| 4/1/2005 12:00:00 AM

Planeación tributaria

A veces, la planeación tributaria se reduce a cuadrar cifras al fin del año. Pero puede servir para encontrar las oportunidades fiscales que ofrece la Ley y para evaluar el impacto financiero de los impuestos, entre otras cosas.

El lunes 4 de abril se deben presentar a la Dian las declaraciones y se hacen los primeros pagos del impuesto de renta. Para las empresas, el afán de fin de año de ajustar sus cifras fiscales ya pasó y los proyectos de cierre tributario ya se ejecutaron. No obstante, con la memoria de las carreras de la declaración todavía fresca, esta época parece ser la mejor para pensar en el cierre tributario de 2006 y para hacer planeación tributaria.

Esencialmente, la planeación busca ahorrar o diferir el pago de impuestos. Es la búsqueda de oportunidades fiscales que ofrece la Ley, el análisis del impacto financiero de los impuestos y la disminución de riesgos asociados con el desconocimiento de las normas fiscales -la ignorancia nunca es una excusa ante la ley-. Por eso, una parte de la planeación tributaria incluye el conocimiento de los más recientes cambios del régimen tributario.

Muchas pequeñas y medianas empresas creen que el tema es de dominio exclusivo del contador o del revisor fiscal. Sin embargo, advierte Luis Carlos Robayo, socio de la consultora tributaria Prisma, olvidan que muchas veces el contador está demasiado ocupado con la parte operativa de los impuestos, es decir, los deberes tributarios, y no tiene el tiempo para hacer la planeación. Por otra parte, el revisor fiscal no puede ser juez y parte. Lastimosamente, las empresas están pendientes de sus ventas, costos y gastos, pero no de lo que pagan en impuestos, agrega.

Esto debería cambiar y el empresario debería estar atento a los temas de la planeación tributaria, dice Hugo Betancourt, de Visión, consultora empresarial de la Universidad de la Sabana. Si bien el contador tiene los conocimientos técnicos, el empresario sabe cómo utilizarlos para hacer la planeación. Para Visión, hay que romper los paradigmas de la pyme en cuanto al tema tributario. Por un lado, estas empresas tendrán que ver a la Dian más como un socio, que recibe el 38,5% de las ganancias de la empresa, y no como un ente fiscalizador. Por otra parte, y más importante, las empresas tendrán que entrar en la cultura de la planeación de impuestos.



Liquidez

Una de las mejores maneras de introducir a la pyme en el tema de la planeación tributaria es mostrarle el impacto financiero de su ausencia, en particular sobre su liquidez. Es normal que las empresas se financien con los impuestos que recaudan, como el IVA, y las retenciones que practican a terceros a título de renta o, en los casos en que transan con empresas y personas del régimen simplificado, de IVA. Pero, dice Raúl Vega, consultor tributario de Visión, las empresas deben estar más conscientes de que esos recursos estarán en sus manos apenas unos días y de que no les pertenecen. Estos recursos se depositan a favor de la Dian mensual y bimestralmente, pero a la hora de entregarlos, muchos empresarios creen que esos 'gastos' están demasiado altos, dice Vega, lo que denota que están malentendiendo su manejo.

Más aún, las empresas deben tener claro cuándo y cuánto les retendrán los terceros a ellas, para planear adecuadamente sus necesidades de liquidez. Así, casi todas las empresas sufren problemas de flujo de caja porque no proyectan adecuadamente el impacto de las retenciones a título de impuesto a la renta e impuesto a las ventas. "Con frecuencia, la provisión del impuesto de renta no se causa mes a mes, sino hasta el cierre del ejercicio, lo cual distorsiona los resultados intermedios", dice Robayo, de Prisma.

Se recomienda que el empresario tenga una programación tributaria que comprenda las tarifas, las fechas de declaración y pago y las sanciones de los distintos impuestos a pagar. Esta programación se debe amarrar al flujo de caja proyectado de la empresa, dice Betancourt. Una vez se tengan los dos, el empresario puede planear cuándo tendrá excedentes o faltantes de liquidez y cómo se relacionan con sus obligaciones tributarias. Esto siempre ofrecerá más opciones. Si el empresario sabe que tendrá un faltante de liquidez en una fecha dada, puede pedir un sobregiro y conseguir mejores condiciones de su banco si lo solicita con 15 días de anticipación y no el día anterior, dice Vega.



Beneficios

La legislación ofrece variados beneficios o deducciones que el empresario puede descontar de sus egresos y disminuir su base gravable para efectos del impuesto de renta; el problema es que, a veces, los desconoce. Pero estos beneficios no serán una opción si no se cumplen ciertos requisitos. Por ejemplo, en el caso de las deducciones salariales, se deben pagar los aportes parafiscales y de seguridad social. Las deducciones también deben tener relación de causalidad con el objeto social de la empresa. Esto es de particular cuidado para las empresas familiares que mezclan gastos personales y corporativos y que corren el riesgo de que sus reclamos no sean deducibles.

La adquisición de activos por leasing es una de las decisiones de inversión más populares. En la modalidad de leasing operativo, el 100% de la cuota o canon de arrendamiento es deducible y para efectos de los balances de la empresa, no hay adquisición de un activo y su correspondiente pasivo. Además, el leasing no es muy exigente en materia de garantías, las operaciones son aprobadas rápidamente y el plan de amortizaciones se elabora de acuerdo con el flujo de caja de la empresa. Otra importante deducción es la de 30% en la adquisición de activos fijos entre 2004 y 2007. Esta deducción se puede aprovechar en conjunto con la ofrecida bajo la modalidad de leasing financiero.

También hay esquemas de compensación flexible que pueden ser interesantes para algunos empleados, dados su perfil, edad y hábitos de gasto. Esto es que, además de las deducciones de pagos salariales normales, hay otros pagos que no constituyen salario y sobre los cuales la empresa puede reclamar deducciones y disminuir la base sobre la cual paga aportes parafiscales y de seguridad social. No son deducibles los pagos que no hayan formado parte de la base de retención en la fuente por ingresos laborales, pero hay excepciones como los aportes a fondos de pensiones y cesantías, pagos por alimentación o pagos por salud y educación, incluso préstamos otorgados por la empresa para vivienda o vehículo.

En todo caso, hay más deducciones que el empresario debe conocer para aprovechar. Entre otras, están:

- Pérdidas. Son deducibles las deudas perdidas en el transcurso del año y las pérdidas fiscales sufridas en años anteriores.

- Depreciación. El empresario puede utilizar distintos métodos de depreciación y aprovechar las diferencias entre la depreciación fiscal obligada por la Dian y la contable que lleva él.

- Donaciones. Muchos quieren aprovechar las deducciones por la donación de activos, pero no cumplen los requisitos, como que sean dados a entidades sin ánimo de lucro y que no excedan el 30% de la renta líquida.



Y aunque puede parecer que el impuesto a la renta es el más importante, no es el único. A veces, los empresarios descuidan el manejo de los demás gravámenes, como el impuesto a las ventas, de timbre, de registro o los municipales como el de industria y comercio. También desconocen los potenciales beneficios de las legislaciones locales que ofrecen exenciones o menores tarifas en el impuesto de industria y comercio.

La planeación tributaria puede cambiarle la cara a un negocio. Afecta sus decisiones de inversión, incluso de contratación y qué estructuras corporativas toma, dice Juan Pablo Godoy, de la firma Godoy y Hoyos. Por ejemplo, a veces, las empresas ignoran otras formas de constitución de una sociedad que les pueden ser más útiles. Si bien no hay tasas diferenciales dependiendo del tipo de sociedad, sí hay diferencias en cuanto a la responsabilidad, toda vez que en las sociedades por cuotas o partes de interés social, los socios son responsables por las obligaciones tributarias hasta el monto de sus aportes.

Y en vista de que las empresas a veces necesitan aliarse para cumplir un proyecto, pero no quieren constituir una entidad jurídica aparte, pueden optar por arreglos contractuales que les ofrecen beneficios tributarios, como mandatos y cuentas en participación. Por ejemplo, en el caso de un esquema de cuentas en participación, en el cual dos partes se unen para hacer un negocio, se reparten las utilidades y solo uno de ellos aparece como responsable ante terceros, se puede derivar una eficiencia tributaria porque no se causan retenciones en la fuente o IVA. Así, disminuye el tiempo dedicado a los deberes tributarios. Y dado que hay empresas que dedican más recursos a cumplir estos deberes que al pago de impuestos propiamente, dice Godoy, esta puede ser una opción. "Hoy los empresarios están más interesados en estos esquemas", agrega "y la Dian los está aceptando cada vez más".
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