| 6/10/2005 12:00:00 AM

Un mundo en desequilibrio

El NO de Francia y Holanda a la Constitución Europea refuerza la tendencia de este continente hacia el estancamiento y pone en peligro el equilibrio mundial.

La negativa de estos dos países a aceptar la Constitución Europea llega en mal momento, justo cuando este continente lucha, sin éxito, por salir del estancamiento económico. De hecho, la OECD, con sede en París, acaba de lanzar una voz de alarma frente al pobre desempeño de la Zona Euro y Japón, y advierte sobre la necesidad de impulsar el crecimiento en estas dos regiones del mundo para evitar una crisis mundial.

No obstante, si antes del NO las reformas económicas requeridas para estimular el crecimiento no eran fáciles de adoptar, ahora lo serán menos. Detrás del NO de los electores está el descontento de la población con sus líderes y con los malos resultados económicos, sobre todo en el tema del empleo. Lo que está pasando en Europa es un círculo vicioso, difícil de romper y que podría poner en riesgo no solo el futuro de esta región, sino también el del resto del mundo.

A esta situación se suma el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos (la mejor manera de medir el desequilibrio mundial), que se estima llegará a US$900.000 millones, equivalentes a 6,7% de su PIB en 2006.



El descontento europeo

Para los gobiernos de Francia y Holanda, la negativa de los electores a respaldar la Constitución Europea es una clara señal de su descontento. Entre las razones de esta decisión de los votantes, está la preocupación -no solo de estos dos países, sino de todos los de la Unión- de que una rápida expansión de la Unión Europea y, en particular, el posible ingreso de Turquía, estimularía la inmigración de musulmanes a la comunidad.

En el caso particular de Francia, está además la desesperación de los franceses con el desempleo superior al 10%, y particularmente alto de los jóvenes entre 18 y 25 años, y el temor a un masivo ingreso de trabajadores de los países de Europa del Este. Los franceses le temen a la idea de la globalización pues consideran que las reformas hacia el mercado libre solo agravarán la situación.

De otra parte, las razones que llevaron al 61,6% de los votantes holandeses a rechazar la Constitución son bien diferentes a las de los franceses. Para los habitantes de Holanda, el reiterado incumplimiento de Francia, Alemania e Italia -las grandes economías de Europa-, frente a lo acordado en el Tratado de Maastricht es inconcebible. Igualmente, los habitantes de este país creen que el proyecto de unificación de Europa es manejado por un grupo de burócratas en Bruselas que solo les roba la identidad a los países.

Pero cualesquiera que hayan sido las razones detrás del NO de estos dos países a la Constitución Europea, las consecuencias para ese continente no son buenas, al menos en el corto plazo.

La prospectiva de una Europa unida y fuerte con un mercado expandido y donde se llevarían a cabo las reformas necesarias para hacerla una zona competitiva y productiva, está ahora en duda.

De hecho, hay grandes temores frente a lo que Jacques Chirac, presidente de Francia, estaba pensando cuando -en una alocución televisada después de la votación del domingo 29 de mayo- aceptó lo que se considera una derrota de su administración y prometió responder a las preocupaciones de los franceses cambiando el ímpetu de acción del gobierno.

Lo que inquieta a los analistas es que el gobierno francés se eche para atrás en sus políticas ambiciosas e impopulares y se incline por el lado del proteccionismo. El problema, no obstante, para este gobierno está en que no tiene recursos para estimular el empleo, ya que lo más probable es que Francia vuelva a incumplir por cuarto año consecutivo la meta de déficit fiscal por debajo de 3% del PIB acordada en el Tratado de Maastricht.



La reacción de los mercados

El temor de los mercados frente a lo sucedido recientemente con la Constitución es que Europa no tiene la fortaleza política para sacar adelante el proceso hacia una economía más productiva. El euro, cuya fortaleza estaba basada precisamente en esta prospectiva, ha perdido valor frente al dólar y muy posiblemente siga perdiéndolo.

Esto a su vez se ve reforzado por la disparidad que se está presentando en las tasas de interés entre Estados Unidos y la Unión Europea. Mientras que el Banco Central Europeo muy posiblemente mantenga las tasas de interés en 2%, que es el nivel que considera adecuado para controlar la inflación y no afectar la demanda, en Estados Unidos, la Reserva Federal continuará con las alzas graduales de los intereses de corto plazo, para llegar a 4% a finales del año.

Esto incentivará los flujos de capital hacia la economía estadounidense, lo cual favorecerá el valor del dólar.

Pero no hay que olvidar que el mundo está en desequilibrio. De acuerdo con la OECD, para corregirlo y evitar una catástrofe mundial se necesita que Europa y Japón crezcan a tasas más altas, que Estados Unidos eleve su tasa de ahorro y que las economías asiáticas permitan la revaluación de sus monedas.

El crecimiento de Europa por lo pronto está en entredicho y Estados Unidos, en la medida en que pueda seguir financiando su déficit de corriente, continuará consumiendo más allá de sus propios recursos. Asia, por su parte, hará lo imposible por mantener sus monedas atadas al dólar, pues ninguno de los países de esta región va a permitir una revaluación de su moneda antes de que lo haga China. Y China ha reiterado que en este tema no se moverá al ritmo que desea Estados Unidos.

De esta forma, los desequilibrios se mantendrán por más tiempo y la vulnerabilidad de las monedas más que disminuir seguirá aumentando.
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