| 4/29/2005 12:00:00 AM

Rumbos distintos

La economía y los negocios en Ecuador siguen marchando, a pesar del descarrilamiento político, gracias a la dolarización, al precio del petróleo y a las remesas. ¿Qué efectos pueden esperar los empresarios por el cambio de gobierno?

Hace un mes, los empresarios colombianos, como otros observadores de la economía ecuatoriana, pensaban que a pesar de su impopularidad, Lucio Gutiérrez terminaría su mandato en 2006. Hoy, rehacen sus presupuestos, para acomodar en las cifras de compras, ventas e inversiones, la entrada de Alfredo Palacio a la presidencia del país vecino.

Pero, ¿qué tan graves son los cambios en Ecuador? ¿Qué tanto pueden afectar al vecindario? Al parecer, menos de lo que cabría esperar con un cambio de mando abrupto como el ocurrido el 20 de abril en Quito.

En Ecuador, hay un divorcio entre los resultados de la política y los de la economía. Mientras la popularidad del ex presidente Lucio Gutiérrez y la corrupción de Ecuador estaban entre las peores de América Latina, los índices económicos mantenían su tendencia positiva, movidos por los elevados precios del petróleo y por la entrada masiva de remesas.

La inflación cerró en 1,7% en 2004 e iba hacia 1,3% en diciembre; el balance fiscal primario pasó de 2,6% en 2003 a 1,3% en 2004 y debería cerrar el año con 0,7%; la deuda pública neta, que valía 102% del PIB en 2000, llegó a 50,7% en 2004 y estaría cerca de 47% a final de 2005. Por todo eso, los spreads de la deuda ecuatoriana habían bajado casi sin interrupción desde junio pasado.

A pesar del discurso populista de Gutiérrez, tras su posesión en enero de 2003, la dolarización y la presión de los empresarios y de la comunidad financiera internacional lo movieron a la ortodoxia, igual que pasó en Brasil y Argentina.

Ahora, con una postura de nuevo heterodoxa, el ministro de Finanzas Rafael Correa anunció el viernes 22 de abril su intención de revertir la dolarización y de dar un tratamiento "más patriótico" al pago de la deuda pública. Esto último incluiría el desmonte del fondo de estabilización macroeconómica (Feirep), que se nutre de la bonanza petrolera y que destina el 70% de sus recursos a recomprar deuda ecuatoriana.

Pero "una cosa es con violín y otra cosa es con guitarra", es el dicho popular ecuatoriano que se le puede aplicar al gobierno recién posesionado. Una cosa es cuando Correa opinaba desde la cátedra de la Universidad San Francisco sobre el manejo de la economía y otra diferente cuando, como ministro, se topa con las limitaciones que le imponen el mercado y la vida económica real.

De hecho, el lenguaje de la primera semana del gabinete de Palacio se moderó a los pocos días, tras recibir el sacudón de los mercados que subieron los spreads de la deuda ecuatoriana 150 puntos básicos.



Una economía blindada

La diferencia entre la crisis ecuatoriana y las de otros países de la región como Venezuela, es que fue de alta intensidad y corta duración. En diez días se agudizaron los problemas de gobernabilidad, se cambió de Presidente y se recuperó la institucionalidad. A pesar de su magnitud política, el cambio no tuvo tiempo de afectar el aparato productivo.

La dolarización mostró sus ventajas porque evitó que el desbarajuste doméstico generara una crisis financiera por corridas de depósitos. Además, Ecuador había avanzado en sus finanzas públicas. La Ley de Responsabilidad y Transparencia Fiscal estableció controles al gasto público y mecanismos para reducir la deuda, entre ellos el Feirep. Incluso antes del cambio de gobierno, la situación financiera parecía buena. Con el precio del barril de petróleo a US$43, requería una financiación de US$200 millones. Con dinero de la CAF, el BID y la emisión de bonos a 10 años ya anunciada, Ecuador estaría sobrefinanciado en casi US$1.600 millones.

Aunque menos de lo esperable, las nuevas circunstancias afectarán la economía. De una parte, ya estaba claro que en 2005 no repetiría el aumento de 6,6% del PIB de 2004, que estuvo muy influenciado por la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). La Cepal esperaba un crecimiento de 3,4% este año, pero ahora los analistas pronostican una cifra más cercana al 3%, por efecto de la demora en la toma de decisiones sobre nuevos proyectos de inversión pública y de financiación. La parálisis estatal aumentará en 2006 por ser un año electoral, que incluso podría ver la convocatoria de una asamblea constituyente para temas tan complejos como la ratificación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Colombia y Perú.

Pero, como pasó en 2000 con la salida de Jamil Mahuad de la presidencia, aunque el PIB se resienta no habrá descalabros. Hoy la economía ecuatoriana depende del petróleo, que no bajará mucho, y de los US$2.600 millones de transferencias que son el 25% de las exportaciones y que no se reducirán.



Y sin embargo se mueve

Los negocios entre Colombia y Ecuador no se detendrán. "Mientras se desarrollaban las marchas que terminaron en la salida de Gutiérrez, los centros comerciales estaban abiertos y la gente seguía comprando", le dijo a Dinero una empresaria colombiana radicada en Quito, para mostrar la distancia entre el remolino político y el aparato productivo.

No se aplazó la feria binancional de autopartes, el 10 de mayo, ni se canceló la visita de 40 empresarios ecuatorianos en la macrorrueda de negocios en Medellín del 16 de mayo.

El comercio binacional es dinámico. Las exportaciones colombianas a Ecuador se duplicaron en los últimos cinco años y en 2004 aumentaron 26% para alcanzar US$1.000 millones. Y si prospera la idea de la administración Palacio de incrementar el gasto social, mejorarán las oportunidades para los empresarios colombianos que podrían venderle al gobierno como lo han hecho en Venezuela. Y si gasta los ahorros del Feirep, Ecuador podría contraer la Enfermedad Holandesa, devastadora para la industria ecuatoriana y favorable para la colombiana.

Pero en ese escenario hay riesgos nuevos. Uno, que Palacio se alíe con Chávez para estar cerca de Caracas y lejos de Nueva York en lo financiero y de Washington en lo político. Y se podrían ver amenazados los flujos de comercio binacionales y se podría detener la inversión colombiana en Ecuador. Otro, de mediano plazo, es que el modelo ecuatoriano, cualquiera que termine siendo, sea viable. Si no lo es, los colombianos dejarían de invertir en el país del sur, y los ecuatorianos estarían muy tentados a invertir en Colombia y Perú.

Lucio Gutiérrez es el tercer presidente en ocho años forzado a dejar el cargo antes de terminar su período y hasta ahora, los negocios se mueven a pesar de los descarrilamientos políticos. Pero el modelo de cambios presidenciales abruptos no es sostenible en el largo plazo. La experiencia colombiana muestra que eso de que el país va mal y la economía bien, tiene su límite.
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