| 6/8/2011 6:00:00 PM

Se armó la de Troya

Grecia vuelve a estar en el centro de la atención internacional por sus problemas de deuda soberana. Hay peligro de contagio a otros países de Europa.

Un año después de que Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI) pusieron en marcha el mayor plan de rescate de su historia (110.000 millones de euros para Grecia y 750.000 millones para un fondo de salvamento a países), la crisis no termina. Grecia está de nuevo en la cuerda floja, mientras que la Unión Europea tiembla.

El campanazo de alerta lo dio Moody's, al reducir la calificación de la deuda griega (de B1 a Caa1). Para esa agencia, el gobierno de Atenas tiene 50% de probabilidad de caer en bancarrota, dejando en el aire una deuda por 327.490 millones de euros, que representa 144% de su PIB.

La respuesta de la Unión Europea y del FMI no se hizo esperar y lograron un nuevo acuerdo para Grecia. Este país se comprometió a tomar medidas de austeridad y agilizar las privatizaciones para conseguir 50.000 millones de euros. Pero las preocupaciones sobre el futuro de la economía helena no se han disipado.

El problema, según Costas Azariadis, profesor de Economía de la Universidad Washington y especialista en Grecia, es que las reformas que se vienen implementando son bloqueadas por sindicatos con una gran capacidad de lobby. En el último año se han realizado 14 huelgas generales de 24 horas y la próxima se convocó para el 15 de junio.

Como posible salida se ha mencionado que Grecia abandone el euro y regrese al dracma. La idea sería poder devaluar y licuar sus deudas, pero ese paso no es fácil pues golpearía al vecindario y "provocaría una corrida bancaria peor a la de Argentina. Los griegos que tienen depositados euros quieren que les devuelvan euros y no dracmas", dice Alberto Bernal, analista de Bulltick Capital Markets. "Además, es una cuestión de honor: si se salen del euro es muy difícil volver a entrar", agrega.

Descartado el regreso al dracma, una alternativa es lograr acuerdos con los acreedores, especialmente bancos alemanes, para renegociar o que se comprometan a suscribir de nuevo los bonos, una vez venzan.

Lograr acuerdos con los acreedores es comprar tiempo para luego resolver el problema más adelante, pues tarde que temprano hay que pagar la deuda y para eso se requiere recaudar y crecer más, cosa nada fácil para una Grecia en recesión.

La otra alternativa es no pagar y que los bancos asuman la pérdida, lo que sería aplaudido por quienes consideran que la culpa de la crisis financiera es de los bancos y que es injusto que de nuevo tengan que salvarlos. Pero otra cosa piensan las autoridades europeas, pues temen que una quiebra griega pueda tener un efecto dominó sin precedentes sobre las finanzas de la Unión.

"El problema no es Grecia, sino la posibilidad de que su cesación de pagos se extienda a Portugal, España e Irlanda y ahí tendríamos una situación peor a la que ocasionó la quiebra de Lehman Brothers", explica Bernal.

Azariadis considera, por su parte, que hay muy pocas probabilidades de que eso suceda, pues el FMI y la Unión Europea van a hacer todo para evitarlo, pero advierte que si se repite un pánico financiero mundial, "todos van a sufrir, inclusive los países emergentes".

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