| 8/17/2007 12:00:00 AM

Regreso al pasado

La propuesta de aumentar aranceles a las importaciones de textiles no parece ser la solución a los males del sector. Las conversaciones con los comerciantes que empezaron hace unos días pueden ser más benéficas.

Es como revivir un fósil. La discusión sobre aumentar los aranceles parece una cosa del pasado, pero para sorpresa general tiene un gran respaldo entre un grupo de empresarios del sector textil que han promovido la propuesta calladamente entre sus colegas y el gobierno.

De hecho, en sus viajes a Medellín, presionaron al Presidente Uribe para aumentar los aranceles y protegerse de las importaciones. De regreso a Bogotá, el Presidente le pidió al Ministerio de Comercio que estudiara la viabilidad de adoptar esa medida.

Finalmente, tras una discusión sobre las opciones disponibles, el Ministerio propuso una solución que les podría servir al menos temporalmente a los industriales y a los comerciantes. "Lo que hemos discutido con Fenalco y con la Andi es que no le conveniente al país subir aranceles. Si se suben para unos, los demás pedirán lo mismo. Lo que haríamos es establecer una barrera proteccionista y nuevamente administrar el comercio", señala el ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata.

Por ahora no habrá subida de aranceles. Los comerciantes y los industriales se reunirán con el Ministerio en una mesa de trabajo para encontrar formas que aumenten la demanda local en la producción colombiana. Los comerciantes deberían comprar más bienes de la industria local. "Es un asunto voluntario. Hay que hacer el esfuerzo, que todos aporten antes de administrar el comercio", añade el funcionario.

Al parecer, el ambiente para aumentar las compras es bueno, tras una primera reunión en la Casa de Nariño.Herramienta equivocada

Pero a pesar del éxito inicial de las conversaciones, la idea de subir aranceles no está echada al olvido completamente.

De un lado, porque no siempre es fácil comprar colombiano. Una cadena extranjera que opera en Colombia señala que los tejidos de punto nacionales no dan la talla en las confecciones de algunas prendas como sacos de marcas costosas. Les parece que estas confecciones indefectiblemente tendrán que venir de países como Perú. Otras veces, aumentar la participación nacional no es sencillo. Ese podría ser el caso del Éxito, para el cual el 80% de sus confecciones se hacen en el país y algo menos del 20% se importan. Si algún problema práctico de esta naturaleza termina por disolver la mesa, el tema volvería a ser discutido.

Pero si aumentaran, las ventajas no están para nada claras. En los últimos meses ha revivido el contrabando, por efecto de la revaluación del peso frente al dólar y del lavado de dinero (ver gráfico). El fenómeno es particularmente serio en textiles. Para Iván Amaya, presidente de la Asociación Colombina de Productores Textiles, Ascoltex, el contrabando equivale al 30% de las importaciones legales.

Sin embargo, la experiencia más elemental señala que el contrabando que se hace para blanquear activos no se fija en el nivel de los aranceles. El negocio no está necesariamente en ganar en la operación comercial. Pero además, los aranceles nunca serán una solución para limitar el comercio ilegal de importación. Cuando suben las tarifas, aumenta el contrabando. "Lógicamente el contrabando se vuelve una opción más rentable", añade Plata.

Pero hay más problemas. "Es retroceder años de avance en Colombia", sostiene la investigadora de Fedesarrollo, María Angélica Arbeláez. De un lado, un aumento de aranceles afecta la inversión, porque encarece las importaciones de materias primas y bienes de capital, que son las más importantes en el país.

También se pierde en productividad. Sus estudios muestran que el abaratamiento de las importaciones desde la apertura de los noventa, mejoró la eficiencia de las empresas nacionales. "Después de tantos años, la industria se había adecuado a las condiciones de mayor competencia. Una medida paternalista como la que se propone, echa atrás un esfuerzo empresarial y del país en general", advierte.

Para Fabio Sánchez, economista y director del Cede de la Universidad de los Andes, el alza de aranceles genera sobrecostos en los consumidores colombianos y plantea un problema posterior enorme: bajarlos.

Pero hay otro problema detrás de todo esto, que se genera incluso si se abre una discusión medianamente seria sobre la posibilidad de hacer alzas arancelarias. Es el de mostrar una gran incoherencia en la política económica. "Mientras se firman acuerdos comerciales de libre comercio, no parece sensato hablar de subir aranceles", señala María Angélica Arbeláez.

Y otro más. El de "proteger a una minoría a costa de sacrificar a los consumidores en un sector tan importante como el de confecciones. Se les cierra la oportunidad de aprovechar la producción barata", señala el economista Eduardo Lora.

Con esto, también se pierde la posibilidad de controlar la inflación por la vía de hacer competir la producción local con los precios de los importados.

A todos esos argumentos en contra, se le podría añadir el de la Andi, que con un modelo de equilibrio general demostró que con la firma de un TLC con Estados Unidos, un alza de aranceles reduce la tasa de crecimiento de la economía.

No es fácil revivir el tema, pero tampoco faltará quién se empeñe en desempolvar los huesos de la protección que por ahora parece medicina del siglo XX, equivocada para los males de estos años.
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