| 3/30/2011 12:00:00 AM

Peligro inminente

La crisis de Portugal amenaza con contagiar otros países como España. El euro sigue bajo fuego y el camino para salir de la encrucijada está lleno de obstáculos.

Los congresistas portugueses se pegaron un tiro en el pie durante el debate legislativo del pasado 23 de marzo. Ese día, los partidos de la oposición se negaron a aprobar el nuevo paquete de ajuste fiscal que había presentado el primer Ministro luso, José Sócrates.

El objetivo de esas medidas era enfrentar la crisis presupuestal que afecta a Portugal desde hace rato. Así mismo, apaciguar las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda externa, toda vez que se le vienen pagos por más de US$12.000 millones en los próximos meses.

Pero la negativa del Congreso luso trastocó todos los planes y generó la tormenta perfecta: los mercados se alborotaron y dispararon las tasas de la deuda a niveles récord de 8%, y Standard & Poor's redujo la calificación del país tres veces en una semana y lo situó al borde del 'bono basura'. Para rematar, se generó un tsunami político que acabó con la renuncia del primer Ministro Sócrates.

Ahora el panorama para Portugal es mucho más complejo que el de hace dos semanas. Crecen los temores de una moratoria y es posible que el país tenga que pedir más dinero prestado del Plan de Emergencia de la Zona Euro. El futuro económico luce oscuro: se espera que la economía caiga este año 1,4% y que el desempleo llegue al 12 %.

La encrucijada
En el último año, el gobierno portugués había logrado hacer algunos ajustes a sus finanzas públicas: quitó gabelas tributarias, aumentó los impuestos, recortó la inversión social y bajó los salarios públicos. Todas esas medidas generaron fuertes protestas por parte de la población, que salió a las calles a hacer sus reclamos de manera airada.

El lío ahora es que no hay quién tome las duras decisiones que deben ser adoptadas. Con Sócrates fuera de la contienda política, el asunto es quién le va a poner la firma a ese nuevo plan de recortes. Y, si el ajuste no se hace pronto, la única opción para Portugal sería acceder al plan de salvamento diseñado por las autoridades económicas de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyas condiciones son más duras y bastante más impopulares.

El año pasado, por ejemplo, Grecia recibió un préstamo de US$160.000 millones, e Irlanda uno de US$120.000 millones, ambos con la condición de hacer draconianos ajustes que todavía no se ven reflejados en una mejoría de sus economías.

Si Portugal va ante el FMI y el Banco Central Europeo por un salvavidas, podría acceder a unos US$100.000 millones.

Tema continental
Para Europa el tema Portugal es clave. Se trata de una de las economías más importantes dentro de la Unión Europea, con enormes lazos y vínculos con otras economías como España.

Actualmente, 1.400 empresas ibéricas tienen intereses en territorio portugués, como bancos, cajas de ahorro, petroleras, constructoras, entre otras. El jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se mostró prudente. Pero una caída de Portugal podría generar ataques especulativos contra la deuda española. Y un problema severo de deuda en España podría llevarse por delante a toda la Unión completa.

Por eso nadie quiere correr riesgos y todas las instituciones europeas han estado en acuartelamiento de primer grado. Como medida para enfrentar la situación, el Banco Central Europeo reinició la compra de títulos de deuda en el mercado de valores. Con esta decisión, ha irrigado unos 75.000 millones de euros desde mayo de 2010.

A pesar del enorme arsenal de dinero invertido, todavía no es claro que el remedio haya servido para curar a los enfermos. Ni Irlanda ni Grecia dan señales de mejoría y las tasas de su deuda aumentan todos los días, a pesar de que llevan casi un año en el plan de reparar sus finanzas.

De otro lado, están países que no han caído en desgracia y mantienen sus niveles de crecimiento aceptables, como Alemania. Allí las expectativas inflacionarias se recrudecieron en los últimos meses y eso está generando enormes tensiones al interior de la Unión Europea, porque las necesidades de cada país son muy distintas.

En abril, el presidente del Banco Central, Jean-Claude Trichet, tendrá que resolver esa encrucijada: adoptar una política de aumento en las tasas de interés para frenar las expectativas inflacionarias, o mantener relajada la política monetaria para no acabar con el poco oxígeno que les queda a algunas economías. El economista Paul Krugman señaló en una de sus más recientes columnas que el apretón monetario en Europa amenazaría el crecimiento, la única manera de garantizar ingresos para esos países.

La crítica situación sigue siendo un desafío. El objetivo de mantener la estabilidad del euro está seriamente amenazado, tanto por la inflación como por los problemas de muchos de sus miembros. En este momento no se pueden sacar conclusiones definitivas, pues la crisis en Portugal está avanzando y sus implicaciones no se han visto totalmente. Hasta tanto no se despeje el panorama, todo será incierto. Hoy, un fantasma sigue recorriendo Europa: el de la crisis.

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