| 8/28/2008 12:00:00 AM

Negocio de paz

Un desplazado por la violencia en Caquetá conformó un negocio de guantes plásticos que está casi listo para empezar a exportar. Una historia ejemplar.

Dentro de un mes, Irlandes Calderón, un caqueteño de 37 años, empezará a construir la bodega propia a la que trasladará las máquinas con las que manufactura guantes de plástico en Soacha, el municipio vecino de Bogotá. Es un logro enorme para una empresa que inició su operación desde cero hace apenas cinco años.

Su historia empresarial comenzó paradójicamente por un evento terriblemente desafortunado en 2001. En Florencia, la capital de su departamento, donde trabajaba en el casino de una de las unidades de la Policía, los paramilitares lo amenazaron por considerarlo demasiado cercano a esa institución.

Por eso llegó a Bogotá en ese año como desplazado y se empleó en una fábrica que manufactura productos desechables de caucho y en particular guantes para manipulación de alimentos.

“Ganaba por lo que hacía”, recuerda, para señalar que su remuneración dependía completamente de sus ventas. En un par de años, ya era uno de los mayores vendedores de la empresa. Pero esa situación, irónicamente, le trajo problemas con la empresa. “Empecé a ganar mucho”, dice. Por eso, cuando se le complicaron renunció y montó su propia fábrica, Plastidesechables Manuplast C y P, en 2003.

Con $1,5 millones que consiguió, compró su primera máquina de hacer guantes. Al final del primer año, tenía 10 clientes y ventas por $10 millones mensuales.

Rápidamente la firma creció hasta que en 2008, cinco años más tarde, tienen 40 clientes y venden $30 millones mensuales, un crecimiento de ventas muy superior al 50% compuesto anual. “No podemos tener más clientes porque no tenemos capacidad de producción”, señala.

Hoy opera en una bodega de 6 por 12 metros donde hay extrusoras, aglutinadoras y máquinas de hacer guantes y en el segundo piso su apartamento de residencia, pero en un tiempo se podrá trasladar a su bodega propia, donde no tendrá que pagar arriendo.

El camino
Para llegar donde está, este empresario cambió su forma de ver los negocios. Entró a los programas de Acción Social para desplazados. Unos son de emprendimiento y otros para fortalecer empresas en marcha. Cada curso usualmente toma cuatro meses.

Después de haber pasado por el curso de fortalecimiento, ahora el propósito es el de exportar. Ya mostró sus productos en una feria organizada hace dos semanas por Acción Social y la Organización Internacional para las Migraciones, OIM. El proceso es largo, pero el empresario quedó contento. “Ya quedaron las inquietudes”, afirma.

La semana pasada, autorizó a Acción Social, para que envíe muestras si algún comprador las pidiera. La búsqueda de clientes en el exterior para las empresas de desplazados la hace directamente Acción.

También piensa en expansiones. Este año obtuvo un dinero de los programas para desplazados, que usó para financiar sus materias primas. Sin embargo, piensa en nuevas maquinarias. Si pudiera ampliar su producción, podría atender en muy poco tiempo cerca de 100 clientes y podría aumentar s facturación a $50 millones al mes.

Y tiene una actitud empresarial fuerte. De todo el proceso desde su desplazamiento, es lo que más valora. “Es lo más importante. Unas personas esperan que les den, sin ellos hacer nada. Para salir adelante, hay que poner de parte de uno”, señala.

Los mismos gestores del programa admiran la tenacidad y los logros de este empresario oriundo de Belén de los Andaquíes. Plastidesechables Manuplast emplea al núcleo familiar de Irlandes Calderón y genera nueve empleos adicionales. Esa es una condición muy pocos usual entre las personas en condición de desplazamiento.

En parte está la ayuda de los programas de Accón Social y OIM. “Para mí, lo que han hecho es hacerlo conocer más sobre cómo se pueden hacer las cosas. Dan apoyo para que la cosa salga bien”, explica. Pero el resto es ganas y visión empresarial.

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