| 1/16/2014 9:30:00 AM

El hombre que le dará vida a la policía financiera

Luis González León, un fiscal hecho para tiempos de crisis, asumirá la dirección del Cuerpo Técnico de Investigación Judicial de la Fiscalía (CTI) y con ella un reto enorme: activar la primera unidad de policía especializada en la investigación de delitos financieros.

No es la primera vez que en su carrera de treinta años este hombre, santandereano con firme arraigo, se le mide a empresas de esta magnitud. Tampoco la primera ocasión en que le corresponde cabalgar a lomo de un potro indómito como suelen ser la crisis cíclicas de la administración de justicia.

Hay constante en su carrera. Siempre llega a sus cargos para “apagar incendios” y termina convirtiéndoles en réplicas del ave Fénix. Así ocurrió, por ejemplo, a comienzos de los 2000 cuando se convirtió en el primer Director Nacional de Fiscalía elegido por voto de los cerca de 15.000 funcionarios que integraban entonces la nómina de la Fiscalía. Su antecesor acababa de ‘caerse’ cuando la opinión supo que había perdido en el Club Militar una valija repleta de dólares y que había recibido como reglado de un sindicado de dudosa reputación un reloj Rolex.

En circunstancias similares, asumió como Vicefiscal General de la Nación en tiempos en que el organismo investigador, encabezado por Luis Camilo Osorio, enfrentó los mayores cuestionamientos por la presunta infiltración de actores armados en su seno.

En 2005, cuando pocos fiscales se atrevían a investigar a los Castaño, a los Mancuso o los Jorge 40, González León creó la Unidad de Justicia y Paz y se aseguró que los desmovilizados de esas estructuras se comprometieran a confesar sus crímenes y a reparar a sus víctimas.

Su carrera comenzó a cobrar brillo en 1999. Aquel año ocupaba una oscura y herrumbrosa oficina en un edificio del centro de Bogotá asignado a los fiscales delegados ante el Gaula de la Policía. Allí, desde su anonimato, descubrió que el industrial judío Benjamín Khoudari había sido secuestrado y asesinado por Una alianza criminal que entonces parecía impensable: guerrilleros, paramilitares y oficiales de la XIII Brigada del Ejército. Su hipótesis de trabajo generó resistencia en varios ámbitos oficiales, pero terminó probada con creces.

Desde entonces fue trasladado al búnker de la Fiscalía, a donde llegó un año después como coordinador de la Unidad Nacional Anti-secuestro.

Pese a todo eso, el azar no ha sido la mayor fuerza dinámica de su carrera porque para cada cargo se ha preparado con disciplina. Cuando se puso al frente de los fiscales de Justicia y Paz se aplicó al estudio de los modelos de justicia transicional y visitó los escenarios donde guerras de políticas y raciales como las que llevaron a la desintegración de antigua Yugoslavia produjeron tragedias humanitarias, para conocer ‘in situ’, los recursos utilizados para la búsqueda, recuperación e identificación de víctimas. También para enterarse de cómo se aplicaban allí los modelos de justicia y reparación.

Ahora llega a su nuevo destino con la intención de darle vida a cinco nuevos cuerpos de Policía Judicial, creados al amparo de la reforma estructural de la Fiscalía que acaba de ser decretada. El principal de ellos será la Policía Financiera cuya misión será darle el soporte a los fiscales para evitar que complejas operaciones bursátiles y maniobras de alta ingeniería en el mercado de valores sigan sirviendo de mampara a delitos de cuello blanco.

Aquí su primera tarea será la de crear equipos interdisciplinarios altamente especializados y capaces de escrudiñar en territorios en los que muy pocos se atreven.
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