| 9/29/2011 6:00:00 AM

No llores por mí Atenas

Todo indica que la solución a la crisis griega será similar a la de Argentina de hace una década: declararse en quiebra y salirse del euro para poder devaluar.

Quienes no recuerdan su historia están condenados a repetirla. Ese parece ser el caso de los griegos, en cuyo suelo ocurrió la primera cesación de pagos de la historia (default). Según Bloomberg, esto ocurrió en el siglo IV antes de Cristo, cuando diez de sus municipalidades acordaron no pagarle a su principal acreedor: el Templo de Delos.

Veinticinco siglos después, Grecia podría caer de nuevo en un impago de su deuda. Esto debido a que debe casi 170% de lo que produce en un año y que equivale a 353.000 millones de euros. Con un agravante: su economía no crece y, por ende, no produce lo suficiente para honrar sus obligaciones. Ni siquiera poniendo en marcha fuertes recortes de gastos, como el de las pensiones en 40%, que tienen al país en huelga permanente.

Pese a que sus vecinos europeos le han tendido la mano con un programa de rescate de 110.000 millones de euros (aprobado en mayo de 2010), sigue pendiente la entrega del sexto tramo de esa ayuda: 8.000 millones de euros. Sin esa plata, el gobierno griego se quedaría sin dinero para pagar salarios y pensiones en octubre.

Frente a este panorama, la solución para analistas como Nouriel Roubini es que Grecia entre en default, de la misma manera que Argentina lo hizo hace diez años y que además abandone el euro, lo que le permitiría devaluar su moneda, ganar competitividad y volver a crecer.

El argumento de Roubini es que ni el programa de rescate europeo, ni los fuertes recortes presupuestales van a ser suficientes para pagar una deuda tan onerosa como la griega. Lo mejor, según él, sería que Grecia hiciera un default, que por supuesto sería doloroso, pero que permitirá una recuperación rápida, tal como le ocurrió a Argentina, que desde 2002 crece por encima de 7%.

Eso sí, este economista advierte que la cesación de pagos griega se debe hacer de forma ordenada, como la de Islandia, y no al estilo argentino, pues los impactos sociales son enormes, a lo que se le suma un golpe para el vecindario.

La madre de las crisis

Aunque la idea de la cesación de pagos tomó fuerza tras un rumor con respecto a que el ministro griego de Finanzas, Evangelos Venizelos, habría reconocido la semana pasada que ese escenario es inevitable, información que luego fue desmentida por el Gobierno, las autoridades europeas han anunciado que harán lo necesario para evitar dicha situación.

Uno de los factores en contra del default es la gigante deuda griega, casi cinco veces más de la que tenía Argentina cuando dejó de pagar, y el hecho de que la joven Unión Europea no tiene aún parámetros sobre cómo manejar la cesación de pagos de uno de sus miembros, lo que hace que el contagio sea inconmensurable.

Si a esto se le suma el abandono del euro por parte de Grecia, se produciría, según Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de California, “la madre de todas las crisis financieras”.

Srinivas Thiruvadanthai, director de investigaciones del Levy Forecasting Center, opina que otra diferencia entre Argentina y Grecia es que mientras la primera mantenía su moneda atada al dólar y simplemente las separó; en la segunda, la moneda propia, el dracma, ya no existe y eso implicaría el costo adicional de volverla a implantar.

Otra preocupación por el retorno al dracma es que las deudas en euros se encarecerían más, al tiempo que los ahorradores griegos, que ya llevan un buen tiempo sacando su dinero, se apresurarían aún más, lo que sin duda llevaría a una quiebra de su sistema financiero, el cual ya está bastante golpeado (Moody’s acaba de bajar la calificación del National Bank of Greece, el más grande del país, así como de otras tres entidades).

Los costos

Un estudio del banco suizo UBS, citado por The Economist, sugiere que salir del euro le costaría a Grecia, en el primer año, entre 40% y 50% de su PIB y luego 15% anual.

No obstante, la preocupación más grande no es Grecia, sino el pánico que su salida del euro provocaría en otros vecinos altamente endeudados como Portugal e Irlanda e, incluso, Italia y España. A diferencia de Argentina, Grecia está completamente integrada con su región.

Ante estos cuestionamientos, Roubini dice que el dracma devaluado podría restaurar el crecimiento de inmediato, en lugar de que el país se quede en una larga década de depresión económica. Frente al contagio de los vecinos, para el economista la clave está en que, tanto el default como la salida del euro, se hagan de forma ordenada y negociada.

En esta idea coincide el inversionista George Soros, quien prevé que otros dos o tres países pequeños europeos podrían quebrar o abandonar el euro, pero que debe ser de manera ordenada pues, si no es así, se alteraría el sistema financiero mundial.

El primer ministro griego, George Papandreou, dice que ‘tirar la toalla’ sería catastrófico y por eso sigue aprobando duros paquetes de ajustes (que incluyen recortes en las pensiones mayores a 1.200 euros mensuales; instaurar el desempleo técnico para 30.000 empleados públicos antes de fin de año y rebajar el tope mínimo para el pago de impuestos a partir de 5.000 euros de ingresos anuales), pero los mercados no creen que va a poder cumplirles a sus acreedores y a la llamada Troika -Fondo Monetario Internacional, Zona Euro y Banco Central Europeo-, ente a cargo de entregarle el nuevo paquete de ayudas.

Como resultado, las bolsas del mundo están de capa caída y se sacuden cada vez que hay noticias que fortalecen la idea del default griego. Aunque las autoridades helenas insisten en que ellos no son como Argentina, las coincidencias entre ambos países son cada vez más evidentes.
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