cada vez mayor de los ingresos corrientes del gobierno nacional. Por otro lado, los sueldos de sectores vitales de la administración pública (fuerzas armadas, justicia, salud, educación, etc.) han aumentado en los últimos años también muy por encima de la inflación, sin que se hayan realizado intentos por mejorar la calidad de los servicios prestados. Al mismo tiempo que los gastos de funcionamiento se han disparado, la inversión requerida por el sector de hidrocarburos (ECOPETROL) y por los proyectos de infraestructura también ha ido en aumento, sin que haya un esfuerzo importante para atraer capital privado, particularmente externo, en la financiación de este gasto.

Dado que al gobierno le queda un reducido campo político de

maniobra para seguir aumentando impuestos, que el control de la evasión es tarea difícil y desagradecida y que no hay suficiente disponibilidad de crédito externo, es evidente que se necesita de un ajuste fiscal. No hay que olvidar que la Constitución de 1991 prohibió emitir para financiar el gasto público. A su vez, el mercado de capitales interno, con una demanda (le crédito por parte del sector privado que todavía sigue creciendo a un ritmo muy Moderar las expectativas y revertir las tendencias explosivas que trae el gasto público es parte del ajuste. Si el gasto público sigue desbordado, la meta de bajar la inflación al 18% no se cumplirá y menos aún si simultáneamente se presenta una aceleración de la devaluación, tal como se proyecta para 1996.



CONTRACCIÓN MONETARIA Y ALTAS TASAS DE INTERÉS

La política monetaria expansiva es historia del pasado El proceso de apertura comercial que enlprendió el gobierno anterior a partir de 1992 tuvo un efecto favorable sobre la inflación, al reducir costos y aumentar la competencia en varios sectores eje la economía. El gobierno tuvo el margen para ser laxo en política monetaria, sin que ello ocasionara un desbordamiento inflacionario. Visto de otra manera, el ministro Hommes perdió la oportunidad de asestarle un golpe definitivo a la alta inflación colombiana. Actualmente el sector externo no es fuente importante de expansión monetaria como en años anteriores. Ya se redimieron en su totalidad los certificados de cambio que se habían emitido para evitar monetizar los aumentos que se registraran en las reservas internacionales durante 1991-92. También se

han redimido parcialmente otros títulos del Banco de la República: el saldo actual de OMA's es un 19°/o menor al de hace un año. Esta situación sienta las bases para reducir loes altos encajes del sistema bancario, tal como tímidamente ya lo empezó a hacer la Junta Directiva del Banco de la República. Igualmente le abre espacio al Banco para adoptar una política allás activa de intervención en el mercado cambiario.

Pero la junta del Banco no ha sido agresiva en materia de encajes y compra de divisas por cuanto su preocupación central sigue siendo la de cumplir con la meta de inflación del 18%,), hasta tanto no haya señales claras de que la inflación efectivamente esta cediendo -y en lo corrido del año los índices de precios mensuales del Mane no han sido del todo alentadores a este respecto- la Junta no adoptará una política menos restrictiva. La Junta está, además, preocupada con las presiones de gasto público originadas tanto en el plan de desarrollo como a nivel municipal y departamental. Por otra parte, las restricciones a has importaciones de productos agropecuarios (convenios de absorción de cosedlas, aumento de aranceles, cte.) también han tenido un impacto negativo en la lucha antiinflacionario.

Queda por ver qué pasará con la inflación cuando la tasa de cambio ya no actúe congo -ancla- para controlarla. Y cuando Venezuela deje de subsidiar a través de un manejo cambiario errático la venta de productos de la canasta familiar en el mercado colombiano. Pero si las autoridades mantienen un estricto control monetario, la inflación

eventualmente tenderá a caer a los niveles deseados del 18%, especialmente en 1990.



DESACELERACIÓN DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Desde el año pasado DINERO ha venido proyectando un crecimiento del PIB menor en 1995 que el registrado en 1994. Su proyección del 4.6% para este año coincide con el estimativo más reciente del Fondo Monetario Internacional. Con la excepción del sector agropecuario, de minería e hidrocarburos y de telecomunicaciones, las denlas actividades muestran una desaceleración con respecto al elinamismo de 1993-94.

Las tasas proyectadas para este año no son (le ninguna manera las correspondientes a un proceso recesivo, sino más bien las propias de un proceso de ajuste. Los niveles de ahorro interno de la economía colombiana, que tradicionalmente lean oscilado alrededor del 19-20% del PIB impiden mantener en forma sostenida tasas de crecimiento superiores al 5%, sin que la economía se recaliente o entre en un proceso de alto endeudamiento externo. Los mayores niveles de inversión registrados durante 1993-95 solamente han sido factibles gracias al influjo positivo de capital externo (ahorro externo): inversión extranjera directa para Cusiana y crédito externo de corto y mediano plazo para el sector privado. También repatriación de capitales legales e ilegales.

El eventual final de la reevaluación del peso favorecerá a los sectores exportadores no tradicionales, a empresas que se han visto afectadas por la mayor competencia externa y al sector agropecuario en su conjunto. Sin embargo, una devaluación real tiene efectos recesivos sobre el consumo y la inversión privada, presiona al alza los precios, encarece el servicio de la deuda externa, aleja a la inversión extranjera e induce salida de capitales.

Durante 1996-97 se esperan incrementos del PIB cercanos al 4% anual o inclusive inferiores. La fuente de crecimiento será el sector de hidrocarburos y eventualmente, las exportaciones no tradicionales. Por el lado de la infraestructura física, área en la cual las necesidades del país son muchas y donde los planes del gobierno son muy ambiciosos, no se observan grandes avances en la definición de reglas de juego que garanticen una rápida participación del sector privado en su financiación y administración.

Con estas tasas de crecimiento, los niveles de desempleo deberán aumentar ligeramente, revirtiéndose la tendencia a la baja de los últimos años. Lo más seguro es que el desempleo abierto oscile entre el 9% y el 10% de la fuerza laboral activa. Estos porcentajes no son especialmente altos para Colombia, pero sí son muy alejados de las proyecciones color rosa que a este respecto ha esbozado el gobierno.



IMPLICACIONES EMPRESARIALES

Con múltiples las implicaciones para el sector empresarial de las proyecciones macroeconómicas de los próximos dos o tres años. Pero sobresalen las tres siguientes:

1. Hay que incluir un elemento de riesgo cambiario en la toma de decisiones a mediano plazo. DINERO está proyectando que la devaluación tenderá a ser superior a la inflación interna a partir de 1996, pero ello puede llegar antes (a finales de 1995) o después (a mediados del próximo año) dependiendo de la política oficial. Lo cierto es que las condiciones se están dando para que haya una devaluación real del peso por primera vez desde 1992. No se proyecta, sin embargo, que esa devaluación sea traumática y que supere anualmente en más de cinco puntos porcentuales a la inflación interna.

2. El menor dinamismo previsto de la demanda interna y un entorno de relativas altas tasas de interés y mayor devaluación implica un manejo más cauteloso de materia de endeudamiento y un afinamiento de los sistemas de control de inventarios.

3. Ahora más que nunca las empresas tienen que pensar en esquemas de racionalización de costos y reestructuraciones en la parte administrativa. En el pasado la retórica y los seminarios han superado a la acción. En un entorno menos expansivo como el que se vislumbra, los aumentos de productividad son claves y no solamente a nivel de operarios de planta, sino especialmente a nivel de "cuello blanco". La modernización en el campo de tecnologías de información es imprescindible.

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