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6 metros bajo el nivel del mar
El Metro de Bogotá: La Montaña Rusa en el Patio de la Casa
Amplio cubrimiento mediático, extenso debate y poco análisis se le ha dado a la propuesta de construir el metro en Bogotá. Soluciones como el Transmilenio y el pico y placa se han desbordado, comoquiera que la necesidad de desplazamiento ha aumentado y su creciente tendencia demandará soluciones de largo plazo a la sociedad.
Las causas del incremento en la necesidad de movilidad en todo el mundo están ligadas al natural crecimiento de la población y a la concentración de de la actividad productiva alrededor de centros urbanos. Adicionalmente, el incremento de la proporción poblacional en edad productiva, el continuo aplazamiento en la edad de retiro, y la necesidad de que más de un miembro de la familia deba aportar ingresos al hogar, trae como consecuencia que más gente tenga que desplazarse para llegar hacia sus lugares de trabajo.
Diariamente se escuchan en los noticieros las voces de protesta de los ciudadanos, quejándose por la deficiencia en el transporte público, por los trancones o por los insuficientes buses articulados de Transmilenio, que abarrotados de pasajeros transitan en horas pico. Ante este panorama, nuestros brillantes políticos le han vendido la idea a la gente de que solamente la inversión en un metro y en otras alternativas de transporte masivo agilizarán el desplazamiento de los ciudadanos.
Para los que creen que con un metro se llegará a tener un tranquilo y placentero desplazamiento hacia los lugares de trabajo en horas pico.
La verdad es que ninguna combinación de infraestructura urbana es sostenible en el largo plazo para movilizar eficientemente grandes masas poblacionales. Ciudades como París, en las que todas las alternativas de transporte público y particular están disponibles: tren, tranvía, metro, bus, tren de cercanías y bicicletas públicas, en horas pico los trancones son interminables y los vagones del metro pasan atestados de pasajeros. Igual sucede con las grandes autopistas. Rótterdam esta rodeada por un anillo vial de alta velocidad con 6 carriles, y todas las mañanas escucho en la radio sobre los trancones de más 10 kilómetros para entrar a la ciudad. Qué decir de Miami, que a pesar de que cada año amplía sus troncales para darle cabida a más vehículos, el tráfico se hace cada vez más lento.
Esta es una de las principales autopistas de Miami. 12 carriles en ambos sentidos!!, y los vehículos no parecen avanzar a más de 30 km-h.
Las soluciones de infraestructura para agilizar el tráfico son además paradójicas: entre más puentes, y más autopistas se construyan, más lejos se irá a vivir la gente de sus lugares de trabajo, lo que al final redundará en mayor tiempo de desplazamiento y mayores atascamientos en la ultima milla. Por otro lado, la demanda de transporte se concentra alrededor de horas pico, máximo 3 veces al día, lo que eleva los requerimientos de transporte durante unas pocas horas y deja recursos ociosos la mayor parte del tiempo. "Hubiera salido más barato darle una limosina a cada ciudadano"
Ese fue el comentario de Ronald Reagan al conocer el costo final del Metro liviano de Miami en 1985. Vale la pena cuestionarse si a estas alturas se justifica invertir en un metro en Bogotá. Aunque en este aspecto hay un evidente rezago de décadas frente a otras capitales latinoamericanas como Buenos Aires, Santiago o Caracas, la decisión de construir este sistema no debe ser solamente técnica, urbanística ni mucho menos electoral.
Existe mucha ambigüedad con respecto al costo de construcción de este metro. De acuerdo con algunas versiones de prensa, se estima que costaría entre 2.000 y 2.500 millones de dólares. (Sin incluir el 40% de sobrecostos y demás contribuciones “para”-financieras). En contexto, esta cifra representa casi el 1,5% del PIB del último año de Colombia y el 5,6% del de Bogotá. Para poner en perspectiva este gasto con otros proyectos de infraestructura, el Eurotúnel entre Francia e Inglaterra, una de las obras de ingeniería más complejas emprendidas por el hombre, aún con el descalabro financiero, los sobrecostos del 80%, un incendio y quiebra del proyecto, no llegó a representar sino el 0,46% del PIB combinado de estos dos países.
Una inversión de 2.000 millones de dólares en una sola línea de metro resulta a todas luces desmedida para un país en desarrollo. Al lado de esta cifra, resulta simplemente ridícula la inversión de sólo 450 millones de dólares durante los próximos 20 años para la modernización de las operaciones en el puerto de Buenaventura, donde se moviliza el 60% del comercio exterior colombiano. Ni qué decir de otras necesidades prioritarias para el bienestar económico y social. Por qué no realizar una inversión estratégica, que genere valor a largo plazo? Por ejemplo, convertir el país es una potencia mundial en generación energética a partir de recursos naturales renovables, como montañas, ríos y volcanes, con los cuales Colombia ha sido desproporcionadamente bendecida.
Hood Robin
Quiénes son los más interesados en la construcción de un metro en Bogotá? Además de la momentánea generación de empleo, usada extorsivamente para forzar a los gobiernos a emprender toda clase de inversiones de infraestructura en tiempos recesivos, hordas de inversionistas andan por el mundo en desarrollo en búsqueda de alternativas de inversión de largo plazo, con las que puedan compensar las bajas tasas de interés en el mercado de renta fija. Fondos de pensiones y compañías de seguros son los candidatos ideales para financiar un metro de 2.000+ millones de dólares. Por supuesto, estos avezados inversionistas tomarán las medidas necesarias para garantizar un retorno sobre su inversión y adoptar posiciones de cero riesgo, como por ejemplo, configurando un PPP (Public Private Partnership), a través de un SPV(Special Porpouse Vehicle). Mediante esos mecanismos, el gobierno tomaría parte en el proyecto como garante de los ingresos futuros. Como condición, la banca local y multilateral tendría que participar en el proyecto, ya que son dos rehenes que ejercerían amplia y efectiva presión sobre el gobierno, para que éste último sea quien asuma los costos y riesgos en caso de demoras, sobrecostos o baja utilización del sistema. Algo que ocurrió en el pasado con el metro de Medellín, del que hasta hace poco quedaban laudos arbitrales en disputa y que condenaban a la nación a pagar millonarias sanciones. Al final, y a contrapelo de toda lógica y sentido común, los que financian y promueven estos proyectos son como Hood Robin: le quitan el dinero a los pobres para dárselo a los ricos.
Proxima entrada: Creatividad y bienestar en soluciones de movilidad.
mailto:alvaroj.blog.dinero@sistrategic.com
PUBLICADO 28/06/2008
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Cómo explico para qué sirve un Ingeniero Industrial?
Desde cuando llenaba la aplicación para ingresar a la
Universidad aquí en Holanda, hasta en las entrevistas de trabajo me he encontrado en una
difícil situación al tratar de describir en detalle mi pregrado en Colombia. Y
no es porque me sienta avergonzado de lo que estudié ni de dónde lo estudié,
sino porque en este país, y probablemente sea el caso en otros, a
alguna gente le cuesta entender esa extraña combinación académica, en su
versión muy colombiana, llamada Ingeniería Industrial.
Es
algo recurrente. Incluso cuando en medio de una conversación con mis amigos de
la Universidad he descrito el contenido del pénsum de 60 materias que me
tuvieron ocupado por un poco más de 5 años, he notado cejas levantadas y otro tipo expresiones de sorpresa
en sus caras. Les resulta casi que incomprensible cómo es que en un mismo
programa de estudios se combinen disciplinas tan disímiles como administración, producción o finanzas con ciencias básicas como física y
química, fundamentadas además con un alto contenido de matemáticas y
estadística. No menos complicado ha sido tratar de explicar mi experiencia
laboral. Mucha gente aquí no entiende cómo es que después de haber estudiado
una ingeniería, ingresé a una editorial a trabajar en el área de marketing
coordinando focus groups con profesores.
Al
principio me costaba mucho entender qué había de inconsistente o ambiguo con
mis antecedentes académicos o con mi trayectoria profesional en comparación con
los estándares locales. Casi dos años después y luego de haber
observado e interactuado con estudiantes y profesionales en distintos
escenarios, he percibido algunas diferencias fundamentales entre nuestra
formación profesional y la que recibe la gente de estas latitudes,
específicamente en disciplinas relacionadas con la ingeniería y la administración.
En
estas breves líneas expreso mi percepción, reconociendo que generalizar en
estos casos es complicado y siempre existirán contraejemplos de uno y otro
lado; pero vale la pena preguntarse qué hay en la formación académica que aquí
se imparte, que ha hecho que esta sociedad haya llegado a niveles superiores en
la técnica y en los negocios.
Primero
que todo, La verdad, no es que sepan conceptos ni principios que no estén al
alcance de nosotros o que no nos enseñen en nuestras universidades. Los textos de educación superior son incluso los mismos. Con algunas excepciones, las bases teóricas de la mayoría
de las disciplinas técnicas han permanecido sin muchos cambios por décadas, y
en algunos casos por siglos. Con Internet el conocimiento de punta esta a un
clic de distancia.
No
es que tengan un talento intelectual excepcional, otorgado gratuitamente por una
condición genética superior -Así esta gente lo siga creyendo muy en sus
adentros- Prueba de lo anterior es el hecho de que los estudiantes colombianos
y latinoamericanos que adelantan estudios en universidades de países
desarrollados obtienen muy buenos resultados académicos. -Para efectos de
poderme incluir en el ejemplo, admitamos que obtienen resultados promedio.
Algo
que me sorprendió, es que aquí en la Universidad, el conocimiento no se
transmite a través de métodos pedagógicos avanzados. Luego de estar vinculado
por varios años a una compañía con presencia en el sector educativo, esperaba
encontrar aquí algunos de los métodos educativos de vanguardia que se pretenden
implementar en Colombia. Aunque aquí cuentan tecnología audiovisual e
informática de punta, las clases las siguen dictando con el método tradicional
de tiza, tablero, libro y examen, y la calificación numérica sigue siendo el
patrón de medida.
Especialización,
Aplicación y Estructura
Estos
tres aspectos crean una diferencia abismal en la manera en como la formación
profesional se enfoca aquí con respecto a la que se nos imparte en Colombia. Aquí
desde el mismo colegio los niños son orientados hacia alguna disciplina, oficio
o profesión, y una vez escogido el camino vocacional, se concentran allí y se
vuelven muy buenos en ese campo. Aquí hay carreras que a nosotros nos sonarían
algo extrañas, como por ejemplo Economía de la Informática, una visión muy
reducida pero muy enfocada de estas dos disciplinas.
El
alto grado de especialización tiene varias ventajas. Por un lado facilita el
aprendizaje, pues permite enfocarse en un limitado espectro de temas y
abordarlos con mayor profundidad. Mientras que en mi pregrado llegué a tomar
hasta 8 materias simultáneamente por semestre, en esta Universidad se toman
sólo tres cursos al tiempo.
A
largo plazo, la especialización tiene un impacto en la economía de una
sociedad. La división del trabajo favorece la dinámica de intercambio de bienes
y servicios, fomenta una distribución más equitativa de la riqueza y de alguna
manera, esta relacionada con la supervivencia de los negocios en el tiempo, toda vez que se desarrolle tecnología para mejorar procesos, o innovar
en productos y servicios. Es muy frecuente encontrar empresas o negocios con 200 y en algunos casos más de 500 años de fundadas.
Por
otro lado, la especialización es una manera eficiente de transmitir y generar
conocimiento, ya que no se emplean recursos en impartir una educación a quien
no tiene aptitudes, o a quien rara vez empleará el conocimiento aprendido a
resolver problemas de la sociedad.
La aplicación del conocimiento, es una constante aca. Esta
gente aplica lo que aprende, llevandolo a la práctica en la resolución de problemas reales, actuales e
incluso aquellos que todavía no nos imaginamos que ocurrirán. Un claro ejemplo
de esta aplicabilidad es la estrecha relación que aquí tiene la Universidad y
la industria. Compañías como Shell, Unilever y Phillips acuden permanentemente
a la academia para buscar soluciones a problemas existentes, generando un
espacio que propicia la ampliación de las fronteras del conocimiento; una
relación gana-gana.
Con
respecto a la estructura, he notado que en términos generales, esta gente es
muy metódica en la manera en que aborda los problemas o planea un proyecto. Usan
mucho la “mesa de dibujo” que les sirve para hacer un modelo o boceto que les
permite anticipar, con un alto grado de precisión los resultados de sus
acciones.
El
reporte lo quiere con letra pequeña y a doble espacio?
Ahora
bien, el tipo de formación que recibe esta gente tiene sus desventajas en la
práctica. Son excesivamente esquemáticos, necesitan mucha instrucción para
ejecutar y pocas veces piensan “por fuera de la caja”. Para mi resulta
increíble que a las alturas de una maestría, todavía haya estudiantes que
le pregunten al profesor por las dimensiones de las márgenes de un reporte o
el número de palabras que debe contener como máximo. A veces pareciera que el
entorno en que viven hace que el gen del criterio y del sentido común se les
atrofiara.
Así
pues, esa idea del ingeniero “integral” aquí no es que haya tenido mucha
acogida y seguirá generando más de una duda. Hasta cuando seguiremos educándonos con el principio del mar de conocimientos con un centímetro de profundidad.
mailto:alvaroj.blog.dinero@sistrategic.com
PUBLICADO 08/03/2008
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No le instale las riostras que el edificio resiste
LOS RIESGOS Y LAS SUPOSICIONES DE LOS COLOMBIANOS
Hace poco leí en un libro el siguiente fragmento de una entrevista a un reconocido empresario y hombre de negocios:
Reportero: Cuál es la clave del éxito en sus negocios?
Empresario: Buenas decisiones.
Reportero: Y cuál fue la clave para tomar esas buenas decisiones?
Empresario: La experiencia.
Reportero: Y de dónde proviene esa experiencia?
Empresario: De las malas decisiones.
Una de las principales razones que me motivó a adelantar estudios de postgrado aquí en Europa, fue el interés por superar la asimetría de la información que nos pone en desventaja frente a los países desarrollados. La asimetría en la información es el principio bajo el cual aquellos que saben o hacen algo, se pueden lucrar (y en mas de un caso, abusar) de aquellos que no poseen la información ni los medios para explotarla. El medico y el técnico en sistemas son dos ejemplos de este principio. De saber lo mismo que ellos, no tendríamos que recurrir a sus servicios cuando nos enfermamos, o cuando desconfiguramos el computador de la casa.
Al venir hasta Holanda a realizar la maestría en administración, buscaba aprender lo mismo que sabe esta gente y que nosotros no, y adquirir ese mismo conocimiento que en buena parte explica el éxito económico de sus empresas y en general, la prosperidad de esta sociedad.
Unos de los aspectos que he encontrado realmente sobresaliente y en el cual se nos ha insistido mucho en la maestría, es la acertada toma de decisiones como factor de éxito. Este tema lo hemos abordado en dos cursos: el primero desde las perspectivas psicológicas y conductuales, y otro desde las metodológicas, analíticas y matemáticas. En realidad, desde el punto de vista académico, sí se ha avanzado muchísimo en metodologías, teorías y herramientas de soporte a la toma de decisiones. Pero más allá de los libros, diapositivas y talleres, y luego de interactuar en este país como ciudadano de a pie, o mejor, de bicicleta, estudiante y empleado de una empresa multinacional, he comprobado cómo efectivamente, la acertada toma decisiones es un elemento característico de esta sociedad, especialmente en tres aspectos fundamentales: la manera en que asumen riesgos, realizan supuestos y aprenden de sus experiencias pasadas.
Puntada con dedal
El riesgo, presente en toda actividad humana, es la posibilidad de obtener resultados desfavorables, que ocasionan una perdida o que causan daño. Financieramente se mide como la probabilidad de ocurrencia del evento desfavorable, amplificado por la magnitud de su impacto económico. Los riesgos no siempre se pueden evitar, y bajo ciertas circunstancias se pueden y deben tomar. En este ultimo caso, las 3 reglas de racionalidad para asumir riesgos son (i) anticiparlos, medirlos y tratar de establecer su magnitud (ii) compensarlos proporcionalmente con una utilidad. A mayor riesgo, mayor utilidad esperada, y a mayor expectativa de utilidad, se pueden tomar mayores riesgos. (iii) Limitar la exposición a los eventos desfavorables y preparase contra ellos. Estos criterios de racionalidad en la toma de riesgos son transversales en estas sociedades desarrolladas y se han incrustado en su cultura desde épocas ancestrales. Los ejemplos son innumerables, pero para mencionar solamente uno; la poquita tierra que tienen los holandeses, se la tienen que pelear con el mar, con el riesgo inminente de que se inunden, como ya les pasó en los 50. En este caso, aunque es un riesgo inevitable, pues no tienen otro sitio a donde irse a vivir, como sociedad han tomado medidas para minimizar su impacto y disminuir, hasta donde su presupuesto se los permite, la probabilidad de que se vuelvan a inundar otra vez, construyendo diques y compuertas.
Con cara pierdo y con sello no gano.
Contrastando lo anterior con nuestro caso colombiano vemos una marcada diferencia. Hablo aquí de generalidades. Es decir, ni todos los países desarrollados siempre asumen todos los riesgos de manera racional, ni nosotros siempre lo hacemos al contrario. Sin embargo, hay algunos rasgos que nos caracterizan a la hora de tomar riesgos: (i) no anticipamos los riesgos de nuestras acciones (ii) tomamos riesgos descompensados, que no nos dejan ninguna utilidad o beneficio (iii)cuando pasan los eventos desfavorables, nos toman por sorpresa. Nuevamente sostengo que no son todos, pero en términos generales, los ciudadanos del común, las empresas y el gobierno, tenemos una tendencia a la irracionalidad en la toma de riesgos. Tomamos unos riesgos descompensados y no tomamos los riesgos, esos si, que a largo plazo podrían generarnos algún beneficio. El crecimiento y el desarrollo económico implican asumir riesgos. De ahí el dicho, el que no arriesga un huevo, no saca un pollo.
Llevarse un semáforo en rojo, adelantar en una curva peligrosa o dejar las cosas para última hora, son típicos ejemplos de actitudes irracionales frente al riesgo. Son descompensados, es decir, no recibimos ningún beneficio a cambio, o de haberlo, este no se compara con las consecuencias en caso de que el resultado sea desfavorable. Analicemos con más detalle el adelantar en carretera en una curva peligrosa. Si la maniobra imprudente sale mal, se puede causar una tragedia de proporciones bíblicas (no medimos el riesgo). Si por el contrario, la maniobra ocurre sin novedad, no ganamos nada más que algunos segundos en el recorrido, que después muy probablemente serán perdidos en el siguiente trancón (riesgo descompensado). Cuál es la utilidad esperada de esta maniobra?
Son innumerables los ejemplos que podríamos emplear para ilustrar nuestra actitud hacia los riesgos. No hacer backup a la información, no leer las instrucciones, (nos ufanamos además de ser dizque cacharreros y curiosos), auto recetarse, no darle mantenimiento adecuado a los equipos, no instalarle las riostras a la estructura de la Torre de la Escollera, no arreglar la rejilla de seguridad de la toma de succión de una piscina y que desafortunadamente le costó la vida a un niño o concentrar la inversión de los fondos de pensiones en TES. Estos tres últimos ejemplos prueban que también en las empresas se corren riesgos innecesarios.
La suposición es la madre de todas las desgracias?
Idealmente, las decisiones se deberían tomar una vez se haya recolectado y verificado toda la información relevante. Desafortunadamente casi nunca es el caso. La creciente complejidad y dinámica a la cual se esta moviendo el mundo, hacen que no podamos esperar a tener toda la información antes de tomar una decisión. Irremediablemente tenemos que hacer supuestos para evitar caer en la “parálisis por análisis”. Ahora bien, dichos supuestos tienen que ser una combinación, en misteriosas proporciones, de intuición, sentido común y evidencia sustentada en hechos y datos.
No existe una fórmula mágica para hacer supuestos, pero hay unos mejores que otros. Nosotros confundimos el optimismo con unos supuestos sin fundamento, o en el peor de los casos, contra evidentes. Eso qué lo van a preguntar en el examen, mañana no va a llover, el plazo para pagar los impuestos lo amplían, ese producto va a ser un éxito en el mercado, o no va a ventear duro, en el caso de la Torre de la Escollera, son los típicos ejemplos de los supuestos que realizamos nosotros. A pesar de que a veces contemos con tan buena suerte de que se cumplan nuestros supuestos, no significa que tomemos las mejores decisiones.
La Torre de la Escollera en Cartagena

Este es un monumento a la mala toma de decisiones
1. Decisión: No le instale las riostras (soportes diagonales) a la estructura. 2. Supuestos: Eso qué va a ventear a más de 100 km-h, ademas, la estructura resiste. 3. Riesgo: Si el supuesto no se cumple, hay que demoler el edificio, y si se cumple, no se gana nada.
Finalmente, sí hubo vientos de 130 km-h, la estructura se torció y tuvieron que desmontar el edificio.
El mito del eterno retorno
Aprender de las experiencias pasadas es otra muestra de racionalidad. A nosotros nos cuesta mucho aprender de las experiencias de los demás y aún de las propias. Nos pueden pasar las cosas una y otra vez y parecemos como repitiendo la misma historia. Cuántas veces más se bloqueará la carretera a Buenaventura a causa de los derrumbes, o se inundará Córdoba cuando llega la temporada de lluvias?. Ojala que la respuesta no sea: pues cada vez que haya temporada de lluvias. Que las cosas salgan mal es normal, a todo el mundo le pasa, pero que ocurran una y otra vez es un acto de irracionalidad. Como dicen los japoneses: “El primer error pasa, el segundo es vergüenza”
mailto:alvaroj.blog.dinero@sistrategic.com
PUBLICADO 01/07/2007
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Cruzando las calles de Rotterdam
No me he podido acostumbrar. Tampoco José, mi amigo brasilero, a cruzar las calles con la seguridad y naturalidad que en estas tierras supone hacer uso correcto de los semáforos y cebras peatonales. Luego de estar aquí por más de 9 meses, seguimos siendo motivo de burlas por parte de nuestros compañeros de clase cuando por ejemplo, caminando en grupo atravesamos una calle. Mientras que ellos, la gran mayoría europeos, cruzan la calle tranquilamente cuando el semáforo peatonal así lo indica, José y yo, simultanea pero independientemente, paramos, y nos cercioramos que no venga vehículo alguno, incluso en sentido contrario a la dirección del tráfico, así el semáforo peatonal esté en verde.
No es la primera vez que me pasa. Es solamente un natural instinto de supervivencia que desarrollamos quienes hemos tenido que vivir en un entorno caracterizado por la incertidumbre y la antilógica. Hace unos años estaba en la misma situación, cuando caminaba con mi jefe por las calles de Boston. Los conductores sorprendidos, no entendían por qué nosotros, aunque el semáforo peatonal estaba en verde, esperábamos a que todos los carros estuvieran totalmente detenidos antes de que cruzar la calle.

La gente cruza las calles tranquilamente, incluso sin necesidad de semáforo
Este instinto de supervivencia es una demostración de incivilidad es estos países desarrollados. Sin embargo, tienen sus ventajas. Recuerdo por ejemplo una vez que tomé un vehículo colectivo en el aeropuerto de Logan en Boston. Dicho vehículo recoge pasajeros en el aeropuerto y los lleva a distintos hoteles. Todas las maletas se ponen en la parte de atrás y a medida que va haciendo las paradas, el conductor entrega a cada pasajero sus respectivas maletas. Por regla general cuando viajo, siempre trato de tener mi equipaje a no más de medio metro de distancia, así que en este caso, en el que las maletas de todos los pasajeros se pusieron todas juntas, me sentí un poco impaciente. Constantemente iba vigilando mi maleta. En una de las paradas de este vehículo, antes de llegar a mi hotel, se bajaron dos pasajeras. El conductor tomó equivocadamente mi maleta, la bajó y se la entregó a la pasajera, quien no notó la diferencia y la recibió sin haber verificado que efectivamente se trataba de su equipaje. Inmediatamente les hice saber a ambos de la confusión y luego de una breve disculpa por parte del conductor, le entregó a la pasajera su maleta y regresó la mía al vehículo.

Semáforos incluso para las bicicletas
En este caso, mi instinto de supervivencia evitó que perdiera mi maleta. Creo además que es una fuente de ventaja competitiva frente a la mayoría de los ciudadanos de estos países europeos que carecen de dicho instinto. Están tan acostumbrados y confían tanto en su mundo perfecto, en que todo funciona bien, que muy pocas veces están preparados para situaciones impredecibles o fuera de contexto. Para ellos lo normal es que los carros paren en la cebra, que el tren llegue con menos de 1 minuto de retraso o que nunca haya productos agotados en el supermercado. En este aspecto, José y yo, seguiremos teniendo una ventaja en estas tierras.
PUBLICADO 10/06/2007
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Etica e Identidad Nacional
Hace algunos meses, estaba en un restaurante
con varios de mis compañeros de la U. Luego de ordenar y mientras esperábamos
la comida, surgió de manera espontánea una conversación que tuvo como tema
central el alto costo del transporte público en Rótterdam comparado con otras
ciudades de Europa. En esta ciudad, viajar en el metro para recorrer un tramo
de menos de medio kilómetro puede superar los 2 Euros por trayecto.
Debido a que no hay un control estricto ni una
vigilancia permanente en la entrada al metro, es posible viajar sin pagar. Precisamente
ese fue el tema de la conversación en dicho restaurante. Uno de los compañeros
de la clase, un alemán, contaba de manera graciosa, cómo solamente insertando
cualquier tarjeta o pedazo de cartón en la maquina que timbra los tiquetes, se
podía acceder a este servicio sin necesidad de pagar. -una práctica usual entre
los estudiantes extranjeros y algunos inmigrantes. Su comentario generó risas
entre nosotros, que fueron interrumpidas por una compañera, también alemana a
quien no le hizo mucha gracia el cuento y le increpó diciéndole “Tu no deberías
hacer eso porque eres alemán”.

Estas son las puertas automáticas para ingresar al metro
Me sorprendió su respuesta, pero resulta
interesante entender cómo en términos generales, algunas sociedades han llegado
a incorporar en su identidad nacional unos profundos valores éticos y una
adherencia a las reglas. Es increíble también, entender cómo el sistema social
y económico de algunos países Europeos tiene como supuesto fundamental la
integridad del ciudadano y su respeto por las normas de convivencia. No quiere decir esto, que en estos países, no
hayan previsto que existan personas que no se acojan a las reglas.
Volviendo al caso del metro, periódicamente,
personal de la empresa de transportes -generalmente grupos de entre 10 y 15
monos de 1.90 de estatura, realiza operaciones de verificación, en las cuales
revisan que efectivamente la gente haya pagado el valor correspondiente a su
viaje. En caso de que algún infractor sea sorprendido, éste debe cancelar el
valor del tiquete, mas una multa de 40 euros. Este elemento disuasivo hace que cualquier persona racional no tome semenjante riesgo. Pero el manejo de los riesgos es un tema que estará destinado a una entrada completa en este blog.

Estos son los funcionarios del metro, preparandose para un operativo de verificación de tiquetes
PUBLICADO 28/04/2007
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