| 2/28/2008 12:00:00 AM

Olvídese del dólar

La caída del precio del dólar exige que Colombia examine a fondo los problemas estructurales en su economía. Para resolverlo, se requiere la participación de todos los actores: gobierno, empresarios, Congreso y sindicatos.

La mayoría de los gerentes y los altos funcionarios económicos del gobierno aprendieron su oficio en una Colombia donde el dólar se valorizaba siempre. La cotización del peso se devaluaba cada año y la lógica básica de los negocios de exportación consistía en esperar, porque la cotización del dólar siempre les resultaba favorable con el paso del tiempo.

Eso, sin embargo, cambió desde 2002, cuando el peso dejó de devaluarse. Desde entonces, hasta hoy, la revaluación nominal ha sido de 34,1%, mientras que la revaluación real (descontando la inflación), ha sido de 11,8%. Esto significa que los colombianos vamos a tener que aprender a funcionar en una economía bien diferente, con nuevas reglas de juego. Debemos aprender a hacer negocios eficientes y rentables en un entorno donde la moneda fuerte es el peso y no el dólar.

El cambio ha sido traumático y desconcertante, por decir lo menos. Las implicaciones afectan todos los negocios y no solo a los de exportación. El peso fuerte pone una gran presión sobre una serie de decisiones que debe tomar el país en relación con la estructura de su economía, que van desde las inversiones en infraestructura hasta la vigencia de la ley laboral de 2002. Con peso fuerte en el largo plazo, Colombia deberá volver a pensar a fondo en cuáles son las bases de su competitividad nacional.

¿Durará?
La primera pregunta, por supuesto, es si la tendencia de valorización del peso durará. La evidencia indica que sí. A pesar de la desaceleración económica global, Colombia está demostrando que tiene una capacidad sustancial para atraer muchos más dólares que los que gasta.

Basta verificar la llegada de la inversión extranjera este año. La mayoría se hará en sectores como telecomunicaciones, minas y petróleo, que no dependen del ciclo recesivo de Estados Unidos, ni de la revaluación colombiana, ni de la aprobación del TLC con Estados Unidos.

El Ministerio de Comunicaciones estima que la inversión extranjera directa en el sector entre 2008 y 2010 superará los US$4.000 millones. Los cálculos de la Asociación Colombiana del Petróleo muestran que las petroleras monetizarán por inversiones y exportaciones, cerca de US$5.000 millones este año.

En carbón, las inversiones de Drummond, Glencore y El Cerrejón, rondarán los US$3.000 millones en los próximos cinco años, y US$500 millones más si se añaden los proyectos férreos del Cesar a Santa Marta y el puerto de cargue directo. En ferroníquel, Cerromatoso invertirá en el año fiscal de julio 2007-junio 2008, US$140 millones, y se espera que invierta alrededor de US$45 millones en el siguiente.

En resumen, el gobierno estima que en 2008 la inversión extranjera directa valdrá alrededor de US$9.000 millones, de los cuales entre un 60% y un 70% corresponden a los dineros de 'cazadores de recursos', empresas que buscan materias primas en todo mundo sin importar en qué va el ciclo económico doméstico. Las cifras para los años siguientes son muy similares, si no mayores.

La entrada de capital financiero puede aumentar por la diferencia entre las tasas de interés locales y las internacionales, ya que, de alguna forma, Colombia es un país de moda entre los emergentes del mundo y crecería también si Colombia es calificado como país de grado de inversión.

Mientras tanto, la salida de capitales colombianos no será suficiente para compensar la entrada de divisas. Los fondos de pensiones obligatorias no aumentarán el saldo de sus inversiones afuera muy por encima de los US$3.300 millones actuales. Naturalmente, como lo explica el gerente financiero de Protección, Juan Luis Escobar, la revaluación hace que las inversiones fuera de Colombia pierdan atractivo, salvo por consideraciones de diversificación de riesgo. Los petroleros han propuesto pagar sus impuestos en dólares fuera del país, pero esa es una propuesta que no parece tener alas todavía.

Este escenario de entrada masiva de dólares no tiene otro desenlace posible que un dólar barato. "El dólar no va para ninguna parte; continuará debilitándose", dijo enfáticamente el presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, Juan Pablo Córdoba. Por supuesto, esta situación hará tambalear los cimientos de las empresas que hacían sus ganancias con la devaluación.

Tenaza a los márgenes
La revaluación del peso implica un aumento de los costos de los insumos, en comparación con los niveles a los que estamos acostumbrados. Entre 2002 y 2007, el salario mínimo mensual expresado en dólares, pasó de US$108 a US$215. También han aumentado los costos de la seguridad social y los aportes a pensiones.

Además, el precio del petróleo, que se multiplicó por más de dos en los últimos cinco años, empujó el alza en los fletes domésticos e internacionales y el de insumos como plásticos y agroquímicos. Los fertilizantes, por ejemplo, subieron entre 25% y 45% en el último año.

Para compensar esta pérdida súbita de rentabilidad, y sobre todo para preservar el empleo, el gobierno ha entregado subsidios directos e indirectos por una cifra cercana a $1 billón y desempolvó herramientas que se usaban en los 70 y los 80 como el aumento de aranceles, los Cert y los créditos con subsidio de tasa de interés.

Visto desde una perspectiva de mediano plazo, los subsidios solo son un paliativo para los problemas de los exportadores y hacen perder tiempo en una situación que requiere cambios para mejorar las condiciones de competitividad del país. El modelo de subsidios a los exportadores no es sostenible, como de hecho lo confirman los cuatro ministros con los que habló Dinero.

Algunos empresarios no esperaron que la tasa de cambio llegara a niveles de ruina para su negocio. Se olvidaron del dólar y comenzaron a usar estrategias diferentes para crecer. Automatizaron procesos, relocalizaron sus plantas, construyeron marcas, reforzaron sus planes de mercadeo y seguimiento a los clientes (ver casos en Dinero.com).

Pero preocupa que en muchos sectores no se ve acción todavía. Un buen número de empresarios no ha asumido su transformación productiva que en algunos casos puede querer decir cambiar completamente de actividad. Por otro lado, el gobierno está paralizado, rendido antes de dar la batalla, en temas como las reformas tributarias y laborales que se requieren para superar el futuro crítico de 2009 que ocurriría si la economía desacelera en 2008 como es muy posible.

Sectores en riesgo
"Siempre habrá gente que sobreviva. Personas con buenos nichos de mercado", dice el ex presidente de Asocolflores, Germán Botero. Pero para algunos las cosas no andan nada bien. Botero explica que entre el 40% y el 50% del costo CIF de las flores lo constituye el transporte. A su vez, una tercera parte de ese costo es de combustible, cuyo precio se ha duplicado en los últimos tres años.

Todavía se pueden hacer mejoras en productividad, pero el drama está en que por haber aplazado su implantación ahora los finqueros no tienen los recursos para hacerlas. "Tal vez se pueda sobrevivir con el dólar a $1.900, pero no sé si se pueda cuando esté a $1.899. Estamos en el límite, en una situación extrema", sostiene Botero.

Una de las mejores analistas de la economía colombiana, en Nueva York, pintó la situación con la sinceridad cruda que caracteriza a los banqueros de Wall Street. "Esto no tiene una solución fácil. De pronto hay que resignarse y dejar que otros países produzcan algunas cosas", dice. Esa fue, afirma, la tragedia de los textiles en Estados Unidos en el decenio pasado. Era una industria demasiado intensiva en mano de obra y por eso terminó instalada en China.

Las fincas bananeras se están convirtiendo en potreros y cultivos de palma. Hace tres años en Urabá había 32.500 hectáreas en banano. Hoy hay 31.500 y la cifra decrecerá en los próximos meses. Los aumentos en productividad, que hace un par de años se podían haber conseguido con inversiones fuertes en riego -que en condiciones óptimas aumenta la productividad por hectárea 25%-, ya no se pueden hacer porque los productores perdieron a la vez sus ahorros y su entusiasmo.

Si los comercializadores no les ayudan a los bananeros colombianos, habrá que pensar como los analistas neoyorquinos que "es mejor cultivar flores y banano más barato en otros países". Y entonces los locales tendrán que cambiar de actividad a menos que aprovechen su conocimiento para trasplantar sus negocios en esos lugares. Y ¿cambiarse a qué? A industria : "Son exportadores, le dan mayor valor agregado a la producción local y pagan mejores salarios. A la industria en general, a pesar de revaluación le va bien", concluye la analista.

También hay sectores que están surgiendo, como los de biocombustibles, lácteos, ganadería de carne y genética animal, frutas, cafés especiales, cacao y reforestación. Además Colombia tiene 20 millones de hectáreas de ganadería extensiva que se pueden usar para siembras agrícolas o reforestación.

Pero para salvar o mover los sectores antes de que desaparezcan, hay que actuar ya. La inacción solo sirve para agravar más la situación. Y las condiciones no dan espera. "Si la cosa sigue así, este mismo año muchas empresas del sector estarán en dificultades muy serias", alerta Guillermo Valencia, de El Cid.

Qué hacer
Si los subsidios no son un buen esquema, y más bien un modelo insostenible, como reconoce Oscar Iván Zuluaga, los Cert tampoco parecen ser la solución. "No solucionan nada estructural. De qué le sirven a una empresa confeccionista si con los incrementos de salario de los últimos lustros, las empresas intensivas en mano de obra han perdido entre 50% y 60% de competitividad", se pregunta Guillermo Valencia. Los aumentos de aranceles son una medida controvertida y generalmente ineficaz frente al contrabando.

Entonces el gobierno, los empresarios, los sindicatos y el Congreso deben pensar juntos en empujar las reformas que requiere ahora Colombia, un país de ingreso medio.

En materia laboral es hora de revivir temas sobre los cuales los economistas están de acuerdo hace años, como en la necesidad de desmontar los parafiscales o evaluar la eficiencia de las cajas de compensación. Pero habría que construir un interés que hoy no existe en el gobierno y que parece más interesado en dejar las reformas para 2010. "El pragmatismo político dice que no se puede hacer nada en el frente laboral", afirma Oscar Iván Zuluaga.

Es cierto que hay dificultades. "El Congreso es muy sensible en materias sociales, a lo que golpea a la gente de menores ingresos", dice el Senador Gabriel Zapata. Esta visión podrá cambiar cuando haya más cesantes, pero incluso ahora el Congreso no está cerrado a estos temas. "Hablo a nombre de mi bancada, somos receptivos a estudiar cualquier cosa en materia laboral", señala Zapata. "Entendemos el beneficio de desmontar los parafiscales, pero nos preguntamos qué programas sociales se van a eliminar para suplir una parte de lo que aporta la parafiscalidad", añade.

Las Centrales obreras también quieren reformas de mayor calado. Les parece que los subsidios son difíciles de extender en el largo plazo a todos los que los requerirían. Por eso, dice Carlos Rodríguez, presidente de la CUT, prefieren medidas que mantengan el equilibrio fiscal, que contengan la revaluación, limitando la entrada de capitales no productivos y actuando sobre el narcotráfico, y que mejoren la productividad, reemplazando la tercerización por el vínculo laboral directo.

Incluso están dispuestos a discutir temas laborales tan espinosos como el salario mínimo por hora. "Somos escépticos frente a esas soluciones, pero estamos en la mejor disposición de ánimo", señala Rodríguez.

A la vez, el gobierno puede actuar en otros frentes sin necesidad del Congreso. En infraestructura el presidente Uribe está hablando de proyectos grandes para acelerar el crecimiento del país. Ahora falta que permee su convicción hasta el Ministerio de Transporte que ha sido lento y vacilante en sus acciones de infraestructura. La Ruta del Sol, por ejemplo, debería haber salido a licitación antes de que acabara 2007, como le dijo a Dinero en julio pasado el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego.

Para carreteras no faltan recursos. Hay dinero en los fondos de pensiones, en el mercado internacional de capitales, en los fondos de capital privado. Incluso hay propuestas tan audaces como la de vender una parte de Ecopetrol o de ISA para financiar las obras por concesión que el país necesita con urgencia.

Y sin carreteras la desventaja es enorme. Según el Banco Mundial, el costo de exportar un contenedor desde Colombia es de U$1.440. La cifra supera la de todas las economías con las que el Banco compara al país: Argentina $1.325, Ecuador y México US$1.302, Bolivia US$1.110, Brasil US$1.090 y Perú con un asombroso US$590, menos de la mitad del costo colombiano.

Las cámaras de comercio también pueden actuar. Han acompañado el proceso de mejorar la competitividad del país desde principios de los 90 con la firma Monitor, pero tienen poco qué mostrar considerando que se trata de un empeño de más de 15 años. Hoy trabajan en responsabilidad social y gobernabilidad regional para mejorar el entorno de negocios. Pero hay muchos otros campos. En Austria, los empresarios inscritos tienen un número de horas de consultoría gratis de las oficinas internacionales de la Cámara de Comercio que les ayudan a identificar negocios.

También pueden trabajar en logística y en mejorar procesos, un asunto que necesita más ingenio que leyes. Exportar desde Colombia todavía se toma 24 días. Es bastante mejor que los 34 días de 2006, pero no es una buena cifra si se compara con los 16 de Argentina, los 18 de Brasil, los 17 de México o los 22 de Ecuador, para no hablar de los 5 días de Dinamarca, la mejor del mundo en este aspecto.

El consultor del Banco Mundial Paul Kent demostraba que cada día que se redujera este indicador, equivalía a recortar en 70 kilómetros la distancia a los mercados. Si Colombia bajara a estándares cercanos a los de la OECD (10 días), 'acercaría' sus exportaciones 980 kilómetros a sus clientes. "Operaría como un estado fronterizo de Estados Unidos", decía Kent.

La revaluación no aflojará y por eso este año será crítico para las empresas colombianas que tendrán que hacer que su operación se desligue completamente del valor del dólar. Por eso, hay que abrir de inmediato las discusiones importantes, por impopulares que sean. Si se consulta la comodidad política y se aplazan hasta 2010, el país, su producción y su empleo tendrán un desastre del que ya no se recuperarán ni siquiera con dólares a $3.000.
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