| 7/17/2015 5:00:00 AM

Los joyeros colombianos ya no creen en la leyenda de ‘El Dorado’

El sector joyero colombiano afronta una grave escasez de oro debido a que la mayor parte de esa materia prima se exporta al mercado de Estados Unidos y Europa. Atrás quedó la leyenda de ‘El Dorado’ para esta industria que se ve obligada a importar el mismo material que algún día salió de estas tierras.

Un vocero de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) le dijo a Dinero que parte de esta “crisis” se desató porque el Banco de la República dejó de ser el proveedor formal de esa materia prima y el “encargado de garantizar el origen, el pago de regalías y la pureza”.

El gerente general del emisor, José Darío Uribe, explicó en una nota editorial, publicada el año pasado, que el Banco perdió parte de su participación en el mercado del oro porque los mineros e intermediarios tomaron la decisión de “no volverle a vender”.

Esta situación se habría presentado porque muchos de ellos preferían evitar los controles legales que hacia el Banco, en su afán de revisar la normatividad tributaria y evitar el lavado de activos en dicha actividad económica.

“Con la liberalización del mercado del oro, las ventas al Banco se redujeron de manera drástica, al pasar de 34,5 toneladas en 1991 (99% de la producción nacional) a 0,5 toneladas en 1997 (2,7%) y a cero en la actualidad”, sentencia el documento.

La falta de una entidad encargada de administrar el mercado y de proveer el oro a los joyeros ha dado paso a las comercializadoras que, a su vez, consideran más rentable exportar ese metal que dejarlo en el país para el consumo interno.  

Colombia, según cifras entregadas a este medio, produjo 55 toneladas de oro en 2013 y exportó 52 de ellas. Mientras que el año pasado la producción de ese material alcanzó las 57 toneladas, de las cuales se vendieron 48 al exterior.

“Es insólito que frente a estas cifras, hoy este sector no pueda conseguir internamente 63,3 kilos mensuales, que es el 1% de la demanda interna de oro”, dice al respecto un informe publicado por Fenalco.

Y agrega que por esa razón “los joyeros más grandes se ven obligados a importar el mismo oro que exportamos, ya que para ellos no es una opción abastecerse en el mercado ‘sumergido’, o de dudosa procedencia”.

Los productos internacionales vienen a invadir el mercado pero en condiciones totalmente dispares, porque el local no tiene acceso a su materia prima, mientras que traer las joyas del exterior no implica mayores problemas”, complementó el experto de la agremiación de comerciantes.

El vocero de esa entidad se mostró preocupado porque en regiones del país como Antioquia, Chocó, Santander, Cauca, Valle del Cauca, Córdoba, Bolívar, Nariño y el eje cafetero la joyería artesanal todavía es una importante fuente económica.

Además, aseguró que unas 325.000 personas podrían estar asociadas a esta actividad. Este cálculo se dificulta debido a los altos niveles de informalidad que existen en la joyería, que está compuesta en un 98% por micro y pequeñas empresas.

A pesar de que la escasez de oro afecta a toda las cadenas productivas, los más damnificados serían los joyeros formales, explica Fenalco,  ya que son los que se esfuerzan por conseguir “el oro con todos los certificados de pureza, de origen e impuestos” en un contexto adverso.

“Al quedar sin insumos, las empresas tienen que reducir personal. Al que se está golpeando realmente es al pequeño joyero formal, al emprendedor que está tratando de entrar a la formalidad, ese es el más perjudicado”, apuntó.

Finalmente, recomendó aprovechar el potencial que tienen los Tratados de Libre Comercio (TLC), ya que el sector joyero tiene el potencial de “exportar productos con valor agregado”. Sin embargo, la prioridad es mejorar las condiciones de esos trabajadores ya que el 64% de ellos lo hace en la informalidad.

Si se mantienen las condiciones de escasez de oro” el sector joyero “agonizará por un buen tiempo”, advirtió esa entidad, y concluyó que es urgente impulsar la competitividad de esta industria ya que podría convertirse en una importante fuente de empleo para las regiones más pobres del país.

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