| 4/15/2005 12:00:00 AM

Un año flojo

La mayoría de los economistas encuestados por Dinero espera un menor crecimiento de la producción en 2005 que el registrado el año pasado. Hay que insistir en el ajuste fiscal.

Las noticias no son buenas. La cifra de crecimiento esperada este año por la mayoría de los economistas consultados por Dinero en abril, es de 3,7%. No solo es inferior al 3,96% de 2004, sino que sería por segundo año consecutivo, menor que la de América Latina, que la Cepal estima en 4% y el Banco Mundial en 4,3%. Los especialistas opinan que el 3,7% se mantendrá también para 2006.

El resultado final dependerá del comportamiento de la inversión y el consumo privado y del efecto del alza de tasas de interés en Estados Unidos sobre los flujos de capital en los mercados emergentes y en el crecimiento de Asia.



Un mejor futuro

Alberto Bernal de IdeaGlobal, el más optimista, espera una tasa de crecimiento de 4,3%. Sus pronósticos han probado ser bastante precisos. La proyección de PIB para 2004, hecha en enero de ese año, difirió en 0,16 puntos porcentuales del dato final del Dane. "El crecimiento del PIB durante 2005 dependerá del vigor de la demanda interna, mayormente del consumo privado, que Idea espera que crezca al 4,8%", sostiene Bernal. Además, prevé que la inversión crezca más de 4,3%.

Corfivalle, cercana al entusiasmo de IdeaGlobal, proyecta una tasa de 4%. Advierte que su pronóstico depende fuertemente de lo que ocurra con la dinámica del consumo privado, la estabilidad de tasas de interés, las condiciones de seguridad y estabilidad política del país, la apertura de nuevos mercados internacionales y el precio internacional de las exportaciones.

En la fila de optimistas siguen Fedesarrollo y la Universidad de Antioquia con 3,9%. El 'think tank' piensa que la caída en la producción minera -en particular de petróleo- será compensada por el aumento en los servicios del gobierno para llegar a esa cifra.



Menos que en 2004

Al otro lado del espectro, el pronóstico más bajo en esta ocasión es el de Javier Fernández Riva, que espera un deslucido 3%, causado por un boom en las importaciones -que castigará a los productores locales- y por la desaparición de factores que impulsaron el crecimiento el año pasado, como la construcción, la producción de petróleo y el auge de Venezuela.

El JP Morgan, menos pesimista, considera que el crecimiento (3,5%) estará movido por la demanda interna, principalmente por la inversión, que se incrementará en 7,9% y por el consumo, que aumentará 3,4%. En esta previsión juegan un papel vital la estabilidad macroeconómica y la repatriación de capitales.

Suvalor sustenta su proyección (3,5%) en tres factores: las bajas tasas de interés que impulsarán el consumo interno y la inversión; el aumento en el gasto gubernamental motivado por mayores ejecuciones presupuestales ligadas a la finalización del período presidencial; y la mejor dinámica de la industria y el comercio que se consolidó en 2004.

Alberto Ramos, de Goldman Sachs, que también prevé un 3,5%, duda de la fortaleza de la demanda interna. "El consumo privado no tendrá incrementos significativos, pues el mercado laboral no mejorará con un crecimiento por debajo del 4%", dice.



Los riesgos

Los problemas que pueden venir este año parecen estar bien identificados. La mayoría de los economistas señala que en el frente económico interno se debe insistir en el ajuste fiscal. "El déficit fiscal continuará siendo el principal factor de desequilibrio macroeconómico este año", afirma categóricamente Fedesarrollo.

El aumento del gasto público afecta las tasas de interés de largo plazo, desplaza la inversión privada y erosiona las expectativas de los consumidores y los empresarios que ven venir nuevos impuestos. En el mismo tema, la aprobación en el Congreso de las reformas a las pensiones y a las transferencias está en el centro de esa preocupación de los economistas.

El segundo elemento en el frente interno tiene origen político. Goldman Sachs, IdeaGlobal y Corredores Asociados piensan que la incertidumbre sobre la reelección de Álvaro Uribe golpeará la inversión. El Cede añade que el proceso de paz con los paramilitares también la afectaría.

La otra fuente de inestabilidad proviene del exterior. Todos los economistas concuerdan en que el alza de tasas de interés en Estados Unidos puede tener efectos muy fuertes sobre la producción nacional. En especial, le temen a una reducción en la liquidez internacional acompañada de la salida de fondos de los países emergentes.

En este escenario, explica Daniel Castellanos del BBVA, los inversionistas no favorecerían a Colombia por la lentitud con la que ha venido corrigiendo sus problemas fiscales estructurales. Si esto ocurre, se generaría una devaluación aguda del peso que se traduciría en aumentos de inflación y tasas de interés.
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