Los choques de mayo

| 5/26/2000 12:00:00 AM

Los choques de mayo

La economía está siendo atacada por un durísimo choque de expectativas. Si la respuesta del sistema político y las autoridades económicas se demora, pronto volveríamos a ver un crecimiento cero.

Tras la Semana Santa se desataron todos los demonios para poner en riesgo la confianza de los colombianos en el futuro de la economía. El gobierno se enfrentó simultáneamente a serias crisis con Wall Street, con la clase política, con la guerrilla, con el Congreso de Estados Unidos y con la Corte Constitucional. Cualquiera de estos enfrentamientos sería grave por sí mismo. Su combinación es una verdadera amenaza para el futuro económico del país. La recuperación que alcanzó a asomarse en el primer trimestre está prácticamente abortada. La posibilidad de crecer 4% en el año 2001 ha sido reemplazada por una perspectiva oscura, en la que creceríamos apenas por encima de 1% este año y volveríamos a entrar en un descenso continuo el año entrante.

Los choques de mayo fueron potentes. La iniciativa presidencial del referendo ha terminado por paralizar al Congreso hasta el fin de este gobierno. Wall Street sobrerreaccionó, deteriorando la valoración de la deuda colombiana y cerrando (por un tiempo que será largo) el acceso a los mercados internacionales de crédito. Y en su tiempo libre, los colombianos se han ocupado en apreciar el posicionamiento de opinión de las FARC, que un día amenazan a los empresarios con la "ley tributaria 002" y otro al gobierno por levantarse de la mesa antes de la negociación.



Para rematar, el Congreso de Estados Unidos pospone y enreda la ayuda del Plan Colombia y decide darle un duro golpe a nuestra economía al excluirnos de la ley que otorgó acceso sin aranceles a las confecciones de los países de la CBI. Y la Corte Constitucional decide, justamente, declarar inexequible la ley del Plan de Desarrollo; y además, se ha filtrado que en las próximas semanas dará al traste con la ley de financiamiento de vivienda. El Gobierno parece incapaz de asegurar una solidez jurídica mínima para las leyes en las que compromete todo su prestigio.



La medición directa confirma el choque de expectativas: la encuesta de opinión empresarial de Fedesarrollo registró una sensible reducción de las expectativas en abril, después de varios meses de continua mejora.



El corto plazo



Las expectativas empresariales y financieras anticipan y modifican la dinámica económica. Se manifiestan rápido en el mercado cambiario: los colombianos no quieren demandar pesos y, por eso, el ahorro del sistema financiero desciende. También se ve en el mercado financiero, en el que la cartera empresarial sigue paralizada y al gobierno le está resultando cada vez más costoso el endeudamiento interno. El nerviosismo es, sin duda, la principal razón por la cual la recuperación hasta marzo no generó más que unos pocos empleos temporales.



La economía colombiana había entrado en un proceso de recuperación que, después de alcanzar en septiembre el máximo descenso acumulado en cuatro trimestres, había logrado una cifra de -2,3% al cabo del primer trimestre del 2000, e iba a llegar a cero crecimiento en el año que termina el próximo junio.



Esta recuperación del crecimiento dependió básicamente del ajuste externo de la economía. En otras palabras, exportaciones crecientes e importaciones decrecientes fueron la principal explicación. La demanda interna, compuesta por el consumo y la inversión, no se ha dinamizado. Un aumento en el precio del dólar como el que se anticipa podría estimular aún más el dinamismo externo. Si las autoridades tratan de evitarlo al elevar las tasas de interés, su efecto sobre la actividad económica sería más que compensado por la contracción de la demanda interna.



La inercia que generaba la recuperación previa es, probablemente, la que capturan la mayor parte de los analistas económicos consultados por Dinero (ver página 30), quienes continúan anticipando una situación similar para el segundo semestre del año anterior. En Dinero creemos, sin embargo, que la posibilidad de una recuperación sostenida de la economía en los próximos 18 meses, que nos llevaría a tasas de crecimiento cercanas al 4% a finales del año 2001, está próxima a desaparecer.



En cambio, estamos abocados a dos alternativas que se ilustran en la gráfica: el mantenimiento de un crecimiento alrededor del 2% anual, o un retorno a un crecimiento cero a finales del año 2000. Aunque la primera es posible, creemos que la segunda es la más probable. Tras llegar a un ritmo anual del 1,4% al final del 2000, la economía podría entrar, una vez más, en descenso continuo durante todo el año 2001.



El largo plazo



El efecto más importante del choque de expectativas, sin embargo, no es de corto sino de largo plazo. Las malas expectativas de los empresarios y las familias se manifiestan finalmente sobre la inversión. De hecho, la inversión en términos absolutos en el último año apenas fue la mitad de la de 1998 y la tercera parte de la de 1993.



La inversión privada alcanzará durante el año 2000 apenas un 4% del PIB, una cifra que resulta escandalosa. En un país del grado de desarrollo de Colombia, debería llegar al 18% del PIB. Pero solo alcanza una cuarta parte de ese nivel, lo que nos pone al nivel de Malawi o la República Centroafricana.



¿Qué sigue?



El shock de expectativas de mayo está cambiando rápidamente el panorama de corto plazo de la economía colombiana. Mientras el gobierno y muchos analistas descubren los positivos resultados del primer trimestre, el entorno se deteriora rápidamente. Los resultados a partir del segundo trimestre serán mucho menos buenos.



Si el gobierno y los partidos políticos continúan la insensata pugnacidad con la que ahora se enfrentan, simplemente no habría futuro. Quisiéramos creer que el gobierno y el partido Liberal están practicando por los medios de comunicación una guerra de posiciones previa a una verdadera negociación. Pero que, más temprano que tarde, la negociación dará resultados. Quisiéramos creer también que los diálogos con la guerrilla sobrevivirán a los atentados de los que, desde flanco y flanco, han sido presa recientemente.



Y quisiéramos creer que, en medio de la búsqueda de los acuerdos nacionales, los dirigentes políticos lograrán equilibrar las demandas sociales con las cargas para el fisco. El peor resultado es uno en el que se paralicen las iniciativas de racionalización del gasto público, no se enfrenten las reformas estructurales y se generen mayores impuestos para financiar el gasto excesivo. La caída del Plan de Desarrollo y su 2 x 1.000 para financiar la reconstrucción cafetera seguramente motivará la solidaridad del Congreso con la región, haciendo permanente ese impuesto. Sería mucho mejor si el acuerdo nacional, al tiempo que defiende los gastos sociales básicos de educación, salud y protección social, elimina tanta ineficiencia, corrupción y rigidez fiscales.



Pero demandas sociales y equilibrios fiscales deben ir aparejados con mayores oportunidades para el sector privado, que no en balde responde por el 85% de los empleos del país. Va siendo tiempo de que el gobierno, y la sociedad en su conjunto, movilicen esfuerzos por activar la inversión privada. Más inversión extranjera, más repatriación de capitales, más condiciones financieras para la capitalización son necesarias. También es indispensable que el país asuma una reforma tributaria proempresarial y vaya preparando una propuesta alternativa de financiamiento de vivienda, para cuando la Corte se pronuncie en junio.



Para salir adelante, Colombia deberá cambiar los términos de su pasado reciente. En un solo mes hemos visto cuál es el efecto devastador que puede sufrir una economía cuando la sociedad cambia sus expectativas hacia abajo. Para volver a enderezarlas necesitamos invertir la fórmula que estamos aplicando. Más que agresividad en el campo político y moderación en el económico, Colombia necesita moderación política e innovación en su política económica. Solo con un enorme valor civil de parte del gobierno, los empresarios, las familias y todos los ciudadanos sería posible que saliéramos adelante.
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