| 7/7/2006 12:00:00 AM

Radiografía del sector lácteo

Es el momento para que el empresario pyme del sector lácteo se haga a la idea de que hay muchos como él, que juntos serían muy fuertes y que si trabajan en conjunto podrían ganar mucho más.

Cada pyme vive una realidad diferente según el sector al que pertenece. Por ejemplo, las necesidades de una compañía mediana de construcción pueden ser completamente distintas a las de una que se dedica al comercio. Aunque hay rasgos transversales a todo el segmento pyme, el análisis de los elementos propios de cada sector permite ofrecer un concepto más cercano y útil para el empresario. En este número se presenta el caso del sector lácteo.

La pyme de este sector se puede ubicar en dos partes iniciales de la cadena, tanto en la compra de la materia prima, como en su producción. Y en ambos extremos, los empresarios formales se ven perjudicados por la competencia de los jugadores informales que no cumplen los requisitos mínimos de calidad. Para los transformadores de materia prima, esto implica sobrecostos de limpieza e higiene en el proceso de valor agregado. Y a los productores, les dificulta la competencia vía precios.

La pequeña y mediana empresa de esta industria es frágil, y requiere un esfuerzo de doble vía. Es frágil porque responde sensiblemente a los cambios de la estructura del mercado —en precios y cantidades—, y porque no tiene ningún poder de negociación frente a los jugadores de mayor fortaleza. Requiere un esfuerzo de doble vía porque necesita invertir en su mejoramiento interno y porque es imperativo que se dedique externamente a buscar mecanismos de representación.

"Deberíamos consolidarnos como gremio", sostiene Gabriel Jaime Giraldo, gerente de la Procesadora de Leches Integrales de Colombia (Prolinco), "no es lo mismo la voz de un pequeño que la de los grandes". Esta podría ser la mayor prioridad, puesto que sirve para superar gran parte de las dificultades de la pyme del sector. Según Giraldo, el problema central es la sobreproducción de la leche. Con una oferta rebosante, el precio tiende a la baja y los jugadores con mayor poder de negociación maximizan sus ganancias a costa de los pequeños. Así se mantiene indefinidamente una guerra que perjudica al sector en su totalidad; lo que pasa es que esto no lo perciben en conjunto. Claro, la ley busca prevenir este tipo de prácticas, pero no hay vigilancia suficiente para su cumplimiento. ¿Cuál es la reacción de los empresarios? "Necesitamos que las grandes instituciones se unan más y estén más pendientes de los pequeños". El gerente de esta empresa paisa está consciente de que, ante la diversidad de precios, lo único que puede hacer es demandar un mayor control y, mientras tanto, velar por mantener la calidad y el cumplimiento. Una estrategia que tal vez no sea viable en el largo plazo.

Jorge Eduardo Rocha, de Pasteurizadora La Mejor, dice algo similar, "supuestamente se trabaja con igualdad de precios. De todas formas, nosotros competimos con el servicio y la calidad del producto". El director administrativo de esta empresa cucuteña piensa igual que Giraldo en Medellín. Al parecer, este obstáculo no es local sino nacional. "La dificultad más grande es la competencia", sostiene Rocha, "el ingreso de otras empresas ha incidido en nuestras ventas". Ante la ausencia de un ente regulador presente y activo, es difícil trabajar debidamente. Pero también se debe reconocer que sin una voz conjunta que revele estos llamados, la pyme seguirá desatendida.

Ovidio Jaramillo, gerente de El Zarzal, otra compañía del sector lácteo en Medellín, se une a los anteriores e identifica el problema de la sobreproducción como el más grave. Su solución, curiosamente, es la misma: "todo se reduce a las prácticas de calidad para ser más competitivos". Pero, ¿será esta la forma de resolver todo el problema?

Estos tres empresarios, al igual que muchos otros, tienen en común dos elementos esenciales. Primero, reconocen el problema de la guerra de precios y, por tanto, la necesidad de un ente controlador más activo y riguroso. Segundo, tienen la intención de seguir operando formalmente, y competir vía calidad. Es decir, mientras demandan ayuda externa, pretenden dedicarse a diferenciarse perfeccionando su operación particular. ¿Dónde está la falla? En que son pasivos hacia afuera. Exigen ayuda y trabajan solos. Por eso, la prioridad es unirse, asociarse, reconocerse como grupo con intereses similares. Solo así tendrán voz para que atiendan sus exigencias y así competir de una manera más sostenible.

Una voz que suena con mucha fuerza es la del Consejo Nacional Lácteo (CNL). Germán Serrano, su presidente, ve dos problemas en las pyme de su sector. En primera instancia, están muy desconectadas de los requerimientos de la cadena y, en segunda, la representación que tienen dentro del Consejo es muy poca o prácticamente nula. A partir de estas dos realidades, "es difícil definir una política industrial que las tenga en cuenta", asegura Serrano. Obviamente, como trabajan separadamente y sin representación, el gobierno y los gremios desconocen sus necesidades y estrategias productivas actuales. Sin esta información, y por medio de deducciones, se termina desarrollando una política industrial que probablemente los ignore y solo responda a los intereses del resto de los involucrados (las grandes empresas). "La política industrial descansa en gran parte en lo que la gran industria es capaz de hacer por el resto del gremio. Pero no porque el país tenga realmente una verdadera política", concluye Serrano.

Claro, hay que reconocer los esfuerzos realizados previamente. Acopi, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, y el Departamento Nacional de Planeación (DNP), entre otras entidades, han realizado trabajos para reunir a los empresarios de menor tamaño del sector lácteo. Pero no es culpa de los gremios ni del gobierno que estos espacios no sean debidamente aprovechados. El impulso debe surgir directamente de las empresas, de adentro hacia afuera. Desde el CNL, la indicación es muy simple: "en escenarios en los cuales la mayoría participa es donde se posibilita la construcción de políticas industriales coherentes para toda la cadena. Ahí está el espacio, el empresario debe ver cómo se empodera, se organiza, se articula, para hacer su llamado". Ese llamado se puede hacer por medio del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que es un representante ante el CNL. Aunque Serrano considera a Acopi como otra opción, sostiene: "los veo tan dispersos en el área de alimentos, que en esa línea falta mucho por recorrer".

Así, se hace evidente la enorme desventaja que tiene la pyme en términos de capacidad de negociación. Catalina Vega, directora de Asoleche, explica que este segmento tiene un menor margen de maniobra que las empresas más grandes para establecer precios competitivos de compra de leche cruda (que es la materia prima). De manera que para seleccionar proveedores de leche, las industrias pequeñas no están en capacidad de ofertar un precio mayor (como las grandes), y necesariamente terminan comprando materia prima a ganaderos que tienen menores estándares de calidad higiénica y sanitaria.

A diferencia de los tres casos mencionados al principio, las empresas que manejan el precio bajo como estrategia competitiva no tienen capacidad de innovación tecnológica ni de producto. "Participan en el mercado a punta de descuentos de leche pasteurizada, que es el producto básico que maneja el consumidor de más bajo estrato en Colombia, y eso es absolutamente corrosivo para las organizaciones", asegura Vega. En esa pelea por ganar participación en el mercado, las pequeñas compañías terminan por sacrificar las utilidades del negocio. "La industria pequeña se ve obligada a tener acceso a una leche cruda de menor costo, y este costo definitivamente no va acompañado de la calidad que se requiere". La pyme formal compite con productores que pueden vender una bolsa de leche a $800. En presencia de un consumidor que se guía por precios, la competencia resulta siendo muy exigente.

Esa es exactamente la preocupación de Octavio Campo, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Alimentos de la ANDI. "La pyme en el sector lácteo debe jugar un papel fundamental en el mejoramiento de la calidad de los productos lácteos". En este propósito se empeña toda la cadena productiva que está representada por el CNL. "El papel de la pyme resulta básico en particular para superar el problema de la comercialización de la leche cruda, cuyo consumo está prohibido en el país", resalta Ocampo. Concluye que la cadena láctea colombiana ve en la pyme una alternativa para que las personas dedicadas a vender leche cruda se formalicen y desarrollen adecuadamente el negocio. Es decir, el papel de la pyme es crucial: por medio de ellas se debe estimular el consumo de leche pasteurizada en el territorio nacional.
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