| 10/27/2011 10:00:00 AM

A los pupitrazos

El ánimo de lucro y la posibilidad de que instituciones técnicas puedan ofrecer formación profesional enredan cada vez más la reforma a la educación superior.

Con más de 5.600 protestas en lo corrido de este año, el movimiento estudiantil chileno, que tiene contra las cuerdas al presidente Sebastián Piñera, ha inspirado a sus pares colombianos tanto en las exigencias (gratuidad de la educación superior), como en las técnicas, pues a las arengas, las marchas y la pelea contra escuadrones antidisturbios, les han adicionado el ‘modelo chileno’ de pupitrazos y besatones.

Sin embargo, los estudiantes colombianos están en paro porque no quieren repetir la experiencia chilena, donde también está prohibido el ánimo de lucro en la educación, pero en la práctica es un servicio privatizado. Allá el aporte del Estado es inferior (en Colombia el 55% de los universitarios estudia en una institución pública y en Chile es el 20%) y, por ende, cuesta lo mismo estudiar en una universidad pública que en una privada.

Además, Chile recibe cada vez más capitales extranjeros que invierten en educación y que hacen sus ganancias con plataformas virtuales. “Si bien el Gobierno retiró su propuesta de permitir el ánimo de lucro, en la reforma hay otros artículos que establecen que el régimen de insolvencia de las universidades ya no sería el de los entes estatales, sino el de las empresas privadas y se abren las puertas a las universidades mixtas (público-privadas), lo que daría paso a más instituciones de garaje”, dice Sergio Fernández, vocero de la Organización Colombiana de Estudiantes.

La ministra de Educación, María Fernanda Campo, responde que el ánimo de lucro se eliminó de la reforma y que las universidades mixtas, al igual que las privadas, no pueden buscar ganancias. Otra cosa piensan expertos como el rector del Icesi, Francisco Piedrahita, quien en su batalla contra la iniciativa de legalizar el ánimo de lucro, –pues argumenta que sacrifica la calidad y la investigación–, publicó un estudio sobre las multinacionales que compran universidades como Whitney University, que invierte para obtener utilidades.

Es más, Piedrahita señala como preocupante la compra del Politécnico Grancolombiano por parte de Whitney, cosa que niega rotundamente el rector de dicha universidad, Pablo Michelsen, pues dice que no los pueden comprar porque son una fundación sin ánimo de lucro y que la relación con Whitney es la de un proveedor, que les brinda un know how por el que pagan. La ministra Campo dice que en su cartera no tienen registro de ninguna compra, pero la adquisición del Politécnico por parte de Whitney es un secreto a voces en el sector.

Es más, se dice que también compró la Fundación Universitaria Los Libertadores y el Inpahu, pero su fundador, Luis Hernán Linares, lo niega y dice que su alizanza es distinta a la del Politécnico, pues solo es para que estudiantes y profesores hagan intercambio en las universidades de la red Whitney. “No se hizo ningún acuerdo económico porque la Ley no lo permite, pero si en la reforma se incluye, entonces lo podríamos discutir”, señala.

Al menos los impuestos
Para Carlos Mario Lopera, director del Observatorio de la Universidad Colombiana, el ánimo de lucro debería ser discutido, pues ya existe de forma velada y si se incluyera en la reforma, al menos se les podrían cobrar impuestos a los propietarios. La estrategia que se utiliza es que los compradores adquieren los puestos de los miembros de junta directiva y desde allí toman decisiones. Las que generan las ganancias son las empresas proveedoras de la universidad, que son del mismo dueño.

A esta controversia se suma la posibilidad que abre la reforma para que todas las instituciones de educación superior puedan ofrecer programas profesionales, hoy eso solo lo pueden hacer las universidades, pues las demás están limitadas a los programas técnicos.

Esta posibilidad preocupa a estudiantes, rectores como Piedrahita y a los miembros de Ascun –gremio que agrupa a las universidades–, pero para Michelsen, del Politécnico, es una muestra más de que dichas entidades discriminan la formación técnica. “Toda la educación que no sea como la que ellos imparten es de mala calidad, se les olvida que hasta universidades como Harvard comenzaron en una casita”, dice. Asegura que no está en contra del ánimo de lucro porque, en su concepto, el mejor sistema de educación es aquel donde se mezcla esa modalidad, con la de sin ánimo de lucro y con la oferta estatal, pues eso aumenta la competencia y la calidad.

Al cierre de esta edición, Gobierno y opositores a la reforma no llegaban a un acuerdo y el balón quedó en la cancha de la Comisión VI de la Cámara, que no la debatirá sino hasta después de elecciones. Sin embargo, en el Observatorio prevén que el trámite no será difícil, pues en el Congreso también hay beneficiados: se calcula que 20% de los parlamentarios o sus familiares tienen una institución de educación superior.
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