| 6/24/2011 7:40:00 AM

¿Se le fue la mano?

La más reciente alza de intereses por parte del Banco de la República pone en riesgo la salud de la industria, la aún frágil recuperación de la economía y, en consecuencia, la generación de empleo.

La del viernes 18 de junio pudo haber sido una de las más largas Juntas Directivas del Banco de la República en muchos años. Y la decisión que de allí salió, una de las más desatinadas, apresuradas e inconvenientes de los últimos tiempos.

Fueron cinco horas de discusión, al final de las cuales el gerente de la entidad, José Darío Uribe, anunció un nuevo aumento de 25 puntos básicos (0,25 puntos porcentuales) en la tasa de intervención del Emisor, que determina el costo general del dinero en Colombia.

La máxima autoridad monetaria y cambiaria del país no logró unanimidad, lo que muestra que el acertijo que trataron de resolver los codirectores del Emisor, el gerente de la entidad y el Ministro de Hacienda, no era nada fácil.

La mayoría de la Junta se mostró preocupada por la disparada del crédito y el exceso de consumo que han impulsado el comercio a ritmos superiores al 20%. Para varios miembros de la junta, eso significa que se está cocinando una burbuja de consumo.

Según el comunicado emitido por el Banco, "el crecimiento del crédito continuó acelerándose. Todos sus componentes, tanto el dirigido a las empresas como a los hogares, presentan tasas reales de crecimiento significativamente superiores al aumento del PIB. Esta situación ocurre en un contexto en que buena parte de las tasas de interés reales se encuentran en niveles históricamente bajos".

El remedio para ello, según la mayoría del Banco, es enviarle a todos los agentes un mensaje claro: las tasas se van a subir tanto como sea necesario para frenar cualquier burbuja.

El Presidente de la República se mostró alineado con la decisión del Banco. Durante una entrevista en Caracol Radio y Televisión aseguró que la cifra de crecimiento del comercio es una noticia grata, pero "estamos creciendo demasiado rápido y ahí el Banco de la República puede tener razón en enfriar un poco la economía".

A pesar de que para la ortodoxia económica nacional el mensaje enviado por el Emisor puede resultar tranquilizador, lo cierto es que el Banco solo está mirando una cara de la moneda.

Lo que la Junta del Banco no tuvo en cuenta fue la desaceleración de la industria durante abril, que apenas registró un tímido crecimiento de 2%. Tampoco consideró que la inflación no está disparada. Según el presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), Sergio Clavijo, "los datos de mayo mostraron una señal tenue de inflación. De hecho, la inflación, sin alimentos, sigue por debajo de 3%".

El Emisor tampoco tuvo en cuenta la caída en los desembolsos de obras civiles de 12%. Eso muestra que la ola invernal terminó afectando la ejecución de obras en todo el país, lo que va a terminar amilanando el crecimiento económico del segundo trimestre.

Además, los niveles de desempleo siguen bastante elevados, pues están por encima de 11%, lo que confirma que a Colombia le está costando mucho generar nuevos puestos de trabajo.



El dilema con el dólar

La decisión del Banco significa igualmente que la institución no va a hacer mayor cosa para detener la caída en el precio del dólar; el aumento en las tasas eleva los rendimientos en pesos, lo que al final incentiva la llegada de capitales especulativos del exterior. Así, la apreciación del peso termina recibiendo otro tanque de oxígeno.

Lo preocupante de este fenómeno es que los efectos negativos de un dólar más barato ya se están viendo. La desaceleración industrial de abril podría ser apenas un primer síntoma de un fenómeno irreversible: los industriales colombianos siguen perdiendo competitividad frente a los de otros países.

Por eso, las importaciones están disparadas. En los primeros cuatro meses de 2011, el país estaba comprando en el exterior 36% más que en el mismo periodo de 2010. Se destaca el caso de los vehículos y las autopartes, que crecieron 84%, una noticia que no debe tener muy contentas a las ensambladoras nacionales. Al final del ciclo, el empleo se termina resintiendo, pues los empresarios deben reducir sus producciones y eliminar puestos de trabajo.

El problema con la revaluación es que las dos únicas maneras ortodoxas de enfrentarla son a través de compras masivas de dólares por parte del Emisor (tarea que se viene haciendo juiciosamente, pero que no funcionará indefinidamente) o un ajuste fiscal que reduzca los niveles de endeudamiento. El ajuste fiscal es prácticamente imposible en esta coyuntura por las exigencias presupuestales para atender la ola invernal. Así las cosas, todos los astros siguen alineados para que haya más revaluación.

Al final del día, está el heterodoxo control de capitales, una medida que tiene efectos en el mediano plazo, pero que no sirve para combatir fenómenos estructurales como la llegada de dólares que actualmente vive el país.

El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía, consideró que el alza de tasas por parte del Emisor es altamente inconveniente en este momento. "Queríamos que el Banco diera un compás de espera en el alza de tasas. La revaluación se ha acentuado y con tasas de interés subiendo, los márgenes se bajan automáticamente. Esos factores son muy relevantes para la coyuntura del sector agrícola hoy", explicó.

El verdadero problema con la revaluación es que termina erosionando uno de los elementos más importantes para el país: la capacidad de generación de empleo. Muchas industrias -como la de las flores y los textiles- han tenido que despedir a cientos de trabajadores porque ya no son competitivos con los actuales niveles de la tasa de cambio.

Puestos sobre la balanza estos elementos es fácil concluir que al Emisor se le está yendo la mano. Había motivos suficientes para que el Banco Central pensara en aplicar una pausa en su estrategia de enfriar la economía.

El mismo presidente Santos, a pesar de mostrarse tranquilo, lanzó la voz de alerta, "Con unos intereses en 4,25% o 4,5%, estamos llegando al techo. Ojo, no exageremos, porque eso puede tener un efecto negativo en el largo plazo". Dejaba así sentada su posición de que no apoyará aumentos adicionales de tasas en los próximos meses.

En este caso, es necesario que el Banco considere si ya llegó al límite. Ir más allá podría ser contraproducente, al generar una desaceleración indeseable en momentos en los que la economía necesita crecer más. Insistir en el expediente de subir tasas en las próximas reuniones de junta podría convertirse en un remedio peor que la enfermedad.

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