| 1/18/2012 6:00:00 PM

¡Qué camello!

Aunque las cifras muestran una recuperación, las elecciones estarán marcadas por lo que pase con el empleo e incluso por cómo se desarrolle la crisis europea.

Para quedarse en la Casa Blanca, Barak Obama necesita que los números sigan jugando a su favor y, aunque de unos meses para acá la economía de su país parece recuperarse, aún no es suficiente para garantizarle cuatro años más como presidente de Estados Unidos.

En diciembre pasado, con la generación de 200.000 puestos de trabajo, se logró reducir el desempleo, uno de los principales dolores de cabeza de Obama, a 8,5%, el nivel más bajo desde 2009, pero aún lejos de llegar a 7,5%, que como mínimo requeriría para asegurar su reelección en noviembre. Según cálculos de The Economist, ese nivel de desocupación es el que históricamente ha marcado la línea entre perder y ganar.

De hecho, algo similar le pasó a George Bush Jr. en 2004, quien enfrentó dos años de caída en el empleo tras la recesión de 2001, pero pudo salvar su puesto gracias a una recuperación de este indicador.

A pesar de que esta historia le podría dar esperanzas a Obama, tiene otro problema: que no solo lo afecta la economía interna, sino también la externa, y sus contendores están dispuestos a cobrarle caro lo que ocurra en Europa, destino de 27% de las exportaciones estadounidenses.

En la medida en que se encuentren soluciones para desactivar la bomba de tiempo que amenaza las finanzas europeas, Obama tendrá más posibilidades, pero si la crisis del Viejo Continente empeora, entonces muchos culparán al primer presidente negro de Estados Unidos de no proteger al Tío Sam del riesgo europeo. Esto, porque podría haber nuevas restricciones al crédito y la salida de bancos europeos que operan en América, lo que de nuevo se traduce en desempleo.

Justamente, el empleo es el caballito de batalla con el que el más opcionado precandidato republicano, Mitt Romney, planea ganarse la designación para ser oficialmente el rival de Obama. Asegura que durante su exitosa vida como empresario, al mando de la banca de inversión Bain Capital, ayudó a crear 100.000 puestos y que, por ende, tiene la capacidad de hacer lo mismo con su país. Sin embargo, el Wall Street Journal hizo cálculos al respecto y reveló que 22% de las firmas en que invirtió con Bain cerraron o cayeron en bancarrota y entre las que siguen operando se han presentado despidos masivos.

Con esto, los críticos de Romney han aprovechado para acusarlo de ser insensible y de preocuparse más por las ganancias que por la gente.

A medida que se conozcan más cifras sobre la salud económica estadounidense se sabrá quién reirá de último, si Obama o los republicanos.
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