| 8/14/2009 12:00:00 AM

Los innovadores

Ejemplos de empresas agrícolas que han aumentado su productividad con innovaciones. El camino necesario para el éxito

Un grupo de empresas agrícolas tienen resultados para mostrar en innovación. Estos son algunos de los casos.

Agrícola Santamaría, investigación con resultados

Hace dos años Agrícola Santamaría producía 2.400 cajas de banano por hectárea al año. Hoy produce 2.700, 35% más que el promedio nacional. Este resultado no es consecuencia del azar. Ha sido un trabajo deliberado de conseguirlo y la herramienta principal ha sido la investigación y la capacitación. “No hemos parado el tema de investigación”, dice su gerente Oscar Penagos. Tienen un grupo de investigación interno, adoptan técnicas que encuentran en visitas a otros cultivos en Colombia y el exterior, contratan proyectos y se asocian con otros grupos de investigación. “Con asesoría de la Universidad Nacional con el postgrado de suelos, investigamos el manejo de suelos y la fertilización”, cita como ejemplo. Además tienen un programa de capacitación para todos los empleados para especializarlos en sus labores. El resultado, mejoras sensibles en producción y, como lo atestiguan los comercializadores, la mejor calidad en la fruta.

SB Talee, los innovadores

SB Talee vende plantas madres y esquejes de clavel para siembra y claveles para exportación. En los últimos cuatro años aumentó su productividad en un sorprendente 41%. Pasó de producir 151 claveles de exportación por metro cuadrado al año, a 213.

¿Cómo lo hicieron? Comenzaron por cultivar de manera hidropónica, dice el gerente de la firma, Celiar Noreña. Luego modificaron la práctica de usar una planta 24 meses, para emplearla solo 8 meses. “No fue fácil cambiar esto después de 30 años de hacer lo mismo”, dice. Además, en un proceso de 11 años de investigación, desarrollaron variedades que no se toman las 30-32 semanas usuales para llegar a su pico de cosecha, sino que lo alcanzan en 23 a 25 semanas. La productividad también la apuntala con programas de bienestar para los trabajadores. Con todo, cree que mejorar sus cifras será cada vez más difícil.

Aliar, en la frontera agrícola

 

Aliar llegó a la altillanura en los Llanos Orientales colombianos a sembrar materias primas para alimentación de los animales. Su fundador, Jaime Liévano, ya había buscado tierras en el Magdalena Medio, en el Valle y Córdoba, pero fue difícil encontrar extensiones grandes y con precios sensatos.

En el Meta, cerca de Puerto Gaitán, sembraron maíz y soya para alimentar cerdos. “Poner el cereal y la proteína en la boca del animal en mismo sitio, sin costos de transporte, es la base para competir”, explica. Y es que el costo para traer maíz o soya desde Iowa o desde la Pampa es de US$100 a US$150.

Para ser más eficientes aumentaron el tamaño de la explotación e implantaron programas de largo plazo para mejorar los suelos. Con esto sus rendimientos pasaron de 5 toneladas a 7 toneladas por hectárea en maíz y de 2 a 3 de soya y tienen precios menores que los de la Bolsa de Chicago.

 

Un caso al sur
La apertura de los noventa generó un cambio profundo en la producción rural brasilera. “En 1990, el 80% de la producción de algodón se hacía en el Estado de Paraná, y Sao Paulo, al sur. Estas eran fincas pequeñas en las que se hacía recolección manual. Con la apertura, esa producción desapareció”, refiere el Secretario de Agricultura de Brasil. “Cinco años después, la producción reapareció – sin ayuda estatal -, en el centro de Brasil en fincas de 500 ó 2.000 hectáreas, con recolección mecanizada con máquinas que valen US$250.000. Hoy somos exportadores netos de algodón”, señala. Fue una reconversión productiva profunda que usa las economías de escala, que se gestó por la acción empresarial y no por una gran acción del gobierno. Algo similar pasó con el café, que se movió hacia el norte en 20 años. Antes se sembraban 1.000 plantas por hectárea y ahora 10-12.000, observa.

La financiación fue otro elemento crucial. Lograron llevar a grupos de productores al mercado de capitales para financiarse directamente, sin necesidad de créditos de bancos ni de fondos de presupuesto público. Hoy el apoyo directo del gobierno a los agricultores vale 3% del PIB en Brasil, menos que el 17% de Estados Unidos, el 21% de México o el 58% de Japón.

El peso específico del Brasil en el sector agropecuario es enorme. Son los primeros productores mundiales de café, jugo de naranja y azúcar, los segundos en soya, carne de pollo y de vacuno y terceros en maíz y frutas. Los agronegocios – la cadena agropecuaria completa desde la producción hasta su transformación industrial o su comercialización doméstica o internacional -, generan el 30% del PIB (US$150.000 millones, casi 50% más que el PIB colombiano), 40% de las exportaciones (US$39.000 millones en 2004, casi dos veces todas las colombianas) y se duplicaron en los últimos 6 años. Aunque solo fuera por eso, son un buen patrón para estudiar y seguir.



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