Mercados mundiales en auge

| 7/11/2003 12:00:00 AM

Mercados mundiales en auge

La desesperación de los inversionistas por lograr mayores rendimientos en un entorno de tasas de interés históricamente bajas es la razón del reciente boom de los mercados.

La recuperación de los mercados accionarios del mundo que se inició a comienzos de año parece ir en serio. En lo que va corrido del año, los índices del mercado de Nueva York han crecido sustancialmente. El Dow Jones 7%, el S&P 10%, en tanto que el Nasdaq ha aumentado 24%. Pero no solo esta bolsa se ha recuperado. La de Japón, que había permanecido estancada por años, también entró en esta tendencia alcista con un crecimiento del índice Nikkei de 12%, en tanto que el FTSE, que es el índice de la Bolsa de Londres, ha aumentado 3% y el DAX de Frankfurt ha aumentado 11%.

Las razones de esta recuperación son varias, pero prima la desesperación de los inversionistas por alcanzar rendimientos que valgan la pena. Desde la caída de los mercados en marzo del año 2000, la rentabilidad de los papeles se fue al piso, empezando por las acciones con las que los inversionistas sufrieron grandes pérdidas.

Durante los tres últimos años, la preferencia de los inversionistas estuvo del lado de los bonos, que resultaron rentables en la medida en que las tasas de interés se fueron reduciendo, y de las inversiones en seguros en una época en la que la aversión al riesgo estaba a la orden del día. Pero ahora las cosas son diferentes. Con tasas de interés en los niveles más bajos desde de la posguerra tanto en Europa como en Estados Unidos, estos papeles dejaron definitivamente de ser atractivos. Sus tasas son bajas y sus precios excesivamente costosos. Por este motivo, los inversionistas institucionales, como los fondos de pensiones, a los cuales les exigen rendimientos mínimos para poder cubrir los compromisos del futuro, han tenido que empezar a dejar de lado las inversiones en bonos, dado que las cuentas definitivamente no les dan. Algo similar está pasando con los fondos mutuos de inversión, donde el rendimiento obtenido de las inversiones en papeles de renta fija se ajusta cada vez más a la comisión que les cobran a los inversionistas, dejando a estos últimos con una rentabilidad prácticamente nula.

Las implicaciones de este cambio repentino de tendencia son múltiples. De una parte, este ánimo alcista basado en las expectativas de los inversionistas no se compagina con la realidad de lo que está pasando en las economías del mundo. En Estados Unidos aún no hay claridad sobre la recuperación, razón por la cual la Reserva Federal decidió en su reunión de junio pasado reducir nuevamente la tasa de interés de 1,25% a 1%. Aún así, Greenspan no ha logrado que los empresarios se decidan a invertir y a emplear más gente, lo único que podría llevar a una expansión duradera de la economía. Por el contrario, estos siguen posponiendo sus decisiones de inversión. En este sentido, las condiciones de la economía más grande del mundo no han cambiado y el crecimiento sigue sustentado en el consumo de los hogares, lo cual podría convertirse en una bomba de tiempo.

En Europa, la situación no es muy diferente. En el primer trimestre del año, las economías de Alemania, Italia y Holanda se contrajeron, lo que llevó a un crecimiento cero en la zona euro. Hacia adelante, el camino no está para nada despejado, pues aquí la reducción en las tasas de interés tampoco ha tenido el impacto esperado sobre la inversión empresarial. Por otra parte, la revaluación del euro no está ayudando. La valorización de esta moneda en más de un 20% en menos de un año está espantando la inversión de las empresas exportadoras que le temen a una importante caída de sus ventas por la pérdida de competitividad.

En este escenario, dos cosas pueden ocurrir. Primero, que la economía mundial se recupere y las tasas de interés se mantengan bajas con lo cual las acciones seguirían subiendo, dando lugar a unas ganancias importantes para quienes tomaron la decisión de pasarse al mercado de acciones o para quienes nunca salieron de él cuando se desplomó el mercado. Pero la situación contraria también podría darse, frente a lo cual los inversionistas que le están apostando a la recuperación se podrían sentir tremendamente decepcionados.

De otra parte, el hecho de que los capitales estén yendo hacia los mercados de acciones de las economías desarrolladas tiene un impacto negativo sobre las inversiones en papeles de las economías emergentes. De hecho, la búsqueda de rentabilidades extraordinarias llevó a los inversionistas a comprar papeles de deuda externa de estas economías en los primeros meses del año, así como a invertir en acciones en las bolsas de estos países, con la consecuente valorización de ambos tipos de papeles.

En los últimos días, sin embargo, estos mercados están empezando a sentir la salida de los inversionistas globales de sus papeles, lo cual no solo es grave en el sentido de que encarece el costo de su endeudamiento externo, sino que además reduce el acceso a recursos. Para Colombia, sin duda, es una mala noticia, ya que algo de la bonanza de la bolsa de Colombia en este año se debe a la mayor participación de los fondos extranjeros en ella. De manera similar, el precio de los bonos yankees, que se ubicó en niveles muy altos comparables a los de los bonos AAA, está empezando a caer.

Para un inversionista colombiano, la prudencia sigue siendo definitiva hasta cuando haya señales más claras acerca de una recuperación más permanente de los mercados. Hay que irse pasando a acciones, pero con cautela. De igual forma, al momento de invertir no hay que perder de vista los movimientos que se están dando del euro frente al dólar, así como de este último frente al peso.
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