| 5/11/2011 12:00:00 AM

A punto de explotar

Mientras George Soros y otros especuladores comienzan a vender oro y plata, el precio de los metales continúa subiendo peligrosamente. ¿Cuánto tardará la burbuja en reventar?

La noticia está que explota desde hace meses. Los precios del oro y la plata están llegando a niveles exorbitantes, formando una burbuja que tarde o temprano tendrá que reventar. Ambos metales -considerados activos refugio en épocas de incertidumbre- alcanzaron recientemente las cotizaciones más altas en toda la historia: US$1.575 la onza de oro el 2 de mayo y US$50 la onza de plata el 28 de abril. En el primer caso, se trata del mayor precio jamás visto y dobla el que tenía hace apenas tres años. En el segundo, es el mayor nivel en 31 años, con un aumento de 80% en los últimos doce meses.

Semejante tendencia astronómica cambió de manera repentina en los primeros días de mayo. El precio de ambos metales se derrumbó dramáticamente en las bolsas mundiales, con caídas que no se veían desde 1975 en el caso de la plata. Aunque ambos metales tratan de levantar cabeza, la duda ya está sembrada entre los inversionistas del planeta: ¿se acerca el fin del rally del oro y la plata?

Eso parecen estar pensando grandes inversionistas como George Soros. Según el diario The Wall Street Journal, Soros -el más célebre especulador de todos los tiempos-, está vendiendo oro y plata, tras haber acumulado ambos metales durante los últimos dos años. Otros inversionistas famosos como John Burbank, de Passport Capital, y Alan Fournier, de Pennant Capital, lo estarían imitando. Según ellos, el oro está a punto de perder hasta un 25% adicional, con lo que la onza retornaría al nivel de los US$1.200.

Pero no todos piensan igual. Por ejemplo, el Deutsche Bank y Bofa-Merryl Lynch están apostando por una subida adicional del metal. En sus informes del pasado 9 y 10 de mayo, ambos bancos pronostican un repunte en el precio del oro. En el caso del banco alemán, se dice que podría llegar a los US$2.000 la onza en enero próximo, 30% por encima de su precio actual. En el caso del banco estadounidense, sus pronósticos hablan de una onza a US$1.650 en el corto plazo.

A ellos se suman inversionistas de la talla de John Paulson, el gurú de los activos tóxicos y quien hizo una enorme fortuna durante la pasada crisis financiera mundial. Él está diciendo que los precios del oro podrían llegar a los US$ 4.000 la onza en los próximos tres a cinco años. Su explicación: los altos precios del petróleo, la debilidad del dólar y las tasas reales negativas.

Ese último punto es, sin embargo, el meollo del asunto. En el momento en que las tasas reales de interés cambien de rumbo, el rally del oro verá su fin. Y ese momento ya llegó. Los principales bancos centrales del mundo han comenzado a elevar sus intereses de referencia, con el fin de frenar la inflación galopante que se extiende por el planeta, jalonada a su vez por los altos precios del petróleo y los alimentos.

Solo restan dos bancos centrales importantes por hacer movimientos: la FED -que ha mantenido su tasa de interés entre 0% y 0,25% en casi dos años- y el Banco Central de Inglaterra, que sigue considerando que la recuperación de su economía no es lo suficientemente fuerte como para soportar un alza de tasas. En cambio, los bancos centrales de Europa, China, India, Brasil, Rusia, Tailandia, Perú, México, Argentina y también Colombia, entre muchos otros, han endurecido su política monetaria durante los últimos meses.

Bajo este panorama, la clave es cuándo lo hará Estados Unidos. Y eso dependerá no tanto de la inflación como de la tasa de desempleo, que sigue en niveles altos, entre 9% y 10%.

Hagan sus apuestas
Así las cosas, la pregunta que se hacen por estos días los inversionistas de ambos lados del Atlántico es si ese derrumbe del oro y la plata es temporal. O si, por el contrario, podría ser el comienzo del fin de la buena racha de las materias primas en general.

Según el famoso inversionista Jeremy Grantham, hay 80% de posibilidades de que el año que viene se dé una fuerte caída del precio de los commodities. Incluso va más allá y habla de que existen posibilidades de un colapso masivo. Sus razones son varias. Primero, es improbable que se repitan las inundaciones y sequías de 2010. Estas arruinaron cientos de cosechas en el mundo entero y dispararon los precios de las materias primas agrícolas el año pasado. Si el tiempo en 2011 es bueno, razona Grantham, la cosecha de este año puede ser un auténtico récord. Y eso será suficiente para bajar el precio de los commodities agrícolas.

El segundo argumento viene de China, la principal fuerza detrás de las subidas de precios de las materias primas. Es probable que la economía del país asiático vaya a tener problemas, ya que simplemente ha crecido demasiado rápido durante demasiado tiempo. Esos problemas ya se están viendo: la finca raíz está por las nubes, los salarios están disparados, y la inversión de capital equivale a 50% del PIB, lo que va a suponer una capacidad ociosa brutal: "eso significa aeropuertos innecesarios, carreteras, vías férreas y viviendas vacías", dice el inversionista.

Ante esa situación, Grantham y otros analistas ven probable que China tropiece el próximo año o el siguiente. Y eso inevitablemente provocará una caída de los precios de todas las materias primas. Si China tambalea, los precios de los commodities van a caer mucho.

Lo mismo piensa Goldman Sachs. En sus informes del 11 y 15 de abril, el banco estadounidense dijo que los precios de los commodities ya no estarían reflejando la oferta y demanda, y que podrían caer en los próximos tres a seis meses antes de repuntar.

Como sea, los inversionistas tienen suficientes razones para estar nerviosos sobre el precio de las materias primas. Han subido mucho y muy deprisa. El cobre y el petróleo, más de 50% en un año. El algodón y el trigo se han duplicado en los últimos doce meses. El oro y la plata, por encima de 200% en los últimos tres años. La pregunta ahora es cuánto más puede aguantar y si ha llegado el momento de vender, como lo está haciendo George Soros.
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